Clasificación de la diverticulitis

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 390

Autor principal (primer firmante): Héctor Yarza Ibarzo

Fecha recepción: 12/07/2026

Fecha aceptación: 08/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 390

Autores:

  1. Héctor Yarza Ibarzo
  2. Jair Ruben Arapa Ale
  3. María Isabel Paz Rodríguez
  4. Zoila del Carmen Fajardo López
  5. Erica Morago Fuentes
  6. María Elena Morago Fuentes

Categoría: Enfermería, TCAE, TSIDMN, Celador, Administrativo, Farmacia, Telefonista, Conductor, Servicios generales.

Palabras clave: diverticulitis, intestino, enfermedad, sistema digestivo, inflamación.

Introducción

La diverticulitis es una complicación inflamatoria de la diverticulosis que presenta un amplio espectro clínico, desde cuadros leves autolimitados hasta formas graves con perforación, abscesos y peritonitis generalizada. Debido a esta gran variabilidad clínica, radiológica y evolutiva, se han desarrollado diferentes sistemas de clasificación cuyo objetivo es estandarizar el diagnóstico, orientar el tratamiento y estimar el pronóstico. En la actualidad, la clasificación de la diverticulitis se basa principalmente en la gravedad del proceso inflamatorio, la presencia de complicaciones, los hallazgos obtenidos mediante tomografía computarizada y la respuesta clínica del paciente.

Desarrollo

La primera clasificación ampliamente aceptada fue la clasificación de Hinchey, publicada en 1978. Inicialmente fue diseñada para describir la gravedad de la diverticulitis perforada observada durante la cirugía, aunque posteriormente se adaptó a los hallazgos obtenidos mediante tomografía computarizada y continúa siendo uno de los sistemas más utilizados en la práctica clínica.

Además de la clasificación de Hinchey, actualmente se emplean otras clasificaciones como la clasificación modificada de Hinchey, la clasificación de Ambrosetti, la clasificación de la Sociedad Mundial de Cirugía de Urgencias (World Society of Emergency Surgery, WSES) y diversas propuestas desarrolladas por sociedades científicas europeas y americanas.

La clasificación más sencilla divide la enfermedad en diverticulitis no complicada y diverticulitis complicada.

La diverticulitis no complicada representa aproximadamente entre el 70% y el 80% de todos los casos diagnosticados. Se caracteriza por la presencia de inflamación localizada del divertículo y de los tejidos pericólicos sin evidencia de abscesos, perforaciones, fístulas, obstrucción intestinal ni peritonitis.

Desde el punto de vista anatomopatológico, existe edema de la pared intestinal, infiltración de neutrófilos, congestión vascular e inflamación del tejido adiposo pericólico. La perforación, cuando existe, es únicamente microscópica y permanece contenida por los mecanismos defensivos locales.

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Clínicamente estos pacientes presentan dolor localizado habitualmente en la fosa ilíaca izquierda, fiebre moderada, leucocitosis y elevación de los marcadores inflamatorios. La mayoría responde favorablemente al tratamiento conservador y solo una pequeña proporción desarrolla complicaciones.

La diverticulitis complicada comprende aproximadamente entre el 20% y el 30% de los casos. Se caracteriza por la aparición de una o varias complicaciones derivadas de la progresión del proceso inflamatorio.

Entre estas complicaciones destacan la formación de abscesos, la perforación libre del colon, la peritonitis purulenta, la peritonitis fecaloidea, las fístulas, las estenosis y la obstrucción intestinal.

Estas formas presentan mayor gravedad clínica, requieren con mayor frecuencia ingreso hospitalario y, en muchos casos, tratamiento intervencionista o quirúrgico.

La clasificación de Hinchey continúa siendo el sistema más utilizado para graduar la gravedad de la diverticulitis complicada.

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El estadio I corresponde a la presencia de un absceso pericólico o un flemón localizado. En esta fase la inflamación permanece contenida alrededor del divertículo afectado gracias a la acción del mesenterio y del tejido adiposo pericólico.

Los abscesos pequeños, generalmente menores de cuatro o cinco centímetros, suelen responder adecuadamente al tratamiento antibiótico junto con reposo intestinal y seguimiento clínico.

El estadio II se caracteriza por la presencia de abscesos pélvicos, intraabdominales o retroperitoneales de mayor tamaño. En esta situación la infección ha progresado más allá del tejido pericólico, aunque permanece localizada.

Muchos de estos pacientes requieren drenaje percutáneo guiado mediante tomografía computarizada o ecografía, además del tratamiento antibiótico intravenoso.

El estadio III corresponde a la aparición de peritonitis purulenta generalizada. En este caso se ha producido una perforación del divertículo que permite la salida de material inflamatorio y pus hacia la cavidad abdominal.

Aunque la contaminación fecal todavía es limitada, existe una intensa respuesta inflamatoria del peritoneo que puede evolucionar rápidamente hacia sepsis si no se instaura tratamiento quirúrgico oportuno.

El estadio IV representa la forma más grave de la enfermedad. Se caracteriza por una perforación libre del colon con salida abundante de contenido fecal hacia la cavidad peritoneal, originando peritonitis fecaloidea difusa.

Estos pacientes presentan una elevada mortalidad si no reciben tratamiento quirúrgico urgente asociado a medidas intensivas de soporte hemodinámico y antibioterapia de amplio espectro.

Con el desarrollo de la tomografía computarizada surgió la clasificación modificada de Hinchey, que adapta los hallazgos radiológicos a la gravedad clínica.

En esta modificación, el estadio 0 corresponde a una diverticulitis leve con engrosamiento de la pared colónica e inflamación del tejido adiposo pericólico sin abscesos.

El estadio Ia incluye inflamación localizada con pequeñas burbujas de aire pericólico o mínima cantidad de líquido sin formación de abscesos.

El estadio Ib corresponde a pequeños abscesos pericólicos.

El estadio II comprende abscesos pélvicos, abdominales o retroperitoneales alejados del segmento colónico afectado.

Los estadios III y IV mantienen prácticamente la misma definición que la clasificación clásica, diferenciando la peritonitis purulenta de la peritonitis fecaloidea.

Otra clasificación ampliamente utilizada es la propuesta por Ambrosetti. Este sistema diferencia la diverticulitis moderada de la diverticulitis grave basándose exclusivamente en los hallazgos de la tomografía computarizada.

La diverticulitis moderada presenta únicamente engrosamiento de la pared intestinal superior a cinco milímetros e inflamación de la grasa pericólica.

La diverticulitis grave incluye abscesos, aire extraluminal, extravasación de contraste, líquido libre o perforación.

Su principal ventaja consiste en la sencillez de aplicación y su elevada correlación con la evolución clínica del paciente.

La Sociedad Mundial de Cirugía de Urgencias desarrolló posteriormente una clasificación más detallada basada completamente en la tomografía computarizada.

Esta clasificación diferencia la diverticulitis no complicada de varios grados progresivos de enfermedad complicada, considerando el tamaño de los abscesos, la cantidad de aire libre, la extensión del líquido peritoneal y la presencia de peritonitis generalizada.

Este sistema facilita la toma de decisiones terapéuticas individualizadas y se encuentra ampliamente incorporado en numerosas guías clínicas internacionales.

Además de clasificar la gravedad anatómica, actualmente también se consideran otros criterios clínicos.

La diverticulitis aguda corresponde al primer episodio inflamatorio diagnosticado.

La diverticulitis recurrente se define por la aparición de nuevos episodios tras la resolución completa del cuadro inicial. Aunque antiguamente se recomendaba cirugía electiva después de varios episodios, actualmente esta decisión se individualiza según la gravedad, la frecuencia de las recurrencias y las características del paciente.

La diverticulitis crónica corresponde a la persistencia de inflamación de bajo grado o síntomas mantenidos tras un episodio agudo, generalmente asociados a fibrosis, estenosis o alteraciones funcionales del colon.

También puede clasificarse según la respuesta al tratamiento.

La diverticulitis de resolución rápida responde favorablemente al tratamiento conservador sin desarrollar complicaciones.

La diverticulitis persistente mantiene síntomas inflamatorios a pesar del tratamiento inicial.

La diverticulitis refractaria corresponde a los casos que requieren procedimientos invasivos o cirugía debido a la falta de respuesta clínica.

Desde el punto de vista microbiológico, la mayoría de los episodios corresponden a procesos polimicrobianos en los que participan bacterias aerobias y anaerobias propias de la microbiota colónica, aunque esta clasificación posee menor relevancia clínica que las anteriores.

La tomografía computarizada constituye actualmente la prueba diagnóstica de referencia para establecer la clasificación de la enfermedad. Permite identificar el grado de inflamación de la pared colónica, el compromiso del tejido adiposo pericólico, la presencia de abscesos, perforaciones, aire extraluminal, líquido libre y otras complicaciones.

Estos hallazgos determinan directamente la estrategia terapéutica.

Las formas no complicadas suelen tratarse de manera ambulatoria con dieta adaptada, analgesia y, en pacientes seleccionados, sin necesidad de antibioterapia sistemática.

Los abscesos pequeños generalmente responden al tratamiento médico, mientras que los mayores requieren drenaje percutáneo.

Las formas con peritonitis generalizada precisan cirugía urgente. La clasificación también posee un importante valor pronóstico.

Los pacientes con diverticulitis no complicada presentan una elevada tasa de curación y baja mortalidad.

Por el contrario, las formas clasificadas como Hinchey III y IV presentan mayor riesgo de sepsis, fracaso multiorgánico, necesidad de colostomía temporal y complicaciones postoperatorias.

Las clasificaciones actuales también ayudan a decidir la necesidad de colonoscopia tras la resolución del episodio agudo. En pacientes con diverticulitis complicada suele recomendarse realizar una colonoscopia semanas después para descartar enfermedades neoplásicas u otras patologías del colon que puedan simular el cuadro inflamatorio.

Las investigaciones actuales buscan desarrollar sistemas de clasificación más completos que integren no solo los hallazgos anatómicos, sino también biomarcadores inflamatorios, características genéticas, composición de la microbiota intestinal y factores relacionados con la respuesta inmunitaria.

Estos nuevos modelos permitirán una Medicina más personalizada, adaptando el tratamiento al riesgo individual de cada paciente.

Conclusión

En conclusión, la clasificación de la diverticulitis constituye una herramienta esencial para valorar la gravedad del proceso inflamatorio, orientar el tratamiento y establecer el pronóstico. La diferenciación entre diverticulitis no complicada y complicada representa el primer paso diagnóstico, mientras que sistemas como la clasificación de Hinchey, su versión modificada, la clasificación de Ambrosetti y la propuesta por la sociedad mundial de cirugía de urgencias permiten una evaluación más precisa basada principalmente en los hallazgos de la tomografía computarizada. Su utilización ha contribuido significativamente a mejorar el manejo clínico, reducir intervenciones innecesarias y optimizar los resultados terapéuticos de esta frecuente enfermedad digestiva.

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