Prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19: una revisión sistemática

Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 5–Mayo 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº5: 40

Autor principal (primer firmante): Cristina Maribel Recalde Cerda

Fecha recepción: 11 de Abril, 2022

Fecha aceptación: 8 de Mayo, 2022

Ref.: Ocronos. 2022;5(5) 40

Autora: Cristina Maribel Recalde Cerda

Filiación: Facultad de Ciencias Psicológicas

Dirección de Posgrado

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Resumen

El mundo atraviesa una de las crisis sanitarias más adversas de las últimas décadas, la pandemia del COVID-19, la cual ha afectado a la humanidad tanto en su salud como en sus actividades cotidianas. Este artículo muestra una visión general del impacto que ha tenido en las personas frente a la problemática del consumo de las drogas, por ello, el objetivo es determinar las prácticas de consumo de drogas en la población adulta, durante la crisis sanitaria generada por la pandemia del COVID-19 en el año 2020 y 2021, con la finalidad de elaborar recomendaciones para los profesionales de salud mental. Metodología, se realizó una revisión de la literatura científica; las bases de datos seleccionadas fueron Scopus y PubMed y las palabras claves COVID-19, consumo, sustancias y drogas; los artículos utilizados fueron los publicados a partir de la pandemia, se aplicaron los criterios de inclusión y exclusión; finalmente se escogió 29 artículos, cuyos resultados están integrados en tablas de evidencias.

En conclusión, las prácticas de consumo se modificaron a partir de la pandemia, sobre todo en el confinamiento, se presentaron cambios como, aumento en la frecuencia y la cantidad de consumo, cambio de entorno de consumo, disminución del consumo, mezcla de sustancias, sustitución de drogas de consumo principal por otras básicas de fácil acceso y menor costo, inicio de consumo y recaídas. Se recomienda a los profesionales de salud mental proveer de herramientas psicológicas y promover estilos de vida saludables en la población.

Palabras clave: COVID-19, consumo de drogas, abuso de sustancias, alcohol.

Abstract

The world is going through one of the most adverse health crises in recent decades, the COVID-19 pandemic, which has affected humanity’s health and their daily activities as well. This article shows an overview of the impact that drug usage has had on people; therefore, the aim of this research is to determine drug use practices among older adults throughout the health crisis generated by the COVID- 19 pandemic within 2020- 2021 and to develop recommendations for mental health professionals. As for the methodology, it’s to be said that a review of scientific literature was carried out; the selected databases were Scopus and Pub Med and the keywords were COVID-19, consumption, substances, and drugs; the articles used were those published after the pandemic; the inclusion and exclusion criteria were applied. Finally, 29 articles were chosen, whose results are integrated into evidence tables. In conclusion, consumption practices have been modified since the pandemic, especially during confinement, with changes such as the frequency and intensity of drugs consumption, a change in the consumption environment, a decrease in consumption, a mixture of substances, the substitution of drugs of main consumption for other basic ones of easy and cheap access, initiation of consumption and relapses. It is recommended that mental health professionals provide the necessary psychological tools and promote healthy lifestyles among the population as well.

Key words: COVID-19, drug use, substances abuse, alcohol.

Introducción

El consumo de drogas es una problemática de salud mental, que requiere de políticas públicas acertadas e intervenciones adecuadas para su mejoramiento, en la actualidad, esta temática presenta otras dificultades como la aparición de innumerables sustancias o drogas, el narcotráfico, las condiciones sociales, las crisis y los factores individuales que están asociados a la decisión de consumir o no hacerlo.

La pandemia del COVID-19 se ha convertido en una crisis sanitaria que inició en diciembre del año 2019, cuando se notificó por primera vez la aparición de un nuevo coronavirus con el nombre de 2019- nCoV en la ciudad de Wuhan de China (OPS, 2020), ha impactado a múltiples esferas de la sociedad, la economía, la política, la educación, la salud, sin distinción de lugar o población. “La pandemia de coronavirus COVID-19 es la crisis de salud que define nuestro tiempo y el mayor desafío que hemos enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial” (PNUD, 2021).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2020), quienes se infecten por el virus SARS- CoV-2, experimentarán síntomas respiratorios, la mayoría de las personas no necesitarán un tratamiento especial, sin embargo, aquellos que experimenten síntomas graves requerirán de atención médica. Las consecuencias han sido bastante negativas en la población, tales como millones de muertes y de contagios, pérdidas de empleo, dificultades económicas y políticas, problemas de salud física y mental.

Una de las teorías psicológicas que sustentan el comportamiento de las personas frente a una crisis es la que desarrolló Slaikeu, él menciona que las crisis circunstanciales se caracterizan por ser inesperadas, repentinas, pueden amenazar el bienestar físico y psicológico y a su vez afectar a un gran número de personas de modo simultáneo; como respuesta ante las crisis, los individuos pueden presentar afectaciones psicológicas incluyendo el consumo de drogas (Slaikeu, 1996).

Esta crisis sanitaria tiene características similares a otras condiciones, como las guerras, desastres naturales, crisis económicas, atentados, entre otras, donde las personas suelen manifestar comportamientos psicológicos alterados, tales como la ansiedad, la depresión y las conductas de consumo de drogas. Algunos estudios llevados a cabo en los años 90, revelaron que las situaciones estresantes pueden provocar un incremento del consumo de sustancias en las personas a consecuencia de factores psicológicos afectados (Rojas, 2020).

Las pandemias que se han presentado a lo largo de la historia de la humanidad, desencadenaron crisis en la población, que cambiaron y transformaron a las sociedades, estas pandemias dejaron millones de muertes, ya que, el tratamiento para las enfermedades era menos exitoso, incluso hubo poblaciones reducidas en porcentajes altos, como fue el caso de la Peste Negra, donde la población de Europa se redujo de 80 a 30 millones de personas, sin embargo, estos datos son estimaciones, porque en la antigüedad no se contaba con la tecnología de hoy en día para un registro más eficiente de la información y por ende la estadística de los contagios y de las muertes era más imprecisa (National Geographic, 2021).

La salud requiere de un sistema de atención eficaz, sobre todo cuando se ve afectada como resultado de una crisis prolongada como es la del COVID-19 (Brooks et al, 2020), por eso, las conductas de cuidado y prevención se han difundido y aprendido en todo el mundo, han pasado a formar parte de rutinas y decisiones voluntarias que tienen por objetivo evitar y disminuir la propagación del virus. La forma de contagio ha motivado a tomar medidas restrictivas en los estados, entre ellas está la cuarentena, el aislamiento preventivo y el distanciamiento social (Huremović, 2019).

Entender el comportamiento humano es primordial para realizar intervenciones que se enfoquen en mejorar la salud de cada individuo. Por ello, es importante analizar las prácticas de consumo que se han presentado desde que inició la pandemia del COVID -[AL1] 19; las personas que consumen algún tipo de sustancia, lícita o ilícita, pueden haber atravesado situaciones adversas durante la cuarentena, el aislamiento o el distanciamiento social, es decir, podrían haber generado un alto riesgo de experimentar consecuencias negativas con respecto a patrones de consumo como suministro, administración, e incluso cambios en el tratamiento (Ali, et al., 2021).

Las consecuencias de una enfermedad se presentan durante y después de la misma, es decir a mediano plazo, por ello es importante que las estrategias que se adopten para afrontar la enfermedad del COVID -19 estén enfocadas en el fortalecimiento de la salud mental (Ramírez et al., 2020). Esta investigación muestra los cambios en las prácticas de consumo en la población adulta, lo cual, beneficiará a la misma, ya que, los profesionales de salud pueden utilizar esta información para brindar un mejor servicio de salud enfocado en la prevención y el fortalecimiento de habilidades que reduzcan el malestar psicológico frente a una crisis.

Es así, que se desprende el objetivo de este estudio que es, determinar las prácticas de consumo de drogas en la población adulta, durante la crisis sanitaria generada por la pandemia del COVID -19 en el año 2020 y 2021, con la finalidad de elaborar recomendaciones para los profesionales de salud mental y así beneficiar a la comunidad.

Para cumplir con este objetivo se empleó una metodología con un diseño descriptivo cualitativo, se realizó una revisión de la literatura científica; las bases de datos seleccionadas fueron Scopus y PubMed y las palabras claves usadas fueron COVID-19, consumo y sustancias; los artículos utilizados fueron aquellos publicados a partir de la pandemia, desde el año 2020 hasta el año 2021; se aplicaron los criterios de inclusión y exclusión y finalmente se escogió 29 artículos, cuyos resultados se los integró en tablas de evidencias.

Desarrollo

Una crisis según Slaikeu (1996), “es un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente por una incapacidad del individuo para manejar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas, y por el potencial para obtener un resultado radicalmente positivo o negativo” (p. 16). Las crisis circunstanciales suceden cuando aparece una situación inesperada o accidental, que afectan a un individuo o a muchas personas de una comunidad, tales circunstancias pueden ser alteraciones en la salud, crímenes y delincuencia, actos violentos, guerras, encarcelamiento, accidentes de transporte, terrorismo, divorcios, desempleo, cambios de residencia, desastres naturales como inundaciones, incendios, etc. (Slaikeu, 1996).

Los efectos de las crisis pueden ser positivos o negativos, se considera positivo cuando la persona genera nuevas estrategias de adaptación, una mejor actitud frente a la vida, un adecuado uso del apoyo social y de esta manera su salud mental puede beneficiarse; por el contrario, es un riesgo si la persona maneja inadecuadamente una crisis, puede empeorar o retroceder su funcionamiento, generar consecuencias físicas y psicológicas tales como el suicidio, el homicidio u otras formas de violencia, estados emocionales problemáticos, formas de afrontamiento poco convencionales o adaptativos como el consumo de drogas (Slaikeu, 1996).

Las medidas que son adoptadas y consideradas en casos de epidemias, pandemias o infecciones graves, son la cuarentena, el aislamiento y el distanciamiento social, cada una de ellas implica un grado de restricción hacia circunstancias o personas, por ello, a través de los estudios realizados en pacientes aislados, se conoce que tienden a ser vulnerables a reacciones psiquiátricas tales como depresión, ansiedad, delirio, trastorno de estrés postraumático y un trastorno por consumo de sustancias (Huremović, 2019).

Las situaciones que se desarrollan en contextos de aislamiento, cuarentena o distanciamiento social pueden generar estados de estrés, ansiedad y la elección de consumir sustancias psicoactivas, aunque los consumidores podrían enfrentarse a una abstinencia forzada o incremento de su deseo por el difícil acceso a la sustancia, incluso se pueden presentar recaídas por suspensión de tratamientos (Scholten et al., 2020). Estudios realizados con ratas de laboratorio, demuestran la tendencia al consumo de sustancias cuando el ambiente está sujeto a condiciones de estrés y aislamiento, tal como se demostró mediante Rat Park, un conjunto de estudios que se realizaron alrededor de 1970 dirigidos por Bruce K. Alexander, mediante los que exponían a las ratas a entornos sociales cómodos y otros con ciertas privaciones (Gage y Sumnall, 2019).

Existe estudios sobre crisis sanitarias donde se evidenciaron que las secuelas en la salud mental se presentaron a raíz de medidas como la cuarentena, el aislamiento y el distanciamiento social, como sucedió con el primer brote del virus del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo), que se generó en Hong Kong, China, en el año 2003, convirtiéndose en una epidemia que se logró controlar (OMS, 2003), donde se demostró una relación positiva entre el abuso o dependencia hacia el alcohol en aquellos empleados expuestos al virus y aislados (Wu, et al., 2008). Así mismo, en Canadá, los empleados de la salud que intervinieron en el cuidado de los pacientes con SARS, presentaron niveles altos de agotamiento, angustia psicológica y un estilo de afrontamiento desadaptativo, incluyendo el consumo de sustancias, en relación a otros profesionales que no estuvieron expuestos (Maunder, et al., 2006).

Mencionado lo anterior, se entiende que la pandemia del COVID-19, ha generado una crisis sanitaria, similar o de mayor complejidad con respecto a la epidemia del SARS y la pandemia H1N1 o gripe española que surgieron en décadas anteriores y que dejaron miles de muertes (CDC, 2016). “Los coronavirus (CoV) son una gran familia de virus que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades más graves” (OPS, 2020). La enfermedad fue llamada COVID-19, por lo que representa, CO se atribuye a corona, VI es para virus, D es por la palabra disease que significa enfermedad en español y 19, por el año en el que surge este virus (WHO, 2020). El 11 de marzo de 2020, el director general, doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció que la epidemia por la enfermedad se había convertido en una pandemia, que estaba extendida a nivel mundial, afectando a miles de personas (OMS, 2020).

A pesar de las medidas sanitarias de prevención tales como distanciamiento social, aislamiento y cuarentena para evitar los contagios, el virus se ha propagado de manera rápida por el mundo y en la

actualidad el número de muertes ha sobrepasado los 5 millones (OMS, 2020). La cuarentena puede provocar un impacto psicológico a largo plazo sobre las personas que han sido confinadas, ya que, se está privando de la libertad a la población y no todos tienen las mismas condiciones individuales y sociales, por ello resultan indispensables los servicios básicos y el acceso a información certera (Brooks et al., 2020).

Los sistemas de salud aplicaron diferentes estrategias de atención para los pacientes, como telemedicina, sin embargo, el difícil acceso para pacientes con trastornos por uso de sustancias, el cierre y las modificaciones de los servicios, generaron en los pacientes síndrome de abstinencia, cese brusco del consumo, modificación en las dosis, alteraciones en el tratamiento con opioides como metadona y exacerbación del consumo (Arya y Gupta, 2020).

Método

Se realizó una revisión sistemática de la literatura científica mediante la búsqueda de artículos acerca de las prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19. Las bases de datos seleccionadas fueron Scopus, PubMed y Google Scholar, que fueron de utilidad para el estudio. Para el tema planteado, las palabras claves de búsqueda seleccionadas fueron COVID-19, consumo, sustancias y droga, para lo cual se utilizó los operadores boléanos “AND” y “OR”.

Los criterios de inclusión son:

  • Estudios con población adulta mayores de 18 años de edad.
  • Estudios realizados durante la pandemia, desde enero del año 2020 a septiembre del año 2021.
  • Estudios realizados en países afectados por el COVID-19.
  • Trabajos de investigación transversal o longitudinal de tipo cuantitativo que presenten datos sobre patrones de consumo de drogas.
  • Estudios publicados en revistas con un factor de impacto SJR e influencia en la comunidad investigadora

Los criterios de exclusión son:

  • Estudios con población infantil y adolescente.
  • Revisiones sistemáticas, meta-análisis, reseñas, cartas al editor, tesis.
  • Artículos relacionados con consumo o adicción hacia otros aspectos como alimentos, juegos, espacios cibernéticos.
  • Artículos que abarquen cualquier tipo de tratamiento para patologías, trastornos o para el COVID-19.

Se utilizó la herramienta PICO para guiar la búsqueda de los artículos:

  • P (Paciente o población): Población mayor de 18 años (adulta) que haya consumido algún tipo de droga durante la pandemia.
  • I (Intervención): Patrones de consumo de drogas.
  • C (Comparación): Consumo previo a la pandemia.
  • O (Descenlaces): Cambios en las prácticas de consumo, aumento o disminución en frecuencia y cantidad, elección de diferentes drogas, inicio y fin de consumo.

El siguiente diagrama representa la selección de los estudios:

Ver: Anexos – Prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19. Una revisión sistemática, al final del artículo

Figura 1. Diagrama de selección de estudios, método PRISMA

Resultados

Se identificó 29 artículos de investigación, los cuales detallan las prácticas de consumo de drogas que la población ha adoptado frente a la crisis sanitaria del COVID-19. Se realizó una distribución considerando el tipo de sustancia. La mayoría de los artículos se basaron en un diseño transversal cuantitativo, que recopilan datos acerca de cambios en el comportamiento y prácticas de consumo durante la pandemia en especial en el confinamiento del año 2020, que tomaron como medida preventiva de propagación muchas naciones.

Alcohol

El alcohol resultó la sustancia psicoactiva más investigada, los datos se pueden visualizar en la tabla 1. En un estudio llevado a cabo en Polonia con 440 personas, encuestadas mediante el test AUDIT, se determinó que el 30% consumía alcohol, el 14% de los usuarios mostraron un incremento en el consumo, pero estas personas habían tenido un consumo de forma intensa antes de que comenzara la pandemia y una mala salud mental, asociado a una forma de afrontar las situaciones de estrés con el consumo, el 16% disminuyeron su consumo. (Chodkiewicz et al., 2020).

En Reino Unido, las prácticas de consumo se modificaron frente a la crisis y al encierro, se identificó mayor consumo en un 17% de 691 adultos, asociado a un peor estado de bienestar mental (Jacob et al., 2021). Una segunda investigación mostró que aproximadamente una cuarta parte (25%) de los adultos incrementó la cantidad y frecuencia del consumo durante el encierro, otra cuarta parte disminuyó el consumo y la mitad se mantuvo con el mismo patrón que tenía antes de la pandemia, las personas consumen por atenuar un estado de estrés frente a la crisis (Garnett et al., 2021).

En 4 estudios de diferentes países, se encontró una disminución en el consumo de alcohol a consecuencia de una modificación en las prácticas relacionadas con las reuniones de socialización entre jóvenes; Reino Unido, comparó los resultados de los autoinformes de estudiantes universitarios que fueron abordados en 2019 y los obtenidos durante el encierro, donde el consumo de alcohol había disminuido, probablemente por la falta de oportunidades para socializar (Evans et al., 2021). En España, sucedió algo similar, los estudiantes universitarios, sobre todo los de los primeros años, frente al encierro, disminuyeron el consumo esto no significa que todos lo hagan, ya que, hay jóvenes que mantuvieron la frecuencia de consumo (Vera et al., 2021).

En Portugal, los datos que obtuvieron fueron a través de un estudio longitudinal, antes, durante y 6 meses después del encierro, la ingesta de alcohol se redujo durante y después del encierro al tener un ambiente con contextos sociales interrumpidos, tales como, reuniones, conciertos o festejos, los jóvenes que mantenían el consumo presentaban deseos por consumir y por vivir con los amigos; se evidencia disminución del consumo (Vasconcelos et al., 2021). En Países Bajos, los jóvenes adultos (18-35), disminuyeron su consumo en un 38,3%, un 30,7% se mantuvo y un 31% aumentó el consumo, el aumento de consumo se relacionó con aquellos que presentaban un peor estado de ánimo, un nivel de estrés elevado (Merlo, 2021).

En Australia hubo un incremento del consumo de alcohol en la población en un 26.6% con un aumento en la frecuencia y en las compras de alcohol, datos que se relacionaron con la angustia psicológica ante la pandemia, el resto de población mantuvo o disminuyó el consumo por las restricciones a bares, por esto el gobierno tomó medidas con respecto a la salud mental, designando AUD 6 millones para trabajar en cuanto a drogas y alcohol, incluyendo los daños colaterales como la violencia; (Stanton et al., 2020).

En Alemania se incrementó en un 34,7%, 8,2% reportó no consumir alcohol, el 19,4% informó beber menos y el 37,7% reportó que no han tenido cambios en las prácticas de consumo de alcohol, se encontró una relación del incremento con tasa elevadas de estrés y bajo nivel educativo (Koopmann et al., 2020). El estudio realizado en Italia investigó sobre el estilo de vida, el consumo de alcohol incrementó en un 17,3% y tabaco en 30%, por el cambio en la cantidad de la sustancia (Ferrante et al., 2020).

Los cambios en las actividades diarias durante el confinamiento (hijos en casa, desempleo, tareas escolares, convivencia) muestran afectación en el nivel de estrés en ciudadanos de Bélgica, el 13,7% disminuyó su consumo, pero el 30,3% aumentó (Vanderbruggen et al., 2020). En China han realizado muchos estudios del impacto del COVID-19, las prácticas en cuanto a frecuencia del consumo de alcohol cambiaron, la tasa incrementó del 31,3% al 32,7%, las recaídas de ex-bebedores se situó en el 18,7%, mayor consumo bebedores habituales 32,1%, ocasionales pasaron a habituales 1,6%, (Sun et al., 2020).

En América, países como Estados Unidos, Canadá, Brasil y Chile también investigaron esta temática, Brasil aumentó el consumo de alcohol en un 17,6%, sobre todo en adultos de 30 a 39 años, reportando un aumento de conductas de riesgo para la salud en el período de restricción, no representa cambios definitivos en su práctica de consumo en frecuencia, cantidad y usuarios nuevos (sufrimiento emocional) (Malta et al., 2020); en Chile se encontró que el 30% de los encuestados consume alcohol diariamente, esto se asoció con la disminución de la actividad física, siendo así un efecto negativo para la población, participaron 700 chilenos de entre 18 y 62 años, la investigación se centró en los cambios en el estilo de vida generados por la pandemia (Reyes et al., 2020).

En Estados Unidos, 3 estudios se llevaron a cabo para investigar la tendencia de consumo en adultos, a través de encuestas en línea; uno de ellos se aplicó a 993 personas, donde se analizó los cambios antes y durante el encierro, febrero y abril de 2020, los resultados mostraron que en abril las personas habían consumido más bebidas por día, hubo un incremento del 29% y del 20%, en cuanto a las personas que habían excedido el consumo recomendado, siendo las mujeres en un porcentaje mayor que los hombres (Barbosa et al., 2021); otro estudio muestra como la población puede modificar su comportamiento negativo con respecto a su salud, con el incremento del consumo de sustancias frente a la crisis sanitaria, más del 30% de los encuestados aumentaron el consumo de alcohol, siendo las mujeres en un mayor porcentaje probablemente por aumento de tiempo libre, estrés y preocupaciones (Knell et al., 2020).

En Canadá, se investigó sobre el consumo de alcohol y otras sustancias, en mujeres embarazadas, los datos indican que un 12,8% consumen al menos una sustancia, este porcentaje corresponde aproximadamente a 968, sin embargo, cuando comparan con datos anteriores a la pandemia o de Estados Unidos, informan que el consumo es menor; el 6,7% consume alcohol y, además, reportaron consumo de otras sustancias, incluso ilegales (Kar et al., 2021).

Tabla 1. Resultado de los estudios acerca del consumo de alcohol

Ver: Anexos – Prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19. Una revisión sistemática, al final del artículo

Tabaco

Los estudios encontrados acerca del consumo de tabaco, estaban asociados con la investigación de otras sustancias como el alcohol o el cannabis, por eso los datos que se presentan a continuación son parte de algunos artículos ya mencionados.

En Bélgica 558 personas consumían tabaco antes de la pandemia, de ellos 36 dejaron de hacerlo durante el encierro; 34 personas iniciaron su consumo, 0,9% del total; se registró un incremento en el consumo del 7,4% y el 2,5% reportó fumar menos, la encuesta contenía preguntas acerca de la cantidad y frecuencia de cigarrillos que se usaba; el incremento se asoció inversamente a la edad (Vanderbruggen et al., 2020). En Australia, el 11% eran fumadores, el 93% informó que no hubo cambios en su consumo, sin embargo, mediante la encuesta se encontró que el 16% disminuyó el consumo, el 38% no tuvo cambios y el 49,9% incrementó el uso de cigarrillos (Stanton et al., 2020).

Las mujeres embarazadas de la investigación de Canadá también reportaron incremento en el consumo de tabaco (Kar et al., 2021).

En Brasil se realizó uno de los estudios que más participantes colaboraron con la encuesta, 45161 adultos de todo el país, reportaron haber incrementado el uso de tabaco en un 34%, sobre todo de 18 a 35 años, usuarios llegaron a aumentar su consumo con 20 cigarrillos más por día, aproximadamente la mitad de los fumadores indicaron haber mantenido su consumo habitual (Malta et al., 2020). En Italia, Reino Unido, Estados Unidos y en China, se obtuvo resultados similares, hubo un incremento de la frecuencia y cantidad de consumo de tabaco por parte de la población adulta (Tabla 2), a consecuencia del estado psicológico afectado por la pandemia.

Tabla 2. Resultado de los estudios acerca del consumo de tabaco

Ver: Anexos – Prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19. Una revisión sistemática, al final del artículo

Cannabis

En Bélgica, 105 consumían cannabis, 26 lo dejaron durante el encierro, 31 empezaron a consumir 0,9% de la muestra total, 2,1% aumentó el consumo y 1,1% disminuyó; el aburrimiento fue la principal causa para el consumo, además muchos fuman junto al tabaco (Vanderbruggen et al., 2020). En España, con una muestra de 89 personas, se demostró que el consumo de cannabis, en sus diferentes formas, el hachís, marihuana, incluso estos dos combinados con el tabaco, había disminuido levemente con el 8%, durante las primeras etapas de la pandemia, con fines de mejora o razones sociales, otras razones fueron, la dificultad del acceso y el comercio de la sustancia, ya que el precio había aumentado; el resto de usuarios mantuvo su consumo asociado a su afrontamiento; el CBD mostró un consumo regular (Fernández et al., 2021).

Estados Unidos es el país donde hay más estudios sobre el cannabis, en Florida, 300 pacientes adultos con VIH que formaban parte de un estudio longitudinal desde el 2018, fueron encuestados para conocer el impacto de la crisis en su consumo, más del 30% pensaban que al fumar marihuana tendrían mayores problemas si se contagiaban, más del 50% pensaban que el cannabis les ayudaría a combatir el virus (Wang et al., 2021). En Michigan se incrementó el consumo hasta un 50% (Bonar, el al., 2021); de igual forma, Knell et al. (2021) menciona que hubo un incremento en el consumo entre el 35 y 50%; otro estudio realizó un análisis acerca de la frecuencia y de los días de consumo, refiere que los días de abril y mayo hubo un pequeño incremento, sin embargo, en los estados que tienen legalizado el cannabis no hubo modificaciones significativas, situación contraria a lo que sucedió en los estados que tienen prohibiciones, hubo incremento en el consumo de cannabis medicinal (Brenneke et al., 2021).

Tabla 3. Resultado de los estudios acerca del consumo de cannabis

Ver: Anexos – Prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19. Una revisión sistemática, al final del artículo

Otras drogas

El abordaje de estos estudios es complejo, drogas como la cocaína, la heroína, las anfetaminas, etc., son ilícitas, por ello, los métodos escogidos para analizar el consumo de drogas ilícitas han sido más exhaustivos y diferentes a la encuesta en línea.

En Suiza se realizó un estudio mixto, cuantitativo y cualitativo, mediante un cuestionario y una serie de entrevistas, respectivamente; los participantes fueron pacientes consumidores del programa de tratamiento con agonistas opioides OAT en el Centro de Tratamiento de Adicciones ACT del Hospital Universitario de Lausana), en el primer cuestionario participaron 49 pacientes, se investigó acerca del consumo de heroína, cocaína y cannabis, un tercio usó una sola sustancia, otro tercio usó dos sustancias, el 10% usó las tres sustancias y el 18% no reportó, probablemente por el uso de otras; el nivel de consumo se mantuvo, con tendencia a la disminución o reemplazo por otras drogas o medicamentos; el precio se mantuvo relativamente igual y la distribución de igual manera, se identificó un ligero aumento en el uso de heroína asociado a impacto en la salud mental (Gaume et al., 2021).

En Italia se realizó por primera vez durante la pandemia, un estudio para monitorear el consumo de sustancias a través de pruebas de laboratorio que examinan el cabello de los participantes, fueron 30 pacientes con Trastorno por Uso de Sustancias (Drug and/or Alcohol Disorders, SUDs) que colaboraron, antes, durante y después del confinamiento; el consumo de cocaína, heroína, MDMA y cannabis disminuyó durante el encierro, caso contrario es lo que sucedió con el alcohol y las benzodiacepinas, que fueron en aumento; después del bloqueo el 80% de los usuarios retomaron la droga principal más otras sustancias, gracias a la reapertura del mercado ilícito (Gili et al., 2021).

La información que se transmite por los medios de comunicación tiene un papel influyente en la población, tal como lo demuestra este estudio realizado en Estados Unidos, el cual analizó la relación de las noticias y el conocimiento sobre el COVID-19 con el incremento en el uso de sustancias, el resultado fue que a mayor exposición a los medios incluyendo las redes sociales y menor conocimiento, las prácticas de consumo tendieron hacia el incremento (Amram et al., 2021).

En Noruega el 54% de los participantes se inyectaron drogas; más de la mitad de la muestra (54,9%) estaba en tratamiento de mantenimiento con opioides, ya que, el 47,8% lo había solicitado meses anteriores; este país implementó medidas de prevención eficaces al principio de la pandemia, por ello, hubo cierres, pero no confinamiento total, sin embrago, los usuarios de drogas manifestaron preocupaciones por su trastorno y por contraer COVID-19; la mitad informaron escasez de medicamentos e incremento en el precio sobre todo de cannabis (Welle-Strand et al., 2020).

El estudio de Canadá reclutó a usuarios que al menos consumían una vez por semana una droga lícita o ilícita, o a su vez se encuentren en tratamiento con agonistas opioides, la muestra fue de 30 participantes por provincia; 200 participantes completaron las entrevistas; el 36% se encontraban con tratamiento con opioides; la mayoría reportó mala calidad, precio elevado y dificultad de acceso, el 60% sustituyó su droga principal por otras sustancias; los cambios y fluctuaciones en el suministro generaron efectos negativos en consumidores, como disminución en la tolerancia, por ello tenían riesgo de experimentar abstinencia y sobredosis (Ali et al., 2021).

En Italia se encuestó a 6003 adultos, el resultado indicó que la mayoría de mujeres tiene una peor salud mental que los hombres, exploraron acerca de síntomas de una salud mental positiva y su relación con el alcohol y el tabaco y también el uso de otras sustancias catalogadas como drogas entre ellas ansiolíticos, hipnóticos, sedantes, evidenciando el incremento del uso de estas drogas durante el confinamiento (Amerio et al., 2021).

Tabla 4. Resultado de los estudios acerca del consumo de otras drogas

Ver: Anexos – Prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19. Una revisión sistemática, al final del artículo

Discusión

El objetivo de este estudio fue determinar las prácticas de consumo de drogas en la población adulta, durante la crisis sanitaria generada por la pandemia del COVID-19 en el año 2020 y 2021, se identificaron 29 artículos que contienen información acerca de los cambios en dichas prácticas, sobre todo durante el confinamiento impuesto semanas después de la aparición del virus en Wuhan. La evidencia registrada en estos estudios demuestra que hubo modificaciones en la frecuencia y la cantidad de consumo, como también en el contexto donde se desarrollaron las prácticas.

La pandemia del COVID-19, se convirtió en una situación que sorprendió a la población mundial, tornándose una crisis que por momentos superó los recursos de los Estados, por eso las acciones gubernamentales como el confinamiento, previnieron la rápida propagación de la enfermedad, sin embargo, generaron efectos en la vida social y en el comportamiento de las personas (Reinstadler et al., 2021), los cuales incluyeron cambios en la salud mental y la tendencia hacia el consumo de drogas (Amram et al., 2021; Gaume et al., 2021).

El confinamiento fue el principal factor que incidió sobre las prácticas de consumo, modificando el lugar y la forma de acceder a las drogas, ya que, los bares y los restaurantes se paralizaron, al igual que actividades que concentran grupos de personas como eventos, conciertos, etc., dando lugar a la limitación social y al consumo más individualizado en casa (Stanton et al., 2020; Kar et al., 2021; Merlo et al., 2021; Vasconcelos et al., 2021; Vera et al., 2021).

La mayoría de los estudios fueron de corte transversal llevados a cabo mediante encuestas en línea, diseñadas y aprobadas por los entes reguladores y autorizados, sin embargo, estudios de corte longitudinal obtuvieron resultados interesantes en cuanto a las prácticas de consumo, incluso se aplicaron otros métodos y técnicas de recolección de datos tales como entrevistas presenciales y telefónicas, cuestionarios, análisis de pruebas de laboratorio en cabello, en especial se aplicaron estos métodos para indagar el consumo de otras drogas como opioides, estimulantes, tranquilizantes, etc., (Gaume et al., 2021; Gili et al., 2021; Welle-Strand et al., 2021; Ali et al., 2021; Kelley et al.; 2021).

Mediante esta revisión se ha identificado que ciertas prácticas de consumo están relacionadas con un manejo inadecuado de situaciones que provocan malestar psicológico o afectación en la salud mental, en estos casos la población incrementó la frecuencia y la cantidad de la sustancia, por ejemplo ante la presencia de sintomatología depresiva (Chodkiewicz et al. 2020; Jacob et al., 2021; Vera et al., 2021; Kar et al., 2021; Amerio et al., 2021), otros estudios indican cambios en las prácticas cuando se presenta ansiedad elevada (Garnett et al., 2021; Gaume et al., 2021), o con niveles altos de estrés (Garnett et al., 2021; Na et al., 2021; Merlo et al., 2021; Koopmann et al., 2020; Gaume et al., 2021) y en ciertos estudios relacionaron con altos niveles de los 3 factores, depresión, ansiedad y estrés (Stanton et al., 2020; Wang et al., 2021; Bonar et al., 2021; Gili et al., 2021).

Si bien es cierto que la sociabilidad es indispensable para las personas, las medidas preventivas no restringieron a cabalidad la interacción social, ya que, como menciona la OMS (2020), el distanciamiento es físico, mas no social, porque se puede mantener una distancia coherente y así socializar, incluso en la actualidad se mantiene el contacto con otras personas por medios electrónicos y redes sociales; entonces se abre un campo de discusión en torno a los cambios en las prácticas de consumo individualizadas y en grupo.

Esto se pudo evidenciar, mediante el análisis de 4 estudios longitudinales, realizados en Portugal, España, Reino Unido y Países Bajos, donde existe una relación entre el consumo de alcohol y algunas actividades grupales de ocio y distracción que pueden desarrollarse en entornos que propicien dicho consumo, siendo esta una práctica entre los adultos más jóvenes que se modificó, ya que, esta población mostró una disminución en el consumo de alcohol, posiblemente la razón es que no hubo encuentros o eventos a los cuales asistir en contexto de socialización, además es una población que seguramente la mayor parte depende económicamente de los padres o cuidadores (Evans et al., 2021; Merlo et al., 2021; Vasconcelos et al., 2021; Vera et al., 2021).

De los estudios revisados, 9 de ellos encontraron una relación directa entre el incremento del consumo de drogas y un alto nivel de estrés (Garnett et al., 2021; Koopmann et al., 2020; Merlo et al., 2021; Na et al., 2021; Stanton et al., 2020; Bonar et al., 2021; Wang et al., 2021; Gaume et al., 2021; Gili et al., 2021) , además deducen que se debe al confinamiento o encierro que las personas atravesaron alrededor de los meses de marzo, abril y mayo del año 2020, a pesar de ello, ciertos países como Noruega, que no tuvo un confinamiento tan estricto, sino cierres de negocios y establecimientos, no expone un incremento de consumo de alcohol, pero si la presencia de modificaciones en las prácticas de consumo de drogas ilícitas a causa de cierre del mercado, como sustitución de sustancias con incremento en las dosis (Welle-Strand et al., 2021).

La mayoría de estudios están centrados en el consumo de alcohol, se encontraron 18 artículos que manifiestan que durante la pandemia y en especial en el encierro o confinamiento, las personas optaron por el consumo de alcohol como una preferencia e incluso en 11 estudios se hace hincapié en el aumento del consumo en la población en porcentajes que oscilan entre el 14 y el 38%, este porcentaje indica el número de personas que refirieron haber aumentado su consumo (Barbosa et al., 2021; Chodkiewicz et al., 2021; Ferrante et al., 2021; Garnett et al., 2021; Jacob et al., 2021; Knell et al., 2020; Koopmann et al., 2020; Malta et al., 2020; Stanton et al., 2020; Sun et al., 2020; Vanderbruggen et al., 2020).

En ciertos lugares, la población que tiene un consumo problemático de drogas ilegales o que está en tratamiento, modificó sus prácticas de consumo en cuanto a la elección de drogas, a consecuencia de la crisis, el confinamiento, las restricciones y la falta de atención, esta población que a veces es invisibilizada por la sociedad fue la que presentó varias dificultades para acceder a las sustancias, por ende los usuarios cambiaron de droga a una de mayor acceso como el alcohol, e incluso mezclaron más sustancias, por la oscilación del mercado ilegal, el precio y la calidad (Gaume et al., 2021; Gili et al., 2021; Welle-Strand et al., 2021; Ali et al., 2021;.; 2021; Amerio et al. 2021), puede que esto haya sido una de las razones por las que en Los Ángeles las muertes por sobredosis hayan aumentado (Kelley et al., 2021).

Con respecto al consumo de cannabis, existe menor información, uno de los países que estudió esta sustancia es Estados Unidos, probablemente porque algunos estados ya han legalizado al cannabis para uso recreativo, sin embargo, los estudios encontrados proveen una visión general acerca de la tendencia que va en aumento (Bonar et l., 2021; Brenneke et al, 2021; Knell et al., 2020; Wang et al., 2021), a pesar de ello, en uno de los 4 estudios se encontró que el aumento fue casi imperceptible (Brenneke et al, 2021); en Illinois, se realizó un estudio longitudinal del cannabis de diciembre de 2019 a junio 2020, el proceso se inició a 1 mes de legalizada esta sustancia, donde se indagó acerca del impacto del COVID-19, a lo que respondieron no tener mayor impacto, sin embargo, en las preguntas abiertas se evidenció que hubo un incremento de consumo asociado a estrés, angustia y teletrabajo, aquellos que disminuyeron el consumo fue por cuidar su salud y alargar la tenencia del cannabis (Miller et al., 2021).

Al parecer, el acceso al cannabis durante el confinamiento fue algo dificultoso, ya que, al ser una sustancia mayormente ilegal en la mayoría de países en el mundo, la venta y la distribución se da en los mercados ilegales, se podría asumir que muchos tuvieron más restricción, tal como se evidencia la disminución en España, aunque en Bélgica se incrementó en un 2,1% (Fernández et al., 2021; Vanderbruggen et al., 2020), a pesar de ello, en el informe mundial sobre las drogas de la UNODC (2021), se menciona el incremento del consumo de cannabis durante la pandemia y el riesgo para la salud sobre todo en un uso mantenido, y el riesgo para los adolescentes, quienes cada vez lo perciben menos perjudicial, por ello la educación es esencial.

El incremento del consumo de tabaco, es alarmante, ya que, su consumo causa millones de muertes a nivel mundial, estudios revelan que se ha aumentado hasta casi en un 50% durante el confinamiento, unas poblaciones más que otras (Vanderbruggen et al., 2020; Stanton et al., 2020; Kar et al., 2021; Garnett et al., 2021; Sun et al., 2020; Malta et al., 2020; Ferrante et al., 2020). El problema en la actualidad es que la enfermedad del COVID-19 afecta directamente al sistema respiratorio, que puede estar debilitado o ya enfermo a causa del cigarrillo, por ello es importante las acciones de prevención, para evitar muertes por COVID-19, EPOC enfermedad pulmonar obstructiva crónica y cáncer de pulmón (Dai et al., 2020; Van Zyl-Smit et al., 2020).

Una parte de la población que requiere atención prioritaria son las mujeres embarazadas, más ahora, que el mundo enfrenta a un virus tan contagioso, que puede poner en riesgo la vida de las madres y sus hijos en el vientre; el porcentaje de mujeres que consumen alcohol durante el embarazo en Canadá es alto, 6,7% que aproximadamente son 500 mujeres de 7470, y el 12,8% del total consume al menos una droga, incluido el tabaco y el cannabis; son cifras preocupantes, ya que, los hijos pueden adquirir síndromes a consecuencia del consumo, y esta situación puede estar sucediendo en el resto de países (Kar et al., 2021).

Gracias a esta revisión se puede evidenciar que el número de estudios con respecto al consumo de alcohol durante la pandemia es extenso y sus resultados muestran que, las prácticas de consumo se modificaron, en la mayoría de los estudios el porcentaje de incremento fue mayor al de disminución de consumo, este incremento debería ser preocupación de los Estados, ya que, las personas pueden estar más vulnerables frente al COVID-19 (Barbosa et al., 2021), además, el consumo de alcohol puede producir cambios en el sistema inmunológico, tanto como activador a nivel neurológico como depresor ante enfermedades, si actúa como activador puede conducir a un Trastorno por Consumo de Alcohol, pero como depresor puede facilitar la aparición de enfermedades (Sarkar et al., 2015).

Los sistemas de salud organizados y preparados ante las crisis pueden solventar de manera más eficiente los requerimientos de la población que presenta un consumo problemático de drogas, porque el cambio en prácticas de consumo pueden generar mayores conflictos como una sobredosis (Kelley et al., 2021); en Estados Unidos, 25 directores de programas de la Fiscalía remitieron medidas adoptadas en sus servicios para tratamiento con opioides como la distribución de medicina a casa y asesoramiento con tele salud (Goldsamt et al., 2021).

Al parecer algunas naciones pudieron responder a la crisis sanitaria de forma oportuna tomando medidas beneficiosas para que el impacto en cuanto a contagios y muertes sea menor, tal como el caso de Australia y Noruega, que a pesar del incremento de contagios a mediados del 2021, según datos de Our World in Data, el de muertes es relativamente bajo (Ritchie et al., 2021); su sistema de tele-asistencia y servicios de apoyo es muy bueno, sin embargo, el aumento de ansiedad y el consumo de alcohol, es una manifestación entre sus habitantes (Welle-Strand et al., 2020; Kendrick e Isaac, 2020), lo que supone la necesidad de programas enfocados a la problemática del consumo de drogas. Los datos encontrados en la mayoría de los estudios, comparten similitudes con los resultados publicados en el informe mundial sobre las drogas de la UNODC (2021), los mismos que indican que el consumo de alcohol, tabaco, cannabis y sedantes se incrementaron durante las primeras etapas de la pandemia en el año 2020, pero también el informe hace referencia a los cambios en las prácticas de consumo de otras drogas como cocaína, heroína, MDMA y opioides, las cuales tuvieron otra tendencia, que fue, el cambio o mezcla de sustancia, debido al difícil acceso al mercado ilícito.

En el informe mundial sobre las drogas 2020, se menciona que alrededor 269 millones de personas usaron drogas en todo el mundo durante el 2018 (UNODC, 2020), mientras que en el informe del año 2021, se indica que las personas que consumieron drogas en el último año fue alrededor de 275 millones de personas; estas cifras evidencian que el incremento en el uso y consumo de drogas cada año va en aumento, es decir, que el porcentaje se ha incrementado desde el año 2010 al 2019 en un 22%, una razón es el incremento de población (UNODC, 2021).

La tendencia al incremento del consumo de drogas se evidenció, cuando la población estuvo frente a una situación de crisis, en especial en las primeras etapas de la pandemia, ya que, hubo mayores medidas restrictivas, que cambiaron el estilo de vida de las personas, siendo así, que en ciertas poblaciones de adultos, el incremento fue sustancial, llegando casi hasta el 50% de personas que reportaron haber modificado sus prácticas de consumo a consecuencia de la pandemia, por ejemplo, en el uso de tabaco (Stanton et al., 2021). Por tanto, el impacto social de la pandemia generó mayor pobreza y desigualdades, que podrían estimular el consumo por parte de las personas (UNODC, 2021). Una limitación de esta revisión fue establecer asociaciones específicas de las prácticas de consumo con otra variable, ya que, se ha investigado variables indistintas e importantes, tales como ansiedad, depresión, estrés, soledad, aburrimiento, hábitos, datos sociodemográficos, métodos de análisis de drogas, entre otras. Dada la naturaleza de los estudios y los diferentes contextos de aplicación durante la pandemia, los investigadores se enfrentaron al reto de analizar prácticas de consumo ante diversas situaciones de dominio y con ciertas limitaciones que se trasladan a este estudio. Los resultados de este estudio no se pueden generalizar porque son de distintas comunidades, pero si se pueden comparar para hacer proyecciones y consideraciones en programas, como también invitan a realizar futuros trabajos investigativos en Ecuador.

Sería importante realizar estudios longitudinales con usuarios de drogas que se encuentren en seguimiento, tal como lo hicieron en países europeos, para medir el impacto de las crisis en sus prácticas de consumo y con ello plantear intervenciones adecuadas de prevención y tratamiento, lo cual aportaría al conocimiento en la comunidad ecuatoriana. Por ello, el aporte de este estudio se centra en mostrar que la dinámica de una crisis circunstancial e inesperada genera cambios en la salud mental de las personas, más aún, si viene acompañada de medidas que limitan la sociabilidad y el normal desempeño de las actividades, un efecto de esta situación son los cambios en las prácticas de consumo; por esto, si una comunidad se prepara y mantiene una mejor salud mental, afrontará de mejor manera una crisis

Conclusiones

Mediante la revisión de los diferentes artículos presentados se determinó los cambios que han ocurrido en las prácticas de consumo de drogas en la población adulta frente a la pandemia del COVID- 19; se presentaron cambios como el aumento en la frecuencia y la cantidad de sustancia consumida, cambios de entorno de consumo, disminución del consumo, mezcla de sustancias, sustitución de drogas de consumo principal por otras básicas de fácil acceso y menor costo, inicio de consumo, recaídas y disminución del grado de tolerancia.

Estas prácticas de consumo modificadas, se generaron a raíz de un cambio en el estilo de vida de las personas, sobre todo durante el confinamiento, el mismo que sugiere la importancia de las relaciones sociales y el contacto físico entre las personas, mostrando una tendencia al malestar psicológico en una parte de la población que, asume como forma de afrontamiento el consumo de drogas, entre las variables correlacionadas más estudiadas estuvieron el estrés, la depresión y la ansiedad.

Existe literatura destacada acerca del consumo de alcohol durante la pandemia del COVID-19, muchos estudios están basados en la investigación de esta droga junto con tabaco y cannabis, incluso asociando los resultados a otras variables que abarcan los estilos de vida saludable y el bienestar de la salud mental; sin embargo, los estudios acerca de otro tipo de drogas ilegales son más escasos y menos frecuentes.

El estudio del consumo de sustancias ilegales se vuelve más complejo, ya que, se requiere de un registro y seguimiento por parte de instituciones que abarquen la problemática, además de la voluntad de los participantes en colaborar con una investigación de ese nivel, por ello, se recomienda que los sistemas de salud mejoren su organización con el fin de brindar un servicio de calidad a la población, en especial a aquellos que son invisibilizados por la sociedad.

Se recomienda a los profesionales de salud mental proveer de herramientas psicológicas y promover estilos de vida saludables en la población, que comprendan ejercicio, sana alimentación, descanso, uso adecuado de tecnología, pero sobre todo educación que abarque estrategias para el manejo del estrés y habilidades sociales como resolución de conflictos, resiliencia, empatía, etc., ya que, el consumo de drogas está asociado con insuficientes recursos psicológicos para afrontar diferentes tipos de crisis.  

Anexos – Prácticas de consumo de drogas durante la crisis sanitaria del COVID-19. Una revisión sistemática.pdf

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