Contención física en el ámbito hospitalario y en residencias de mayores

Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 8–Agosto 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº8: 132

Autor principal (primer firmante): María del Mar García Andreu

Fecha recepción: 19 de julio, 2022

Fecha aceptación: 16 de agosto, 2022

Ref.: Ocronos. 2022;5(8) 132

Autoras:

María del Mar García Andreu. Médico. Cristina Gallego Lezaun. Médico.

Ana Cabrejas Lalmolda. Médico.

publica-TFG-libro-ISBN

Almudena Fernández Benedicto. Enfermera.

Conflictos de interés

Las autoras declaran que no tienen ningún conflicto de interés

Palabras Clave

Contención física. Contención mecánica. Restricción física.

Introducción

Los medios de contención se utilizan bajo la premisa de garantizar la seguridad de las personas y en la actualidad es frecuente verlos en hospitales, tanto en unidades de cuidados intensivos como en plantas de hospitalización médica y psiquiatría, pero también centros residenciales de ancianos. Esta generalización del uso de medidas que limitan la libertad de las personas y pueden vulnerar sus derechos supone un conflicto tanto médico como ético que puede ser fuente de numerosos problemas tanto para el paciente, a nivel físico y psicológico, como para el personal por su implicación ética y legal.

El uso de medios de contención física en el medio hospitalario es una práctica habitual presente en el día a día de muchos sanitarios que se ven involucrados en su indicación o en su aplicación directa sobre el paciente. No existe una legislación homogénea estatal ni internacional que regule su uso lo cual puede facilitar que no siempre sea el adecuado.

La contención mecánica es un tema de mucha importancia en la actualidad no solo por la polémica que genera su uso en hospitales sino especialmente por el aumento de uso y su generalización en centros residenciales de ancianos. Las cifras de personas mayores que son contenidas en España son preocupantes por su elevado número y por ser de las más elevadas del entorno alcanzando incluso el 25% de los ancianos institucionalizados (1). Las cifras en los hospitales son muy variables, pero no mucho mejores, ya que se han reportado datos de un 11.8% entre pacientes hospitalizados (2).

La OMS define la contención física o mecánica como la utilización de dispositivos para inmovilizar a una persona o restringir la capacidad de mover parte de su cuerpo libremente. Otras definiciones frecuentemente utilizadas son más amplias y consideran contención tanto física como farmacológica a cualquier medida aplicada sobre una persona que esté destinada a limitar su libertad de movimiento. El objetivo de la contención siempre debe ser proteger al propio paciente y a los que le rodean y existe gran variedad de dispositivos o fármacos que pueden ser empleados para ello.

Discusión

Debido al envejecimiento de la población en los hospitales cada vez es más frecuente el ingreso de pacientes de edad avanzada con deterioro cognitivo o demencia que son especialmente vulnerables a la aparición de síndrome confusional durante la hospitalización.

Los pacientes que durante el episodio confusional presentan una intensa inquietud y agitación psicomotriz pueden llegar a necesitar contención ya que pueden estar en peligro de autolesionarse, lesionar a las personas que les atienden y frecuentemente corren riesgo de perder catéteres periféricos que necesitan para la administración de tratamientos, sondas vesicales o nasogástricas, o en algunos casos pueden requerir reposo para garantizar una mejor recuperación. En estos casos es importante tener en cuenta todas las medidas que se pueden llevar a cabo para prevenir el delirium para no llegar a precisar la contención mecánica, así como la fase previa de contención verbal que siempre debe intentarse y que consiste en una intervención calmada con el paciente para tratar de identificar la causa de la agitación y hacer lo posible por limitarla o detenerla.

En caso de que fracase la contención verbal puede ser necesaria la contención química o farmacológica que se define como el uso de fármacos que reducen la movilidad de la persona e inhiben sus actividades con el objetivo de controlar una conducta inadecuada. Según el grado de agitación en caso de que la contención farmacológica no sea suficiente y o no sea posible puede ser necesaria la contención mecánica. Los dispositivos más frecuentemente utilizados son barandillas en las camas, cinturones abdominales tanto en sillas como en camas, chalecos que rodean todo el tronco o arneses, muñequeras o tobilleras para extremidades, manoplas, al igual que cualquier elemento que limite la libertad de la persona como, por ejemplo, colocar un mueble delante de la silla del paciente que le impida ponerse en pie.

Pero todas estas medidas de contención atentan contra la libertad de las personas y es por ello que deben ser utilizadas respetando unos principios básicos universales y siempre buscando el beneficio del paciente para garantizar su seguridad.

Los principios básicos que deben regir el uso de la contención son la excepcionalidad y la proporcionalidad, la individualización, la idoneidad, la graduación y la mínima intensidad posible, la necesidad apreciada por prescripción facultativa, la provisionalidad y la prohibición del exceso.

Por tanto, debe emplearse solo en beneficio del paciente cuando no haya ninguna otra medida posible, de la manera menos restrictiva posible y durante el menor tiempo. Debe reevaluarse con frecuencia su necesidad y debe contar siempre con consentimiento informado del paciente o de la familia salvo en situaciones de urgencia. Siempre debe registrarse correctamente en la historia clínica.

Las lesiones que se pueden derivar del uso de contención mecánica pueden ser a nivel físico debidas a la presión directa del dispositivo de contención como laceraciones y úlceras por presión o las derivadas de la propia inmovilidad como atrofia muscular y debilidad, y a nivel psicológico miedo, apatía, aislamiento social e incluso agresividad. En casos extremos y afortunadamente poco frecuentes se puede llegar a producir la asfixia e incluso la muerte.

Como hemos visto en situaciones de riesgo para el paciente las contenciones pueden aportar beneficio porque garantizan la seguridad del mismo evitando caídas, traumatismos y golpes, garantizando que no se dañan al arrancarse catéteres y otros dispositivos, garantizando también que reciben correctamente el tratamiento que precisan y evitando dañar a los que los acompañan y atienden. Pero son muchos los inconvenientes, además de poder provocar lesiones especialmente si no se colocan bien, pueden dañar la dignidad de la persona y provocar trauma psicológico además de físico. Por eso es importante aplicarlas solo cuando realmente están indicadas porque es la única circunstancia en la que los beneficios superan los riesgos.

Aunque su uso en hospitales en situaciones de peligro o urgentes puede estar justificado y ser beneficioso, en los centros residenciales de ancianos queda claro que las contenciones no son necesarias y que su uso prolongado puede resultar muy perjudicial y por ello debe evitarse. De hecho, algunos estudios han señalado que reducir su uso en residencias aporta importantes beneficios sin aumentar el riesgo de caídas y son muchos los centros en los que se evita ya el uso de contenciones y sea aplican protocolos para reducción de caídas con buenos resultados.

Algunas de las medidas que han demostrado ser eficaces en la reducción de caídas son el fortalecimiento muscular y el entrenamiento del equilibrio en los casos que sea posible, la disminución de los riesgos en el domicilio como mejorar la iluminación, evitar superficies deslizantes, alfombras y escaleras, y la retirada de fármacos psicotrópicos. En algunas residencias se están aplicando otras medidas como colocar los colchones en el suelo, utilizar colchones cóncavos o cojines, asientos personalizados, actividades de rehabilitación y psicosociales dirigidas a evitar la desorientación.

Conclusión

La contención mecánica es una medida que no está exenta de riesgos para el paciente por lo que solo debe ser utilizada cuando no exista otra alternativa, cuando se aplique por la seguridad y el beneficio del paciente, lo menos restrictivamente posible y durante el menor tiempo posible. Su uso en centros hospitalarios debe evitarse al máximo, pero especialmente el uso generalizado en residencias de ancianos no aporta beneficios y por ello debe abandonarse.

Referencias bibliográficas

  1. Burgueño Torijano A. Guía para personas mayores y familiares. Uso de sujeciones físicas y químicas con personas mayores y enfermos de Alzheimer. 1ª ed. Madrid; 2005.
  2. Krüger C, Mayer H, Haastert B, Meyer G. Use of physical restraints in acute hospitals in Germany: A multi-centre cross-sectional study. Int J Nurs Stud 2013; 50: 1599-606.
  3. Cómo se eliminan las sujeciones. Guía para la eliminación de sujeciones físicas y químicas en centros de atención sociosanitaria y domicilios. Fundación cuidados dignos. 1ª ed. Huesca; 2102.
  4. Galán Cabello CM, Trinidad Trinidad D, Ramos Cordero P, Gómez Fernández JP, Alastruey Ruiz JG, Onrubia Pecharroman A, et al. Uso de sujeciones físicas en una población anciana ingresada en residencias públicas. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 1 de julio de 2008;43(4):208-13.
  5. Fariña-López E. Problemas de seguridad relacionados con la aplicación de dispositivos de restricción física en personas mayores. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 1 de enero de 2011;46(1):36-42.
  6. Sze TW, Leng CY, Lin SKS. The effectiveness of physical restraints in reducing falls among adults in acute care hospitals and nursing homes: a systematic review. JBI Libr Syst Rev 2012; 10: 307-51.
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