Deporte en altitud: papel de enfermería en el mal agudo de montaña

Sport in altitude: role of nursing in the acute evil of mountain

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 7–Julio 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº7: 149

Autor principal (primer firmante): Rubio García Verónica

Fecha recepción: 30 de Junio, 2021

Fecha aceptación: 26 de Julio, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(7): 149

Autoras

  1. (Enfermera del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza).
  2. Ortin De Pedro, Sara (Enfermera del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza).

Resumen

Al exponer al organismo durante la práctica deportiva a una determinada altitud, se van a producir una serie de cambios fisiológicos importantes, inducidos por la propia altura. Estos cambios pueden ser aprovechados por el deportista para mejorar su rendimiento físico, pero también, bajo una desinformación de la práctica de estos, pueden desencadenar situaciones graves de salud como el conocido mal agudo de montaña.

Enfermería podrá desempeñar un papel importante en este ámbito, enfocando su educación en la promoción y prevención de la salud para aquellos deportistas que asciendan alturas determinadas sobre el nivel del mar al realizar actividades deportivas; y a su vez, dará a conocer la sintomatología de ciertas patologías que aparecen en situaciones de altitud moderada, para una detección precoz que evite un diagnóstico tardío y que supongan un fracaso de la actividad con consecuencias negativas para su salud.

Palabras clave: deporte, altitud, Enfermería, hipoxia, mal agudo de montaña, mal de altura, prevención.

Introducción

El mal agudo de montaña, o también conocido como mal de altura, se trata de un problema de salud, cuya incidencia está en aumento en los últimos tiempos, debido a la frecuente elección de viajes y actividades deportivas al aire libre, en especial el montañismo, y al incremento de actividades turísticas que conllevan una rápida exposición a la altura, sin una aclimatación previa. Se puede estimar que entre un 9 y un 25% de las personas que ascienden rápidamente por encima de los 2500 metros de altitud, sufren esta patología. Incluso, no solo se ha registrado dicha enfermedad cuando se realiza deporte en altitud, sino también cuando se reside en lugares a más de 2500 metros.

La disminución de la presión atmosférica al ascender produce que descienda la disponibilidad de oxígeno y caiga a su vez la producción de hemoglobina del organismo. Esta situación genera una serie de síntomas como son la cefalea, problemas circulatorios o vértigos, entre otros, que desencadenan el mencionado mal de altura. Además, en estadios avanzados de la enfermedad, pueden desencadenarse dolencias graves tales como el edema pulmonar y cerebral de altitud, pudiendo llegar a ser mortales.

Sin embargo, gracias a un proceso conocido como aclimatación, definido como aquellas adaptaciones del propio organismo en respuesta a situaciones ambientales a cotas altas, es posible que se compense esta situación.

Las actividades de Enfermería en este ámbito siempre deberán ir enfocadas a la prevención, ya que es la mejor solución para el mal agudo de montaña, a través de la educación en salud que permita a la persona que va a practicar deportes en altitud, seguir una serie de pautas y actividades, para realizar un deporte de calidad que mantenga su salud plena.

Resulta de utilidad destacar este enfoque enfermero, ya que en muchas ocasiones esta profesión desempeña su trabajo en puestos donde puede desarrollarse esta patología, como son estaciones de esquí o bases sanitarias de montaña, entre otros (1,2).

Objetivos

Principal

  • Destacar el papel de Enfermería en la prevención y detección precoz del mal agudo de montaña.

Secundarios

  • Conocer signos, síntomas y tratamiento del mal de altura para prevenir problemas asociados y disfrutar de un ascenso de calidad.
  • Concienciar a que, gracias a la educación en salud del mal agudo de montaña, se reduce la incidencia de esta patología.

Metodología

Para la elaboración de este artículo se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica, utilizando las palabras clave siguientes y los operadores booleanos AND y OR, para limitar la selección:

  • Enfermería, deporte, altitud, hipoxia, mal agudo de montaña, mal de altura, prevención.

Durante la revisión bibliográfica se seleccionaron una serie de artículos en diferentes bases de datos y se utilizaron unos criterios de inclusión que permitieron limitar la búsqueda, mencionados a continuación:

1. Tabla de la relación de los artículos seleccionados en la bibliografía con las bases de datos pertinentes:

BASE DE DATOS

Nº DE ARTÍCULOS SELECCIONADOS

SCIENCE DIRECT: 3

DIALNET: 1

GOOGLE ACADÉMICO: 2

CUIDEN: 1

Fuente: Elaboración propia

2. Criterios de inclusión que delimitaron la búsqueda:

  • Artículos comprendidos en los últimos 6 años (entre el año 2015 y el 2021), que permitan que la revisión bibliográfica sea lo más actualizada posible.
  • Preferentemente, en idioma castellano y de acceso gratuito.

Finalmente, también se consultó una guía teórico-práctica sobre lo entrenamientos en altura y la hipoxia en deportistas, encontrado a través de la Revista Española de Educación Física y Deportes.

Desarrollo

Cuando se practican entrenamientos a altitudes moderadas, los deportistas van a experimentar una serie de cambios fisiológicos en su organismo. La presión barométrica (atmosférica) disminuye conforme aumenta la altitud, generando una reducción en la presión parcial de oxígeno tanto en el aire como en la tensión del propio oxígeno en sangre arterial, reflejándose en un fenómeno conocido como hipoxia hipobárica. Es decir, el oxígeno ejerce una menor presión para introducirse en la sangre y se genera una falta de oxígeno relativa.

La disminución de esta oxigenación en los tejidos, debido al descenso de la presión barométrica por el entrenamiento en altitud, aumenta la producción de eritropoyetina, factor encargado de estimular la producción de eritrocitos en la médula ósea. Esa mejoría en el recuento de glóbulos rojos proporcionará más oxígeno al organismo, por lo que el deportista tendrá más facilidad a la hora de entrenar cuando retorne al nivel del mar.

Para llevar a cabo un entrenamiento en altura, hay que destacar que nuestro organismo va a reaccionar de manera distinta que a nivel del mar, teniendo en cuenta los siguientes aspectos:

  • En el trabajo aeróbico, la velocidad será menor que a nivel del mar.
  • En el trabajo anaeróbico, la velocidad en distancias muy cortas puede ser igual que a nivel del mar, pero siempre será inferior en mayores distancias.
  • Con una intensidad de entrenamiento elevada, se requerirá un incremento del tiempo dedicado al descanso.

A su vez, se pueden destacar diversas estrategias de entrenamiento. Una de ellas es conocida como “vivir alto-entrenar bajo”. Dicha estrategia expone que los deportistas pueden apreciar su rendimiento de la resistencia incrementado a nivel del mar, viviendo en altitud (entre 2500-3000 metros), al menos tres semanas, si simultáneamente entrenan a altitudes bajas (menos de 1.000 metros). De esta forma se consigue mejorar el volumen de oxígeno máximo y la resistencia. También es reseñable la estrategia de altura simulada (hipoxia artificial), la cual implica un entrenamiento a nivel del mar con el uso de instalaciones especiales o procedimientos que simulan la altura, logrando el factor de la hipoxia adicional. Mediante estos entrenamientos, se incrementará también la eritropoyetina.

Tras un periodo de tiempo en una zona con altitud se produce un proceso conocido como aclimatación. Los cambios fisiológicos inmediatos frente a la hipoxia y la altitud incluyen el aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, incremento de la diuresis, alteración de la discriminación gustativa, congestión nasal y en algunas ocasiones, síncopes. La aclimatación puede considerarse la parte final de un proceso por el cual los sujetos se adaptan a una hipoxia en altitud, de tal forma que cuando el

deportista retorne a una altura al nivel del mar, se mantendrá durante un tiempo e irá desapareciendo gradualmente.

Sin embargo, en sujetos no aclimatados, la exposición a la altitud puede ser mucho más perjudicial para la salud, generando manifestaciones clínicas como la cefalea de elevada altitud, síntoma cardinal para el diagnóstico de una severa patología como es el mal agudo de montaña (3,4,5).

El mal de altura y otras patologías asociadas al deporte en altitud

Cuando se produce el ascenso a la altura, se puede producir una disminución de la capacidad física, aliento cortado, taquicardia y un patrón ventilatorio irregular por las noches (conocido como patrón de Cheyne-Stokes). Además, al ganar altitud, la sangre del organismo tiende a espesarse, lo que en casos de larga exposición puede desencadenar problemas cardiovasculares.

Al realizar un ascenso rápido, se desencadena la enfermedad aguda de montaña. Dicha patología aparece entre 6 y 96 horas después de subir y los síntomas agudos duran entre 2 y 5 días. Los síntomas incluyen cefalea, más alguno de los siguientes: anorexia, náuseas, agotamiento, fatiga, debilidad, vómitos, insomnio o vértigo.

Sobre los 3000 metros, esta patología es común en un número significativo de personas y por lo tanto, la mejor prevención será realizar una buena aclimatación mediante un ascenso lento y gradual, sin un esfuerzo físico extenuante.

Para el tratamiento profiláctico existe un fármaco llamado acetazolamida, que también trata la enfermedad cuando se desencadena. Tiende a producir acidosis metabólica, lo que supone un aumento de la respuesta ventilatoria (hiperventilación). Frente a trastornos en el sueño, reduce la respiración de Cheyne Stokes, mejorando la oxigenación nocturna y la calidad del sueño. Además, ha demostrado ser efectivo y permitir una travesía de calidad, debiendo considerarse en ascensos de riesgo elevado. Sin embargo, debe ser administrada con precaución y no de forma generalizada, ya que incluso a dosis bajas puede producir efectos adversos negativos como la falta de la memoria, la capacidad de atención o de rendimiento. También puede generar poliuria, ya que es un diurético, y parestesia de manos y pies.

En caso de que se haya desencadenado ya el mal de altura, la mejor medida terapéutica es el descenso (entre 300 y 1000 metros), pero también se contempla el reposo en la altitud actual, la administración de acetazolamida, oxigenoterapia y antieméticos; así como el uso de cámaras hiperbáricas portátiles, rehidratación y alimentación apropiada.

Por otro lado, cabe destacar otras patologías asociadas que pueden producirse como son:

  • Edemas localizados: Indican perturbación hormonal y alteración electrolítica. Afecta a las manos, cara y tobillos.
  • Hemorragias retinianas: Desorden común sobre los 5000 y 6000 metros por aumento del flujo y de la presión sanguínea para mantener el aporte de oxígeno a las células de la retina. Desaparecerá en unas 2 semanas.
  • Edema pulmonar: Por hipertensión en la circulación pulmonar, aumento de permeabilidad de los capilares pulmonares por la hipoxia y por trombosis en dichos capilares. Los síntomas engloban disnea, tos, taquicardia, cefalea, debilidad, esputo espumoso y/o sanguinolento, náuseas, vómitos, dolor de pecho y fiebre moderada.

Aun así, el peligro más importante son las consecuencias de la hipoxia sobre el sistema nervioso. El cerebro y los órganos sensoriales son especialmente sensibles a la falta de oxígeno y se pueden llegar a sufrir efectos irreversibles.

En casos extremos de mal agudo de montaña con evolución hacia edema cerebral de altura, se puede administrar dexametasona, que aunque no ha sido completamente definido, parece inducir la liberación de citocinas. Sin embargo, los efectos secundarios pueden ser más graves como son el sangrado intestinal, hiperglucemias y desajustes hormonales.

Finalmente, cabe destacar que los efectos de la hipoxia son progresivos. El peligro es que los primeros síntomas son euforia y ausencia de la sensación de peligro, por lo que no hay ningún indicador o señal de alarma para el deportista que no cuente con la vigilancia y el seguimiento adecuados. Después se produce el entumecimiento de varios órganos, cansancio general y, finalmente, se pierde el conocimiento. Aunque estos síntomas, por lo general, se producen a partir de los 6.000 metros de altura, a los 1.200 metros ya se pueden apreciar algunas señales de hipoxia, como la pérdida de visión nocturna. A partir de los 2.000 metros, se reduce la capacidad mental y, si se superan los 3.000 metros, se puede incluso perder la capacidad de raciocinio. Se ha establecido que a partir de los 8.000 metros se considera mortal (2,6).

Recomendaciones para el deporte en altura. Papel de Enfermería

Respecto al entrenamiento en altitud y a las diversas patologías que pueden aparecer asociadas a la altura, es imprescindible una correcta educación de calidad por parte de los profesionales de Enfermería. Dicha educación principalmente irá enfocada a la prevención y promoción de la salud que elimine la desinformación sobre el tema y permita al deportista, seguir un entrenamiento que preserve su salud y mejore a la vez su rendimiento físico.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que en el rendimiento influyen:

  • El estado de salud y las características morfofuncionales de cada deportista.
  • La edad cronológica y deportiva.
  • El nivel de entrenamiento alcanzado anteriormente.
  • Las experiencias anteriores en altura y la altura efectiva (diferencia de la altura a la que se va y de donde se procede)
  • El tiempo de permanencia en la estancia.

Teniendo en cuenta lo anterior, existen unas recomendaciones para el éxito del deporte en altura:

  1. Se debe programar el entrenamiento en altura incluyendo un trabajo de preparación previa y otro, de readaptación posterior, siendo individual para cada deportista. El entrenamiento siempre comenzará antes de subir y continuará una o dos semanas después de bajar. Nunca se debe de llevar a cabo una actividad que no se haya probado antes a nivel del mar (conviene realizar experiencias que permitan conocer las respuestas particulares de cada deportista). Todo ello, deberá ir paralelo a un seguimiento médico-pedagógico.
  2. Se deben realizar descansos estratégica e individualmente programados.
  3. Destacar la importancia de ascender gradualmente que induzca a la aclimatación.
  4. Conocer aquello que se quiere trabajar, ya que difiere una subida para entrenar resistencia (estancias largas con baja intensidad) que para entrenar sistemas anaeróbicos (estancias cortas con alta intensidad).
  5. El calentamiento en el deporte en altura debe de ser más largo que a nivel del mar.
  6. Se deben respetar las fases de adaptación a la altura, de 3 a 6 días, incrementando la carga y disminuyéndola según cada deporte y deportista.
  7. En altura, el organismo crea adaptaciones, es decir, que está trabajando continuamente, incluso cuando está en reposo y hay que ir sometiéndolo a las cargas progresivamente.
  8. Se pueden realizar actividades en situaciones que simulen las condiciones de la altitud, como es el caso de las cámaras hipobáricas.
  9. Es fundamental una correcta hidratación, entre unos 4 y 6 litros diarios de agua, al igual que no restringir el consumo de sal. Aumentar el consumo de carbohidratos y proteínas, y disminuir los lípidos (grasas) contribuye a facilitar la digestión. Se deben restringir comidas pesadas que aumenten el trabajo de la digestión.
  10. Ingerir hierro y vitamina C (desde 1 a 2 semanas antes), vitamina E (200-500 mg/día desde un par de días antes de subir) y magnesio.
  11. Hacer hincapié en las medidas de recuperación tras el ejercicio para evitar lesiones por sobrecarga como dormir al menos 8 horas de sueño reparador, estiramientos, sauna, hidromasaje…
  12. Importante llevar ropa adecuada para los cambios térmicos de temperatura en altitud, cremas solares y gafas de protección.
  13. Tener en cuenta otros factores de riesgo que pueden predisponer al deportista a sufrir patologías en altitud, como son la edad, el tabaquismo, el sexo, la predisposición genética o la obesidad.
  14. Instruir en la forma correcta de la toma de medicamentos prescritos y en el reconocimiento de síntomas que sugieran efectos adversos del fármaco ingerido.
  15. Saber reconocer la cefalea como síntoma más frecuente de la exposición a la altitud y como indicador precoz clave del mal agudo de montaña (7,8).

Conclusiones

  • La creciente tendencia de practicar deportes en lugares donde va implícito un ascenso de la altura va ligado a una desinformación de la población para realizar estas actividades.
  • La existencia de una educación estandarizada de calidad, sobre la prevención en la realización de deportes de altura, va a suponer una disminución de las consecuencias fisiopatológicas que afectan a los organismos al exponerse a una cierta altitud sobre el nivel del mal.
  • En esta prevención podría desempeñar un papel esencial los profesionales de Enfermería, que pueden llevar a cabo su labor en grupos de rescate de montaña, cuerpos militares o trabajos en instalaciones de ocio y al aire libre; donde se desarrollan actividades deportivas en altura.
  • La educación primordial irá enfocada a la prevención, pero también será importante destacar el reconocimiento precoz de patologías comunes que pueden aparecer en altitud, como es el mal agudo de montaña, así como el uso de fármacos y efectos adversos de los mismos. Esta actuación permitirá evitar un diagnóstico tardío de la enfermedad que pueda suponer consecuencias graves de salud para el deportista.

Bibliografía

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  2. Simon RB, Simon DA. Mal de altura. Nursing [Internet]. 2015 [citado 26 may 2021];32(3):18-23. Disponible en: https://www.science direct.com/science/ article/abs/pii/S0 21253821 5000874
  3. Rusko H, Tikkanen H, Peltonen J. Altura y Entrenamiento de Resistencia. PubliCE. 2016. Disponible en: https://g-se.com/ altura-y-entrenamiento -de-resistencia-2091 -sa-t57cfb2727a029
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  5. Zanguña Fonseca LF, Peralta González MA, Cruz Rubio SG. Eritropoyetina, hipoxia y mal de montaña. Rev. Cienc. Biomed. [Internet]. 2016 [citado 27 may 2021];7(2):265-273. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/ servlet/articulo? codigo=7648208
  6. Tinoco Solórzano A. Edema pulmonar de altura o mal de altura. Rev Finay [Internet]. 2018 [citado 30 may 2021];8(4):256-257. Disponible en: http://scielo.sld.cu/ scielo.php?script=sci_ arttext&pid=S2221-2434201 8000400002
  7. Carod Artal FJ. Consejos para prevenir el mal de altura. FMC [Internet]. 2021 [citado 30 may 2021];18(1):35-39. Disponible en: https://www. sciencedirect. com/science/article/ abs/pii/S11342072 20301729
  8. Urdampilleta Otegui A. Fisiología de la hipoxia y entrenamientos en altitud: Guía teórico- práctica para realizar entrenamientos en altura e hipoxia en deportistas. REEDF. 2016; 413:101-102.
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