Consecuencias clínicas de la pérdida de colágeno en la menopausia

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 700

Autor principal (primer firmante): Erica Morago Fuentes

Fecha recepción: 22/07/2026

Fecha aceptación: 18/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 700

Autores:

  1. Erica Morago Fuentes
  2. Cristina Morago Lausin
  3. María Elena Morago Fuentes
  4. Maida Alejandra Coraspe Piedra
  5. Mónica López Suárez
  6. María del Carmen Huertas Aguayo

Categoría: Enfermería, TCAE, Administración, Técnico en documentación y administración sanitaria, telefonista, servicios generales.

Palabras clave: Envejecimiento, factores, hormonas, aumento, colágeno, menopausia.

Introducción

La menopausia representa un proceso fisiológico caracterizado por el cese definitivo de la función ovárica y la disminución progresiva de la producción de estrógenos y progesterona. Entre las múltiples consecuencias derivadas de estos cambios hormonales, una de las más importantes es la alteración del metabolismo del colágeno. Los estrógenos desempeñan un papel fundamental en la regulación de la síntesis, organización y degradación del colágeno, así como en el mantenimiento de la matriz extracelular. Cuando disminuyen sus concentraciones, los fibroblastos reducen la producción de nuevas fibras colágenas mientras aumenta la actividad de las metaloproteinasas responsables de su degradación.

Este desequilibrio produce importantes consecuencias clínicas que afectan a la piel, el aparato locomotor, el sistema cardiovascular, el aparato urogenital y numerosos tejidos conectivos del organismo.

Desarrollo

El colágeno constituye aproximadamente el 30% de todas las proteínas corporales y representa el principal componente estructural de la matriz extracelular.

Su función consiste en proporcionar resistencia mecánica, elasticidad y soporte a los tejidos.

Los tipos I y III predominan en la piel, tendones, ligamentos, vasos sanguíneos y órganos internos, mientras que el colágeno tipo II constituye el componente principal del cartílago articular.

Durante la menopausia disminuye la síntesis de estos tipos de colágeno, favoreciendo el deterioro progresivo del tejido conectivo.

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La piel constituye el órgano donde estas alteraciones resultan más evidentes.

Diversos estudios han demostrado que durante los primeros cinco años posteriores a la menopausia puede perderse aproximadamente un 30% del colágeno dérmico.

Posteriormente continúa una disminución progresiva cercana al 2% anual.

Esta reducción produce adelgazamiento de la dermis, disminución de la elasticidad y pérdida de la firmeza cutánea.

Como consecuencia aparecen arrugas más profundas, flacidez facial y corporal, pérdida del contorno facial y mayor susceptibilidad a lesiones cutáneas.

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La disminución del colágeno también favorece la sequedad de la piel.

La matriz extracelular contiene glucosaminoglucanos y ácido hialurónico capaces de retener grandes cantidades de agua.

Cuando disminuye el colágeno también se altera la organización de estas moléculas, reduciendo la capacidad de hidratación de la dermis.

La piel adquiere un aspecto más áspero, seco y menos flexible.

Otra consecuencia importante consiste en la disminución de la capacidad de cicatrización.

La reparación de los tejidos depende de la proliferación de fibroblastos y de la adecuada síntesis de nuevas fibras colágenas.

Durante la menopausia este proceso resulta más lento y menos eficiente.

Las heridas tardan más tiempo en cicatrizar y las cicatrices presentan menor resistencia mecánica.

El cabello también experimenta modificaciones.

Aunque el folículo piloso depende de múltiples factores hormonales, la pérdida de colágeno alrededor de las estructuras de soporte contribuye a disminuir la calidad del cuero cabelludo.

Muchas mujeres presentan cabello más fino, frágil y con menor densidad durante la posmenopausia.

Las uñas también pueden volverse más quebradizas debido a las alteraciones del tejido conectivo que rodea la matriz ungueal.

El aparato locomotor constituye otro de los sistemas más afectados.

Los tendones están formados principalmente por colágeno tipo I organizado en haces paralelos capaces de soportar importantes tensiones mecánicas.

La disminución del colágeno reduce la resistencia tendinosa y aumenta la susceptibilidad a lesiones.

Como consecuencia aumenta la incidencia de tendinopatías, roturas parciales, inflamación crónica y dolor musculoesquelético.

Los ligamentos presentan alteraciones similares.

Estas estructuras estabilizan las articulaciones gracias a su elevado contenido de fibras colágenas.

La pérdida progresiva de colágeno disminuye su resistencia y elasticidad.

Esto favorece mayor laxitud articular, incremento del riesgo de esguinces y alteraciones biomecánicas que pueden limitar la movilidad.

El cartílago articular también resulta afectado.

Aunque está compuesto principalmente por colágeno tipo II, el descenso estrogénico altera la actividad de los condrocitos responsables de mantener la matriz cartilaginosa.

Disminuye la síntesis de colágeno y proteoglucanos mientras aumenta la degradación enzimática.

Estas alteraciones favorecen el desarrollo de artrosis, especialmente en rodillas, caderas y manos.

El hueso constituye otro tejido profundamente influenciado por el metabolismo del colágeno.

La matriz orgánica ósea está formada aproximadamente en un 90% por colágeno tipo I.

Esta red proteica sirve como soporte para el depósito de hidroxiapatita responsable de la resistencia mineral.

La disminución del colágeno altera la calidad estructural del hueso incluso antes de observarse una reducción significativa de la densidad mineral ósea.

Simultáneamente, la disminución estrogénica incrementa la actividad de los osteoclastos responsables de la resorción ósea.

La combinación de pérdida de colágeno y disminución de masa ósea favorece el desarrollo de osteoporosis.

Como consecuencia aumenta considerablemente el riesgo de fracturas vertebrales, de cadera, de radio distal y de otras localizaciones.

Estas fracturas representan una de las principales causas de discapacidad y pérdida de autonomía en mujeres de edad avanzada.

El sistema cardiovascular también experimenta importantes modificaciones.

La pared arterial contiene abundantes fibras de colágeno y elastina que proporcionan resistencia y flexibilidad.

La disminución del colágeno altera la arquitectura vascular y favorece el aumento de la rigidez arterial.

Esta pérdida de elasticidad contribuye al desarrollo de hipertensión arterial y aumenta el trabajo que debe realizar el corazón durante cada contracción.

La matriz extracelular del miocardio también depende del adecuado equilibrio entre síntesis y degradación del colágeno.

Las alteraciones producidas durante la menopausia pueden favorecer procesos de remodelado cardíaco y contribuir al deterioro progresivo de la función cardiovascular asociado al envejecimiento.

El aparato urogenital constituye uno de los sistemas más afectados por la pérdida de colágeno.

La vagina contiene abundantes fibras colágenas que mantienen su elasticidad y resistencia.

La disminución de estrógenos reduce la síntesis de colágeno y produce adelgazamiento de la mucosa vaginal.

Como consecuencia aparecen sequedad, disminución de la lubricación, dolor durante las relaciones sexuales e incremento de la fragilidad de los tejidos.

El suelo pélvico también experimenta importantes alteraciones.

Los músculos, ligamentos y fascias responsables del soporte de vejiga, útero y recto dependen de una adecuada organización del colágeno.

La pérdida progresiva de estas fibras disminuye la resistencia mecánica del suelo pélvico. Esto favorece la aparición de prolapsos genitales e incontinencia urinaria de esfuerzo.

La uretra y la vejiga presentan igualmente modificaciones estructurales.

La disminución del soporte conjuntivo reduce la eficacia del mecanismo de continencia urinaria.

Muchas mujeres desarrollan urgencia miccional, aumento de la frecuencia urinaria e infecciones urinarias recurrentes.

El aparato digestivo tampoco permanece completamente ajeno a estos cambios.

La pérdida de colágeno en la pared intestinal puede contribuir a disminuir parcialmente la resistencia del tejido conectivo.

Aunque este fenómeno resulta menos evidente que en otros órganos, puede favorecer alteraciones del soporte visceral y participar en algunos cambios relacionados con el envejecimiento gastrointestinal.

Las encías y la cavidad oral también pueden verse afectadas.

El colágeno constituye un componente esencial del ligamento periodontal y del tejido conectivo gingival.

Su disminución favorece retracción gingival, mayor movilidad dentaria y peor capacidad de reparación de los tejidos periodontales.

El sistema respiratorio experimenta cambios menos pronunciados, aunque la pérdida progresiva de fibras colágenas y elásticas puede contribuir a disminuir parcialmente la elasticidad pulmonar durante el envejecimiento.

Estos efectos suelen aparecer asociados a otros procesos fisiológicos propios de la edad. Las consecuencias psicológicas también merecen consideración.

Las alteraciones físicas derivadas de la pérdida de colágeno, especialmente los cambios cutáneos y corporales, pueden influir sobre la autoestima, la percepción de la imagen corporal y la calidad de vida.

Diversos estudios muestran que muchas mujeres experimentan preocupación por el envejecimiento visible asociado a la menopausia.

Las investigaciones actuales han permitido comprender mejor estos mecanismos.

Se ha demostrado que la disminución de estrógenos incrementa la actividad de metaloproteinasas como MMP-1, MMP-2 y MMP-9, responsables de degradar las fibras colágenas.

Paralelamente aumenta el estrés oxidativo y la inflamación crónica de bajo grado, factores que aceleran aún más el deterioro del tejido conectivo.

La evidencia científica indica que determinadas intervenciones pueden reducir parcialmente estas consecuencias.

La terapia hormonal sustitutiva administrada en mujeres adecuadamente seleccionadas mejora la síntesis de colágeno y disminuye su degradación.

El ejercicio físico, especialmente el entrenamiento de fuerza, favorece la estimulación mecánica de fibroblastos, tendones y huesos.

Una alimentación rica en proteínas, vitamina C, zinc, cobre y otros micronutrientes contribuye al mantenimiento de la síntesis normal de colágeno.

Asimismo, evitar el tabaquismo y la exposición excesiva a la radiación ultravioleta disminuye el daño oxidativo sobre la matriz extracelular.

La investigación continúa desarrollando nuevas estrategias terapéuticas dirigidas específicamente al metabolismo del colágeno.

Entre ellas destacan los moduladores selectivos de receptores estrogénicos, péptidos bioactivos derivados del colágeno, factores de crecimiento, terapias celulares y biomateriales capaces de estimular la regeneración del tejido conectivo.

Estas líneas de investigación buscan preservar la funcionalidad de múltiples órganos durante el envejecimiento femenino.

Conclusión

En conclusión, la pérdida de colágeno durante la menopausia constituye una de las principales consecuencias del descenso estrogénico y afecta de forma significativa a numerosos órganos y sistemas. Las alteraciones del metabolismo del colágeno producen cambios visibles en la piel, deterioro del aparato locomotor, pérdida de masa ósea, alteraciones cardiovasculares, disfunción del suelo pélvico, síndrome genitourinario de la menopausia y disminución de la capacidad de reparación tisular. La identificación precoz de estos cambios y la aplicación de medidas preventivas, junto con tratamientos individualizados cuando estén indicados, permiten minimizar sus consecuencias clínicas y favorecer un envejecimiento más saludable y una mejor calidad de vida.

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