El consentimiento informado

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 5–Mayo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº5: 229

Autor principal (primer firmante): Emilia Tarrazo Riesgo

Fecha recepción: 12 de Mayo, 2021

Fecha aceptación: 28 de Mayo, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(5): 229

Autor: Emilia Tarrazo Riesgo

Categoría profesional: Auxiliar Administrativo

Resumen

El consentimiento informado es la conformidad libre, voluntaria y consciente de un paciente, manifestada en el pleno uso de sus facultades después de recibir la información adecuada, para que tenga lugar una actuación que afecta a su salud.

Palabras clave: Consentimiento informado, autonomía, paciente.

Definición y legislación

El Consentimiento informado se define como la aceptación libre voluntaria y consciente por parte de un paciente de un acto diagnóstico o terapéutico manifestado en el pleno uso de sus facultades después de recibir la información adecuada, para que tenga lugar una actuación que afecta a su salud.

Dicho principio se sustenta en una importante base legal que posibilita la toma de decisiones de manera libre y voluntaria, quedando reflejado en el consentimiento informado.

Supone el reconocimiento de actuar de forma auto responsable y de que cada sujeto tiene derecho a elegir su propio destino vital y personal, siempre que no perjudique a sus derechos e intereses.

La autonomía es uno de los principios fundamentales en el ámbito de la salud e implica que todos los individuos deben ser tratados como agentes autónomos y que todas las personas cuya autonomía está disminuida tienen derecho a la protección. De esta manera se reconoce el derecho de cada persona para determinar su propio destino vital y personal, con el respeto a sus propias valoraciones.

La información previa básica que debe recibir el paciente para que pueda prestar su consentimiento válidamente, debe ser, personalizada, completa y continuada, incluyendo diagnóstico, pronóstico, riesgos y alternativas de tratamiento. Además, debe complementarse con una explicación breve de porqué el profesional ha elegido esta opción y no otra, e informar de que puede retirar el consentimiento de forma libre cuando lo desee. Es preciso adaptar el lenguaje en función del paciente (según sus condiciones de madurez y nivel cultural) para que éste lo pueda comprender

La información al paciente debe ser comprensible y no sesgada; la colaboración del paciente debe ser conseguida sin coerción y el médico no debe sacar partido de su potencial dominio psicológico sobre el paciente.

Los pacientes deben reunir cuatro condiciones para que sus decisiones sean racionales y autónomas.

  1. Disponer de una información suficiente.
  2. Comprender la información adecuadamente.
  3. Encontrarse libre para decidir de acuerdo con sus propios valores.
  4. Ser capaz para tomar la decisión en cuestión.

La excepción al deber de información de aquellos supuestos en los que, según el criterio del médico, carezca de capacidad para entender la información a causa de su estado físico o psíquico, en cuyo caso la información se pondrá en conocimiento de las personas vinculadas a él.

La Ley determina que el consentimiento también será verbal por regla general. Sin embargo, será por escrito en los casos siguientes: intervención quirúrgica, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores y, en general, aplicación de procedimientos que suponen riesgos o inconvenientes de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente.

En estos casos, es decir, cuando el consentimiento tiene que ser dado por escrito, el facultativo proporcionará al paciente, antes de recabar su consentimiento escrito, la información básica siguiente:

  1. Las consecuencias relevantes o de importancia que la intervención origina con seguridad.
  2. Los riesgos relacionados con las circunstancias personales o profesionales del paciente
  3. Los riesgos probables en condiciones normales, conforme a la experiencia y al estado de la ciencia o directamente relacionados con el tipo de intervención.
  4. Las contraindicaciones.

Al igual que la información será dada a los familiares o allegados cuando el paciente carezca de capacidad para entenderla a causa de su estado físico o psíquico, el consentimiento será otorgado por representación cuando el paciente no sea capaz de tomar decisiones, a criterio del médico responsable de la asistencia, o su estado físico o psíquico no le permita hacerse cargo de su situación. Si el paciente carece de representante legal, el consentimiento lo prestarán las personas vinculadas a él por razones familiares o de hecho.

Finalmente, cabe señalar que la Ley establece como excepción a la necesidad de obtener el consentimiento, permitiendo a los facultativos llevar a cabo las intervenciones clínicas indispensables en favor de la salud del paciente, aquellos supuestos en los que exista riesgo inmediato grave para la integridad física o psíquica del enfermo y no sea posible conseguir su autorización, consultando, cuando las circunstancias lo permitan, a sus familiares o a las personas vinculadas de hecho a él.

Aunque los familiares reciban información, opinen y ayuden al paciente a tomar decisiones, será el paciente el que firme el documento, las personas que padecen trastornos mentales, en ocasiones necesitan de familiares, cuidadores, u otros, que les acompañen y/o apoyen en la relación asistencial.

 Los profesionales deben aceptar que una de las competencias que se les pide y que forma parte de los objetivos de su quehacer es, junto a los conocimientos y habilidades propios de su profesión, la de ayudar a los enfermos a incorporar a su manera la situación en que se encuentran y las decisiones con las que deben hacerle frente.

La información tiene que darse de forma comprensible, ser y adecuada a las necesidades y los requerimientos del paciente, con el fin de ayudarlo a tomar decisiones de forma autónoma. Corresponde al médico responsable del paciente garantizar el cumplimiento del derecho a la información. También tienen que asumir responsabilidades en el proceso de información aquellos profesionales asistenciales que le apliquen una técnica o un procedimiento concreto.

El médico debe actuar con excelencia en el quehacer técnico, realizar su arte Existen ciertas situaciones especiales como aquellas en que se encuentra afectado, como por ejemplo la vida en circunstancias de urgencia, o frente a la falta de los representantes legales o competencia de esa persona.

Por ejemplo

  • Urgencia real y grave para el enfermo, que obliga a actuar sin tiempo para obtener un CI. El tiempo que para obtener el CI provocaría irremediablemente un daño grave a la integridad, salud o vida del paciente. El paciente necesita asistencia urgente por la gravedad del cuadro, permanece inconsciente y no hay familiares, ni allegados que puedan representarlo.
  • Grave riesgo para la salud pública, donde se puede omitir el CI para la internación, cuarentena u hospitalización.
  • Imperativo legal o judicial. En los casos que representan un peligro para la salud pública. Así se justifica la obligatoriedad para ciertas pruebas diagnósticas, vacunaciones y tratamientos forzosos con bondad y comprensión hacia el otro.

Bibliografía

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  2. MARCOS DEL CANO, A.M., Bioética y Derechos Humanos, UNED, Madrid, 2011.
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