Cambios en el metabolismo: sistema endocrino por el envejecimiento

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 57

Autor principal (primer firmante): María Elena Morago Fuentes

Fecha recepción: 04/08/2026

Fecha aceptación: 31/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 57

Autores:

  1. María Elena Morago Fuentes
  2. Maida Alejandra Coraspe Piedra
  3. Mónica López Suárez
  4. María del Carmen Huertas Aguayo
  5. Erica Morago Fuentes
  6. Cristina Morago Lausin

Categoría:

Enfermería, TCAE, Administración, Técnico en documentación y administración sanitaria, telefonista, servicios generales.

Palabras clave:

Endocrino, hormonas, cuerpo humano, metabolismo, salud.

Introducción

El metabolismo comprende el conjunto de procesos bioquímicos mediante los cuales el organismo obtiene energía, sintetiza moléculas esenciales y mantiene el funcionamiento normal de las células y tejidos. El sistema endocrino desempeña un papel fundamental en la regulación del metabolismo mediante la producción de hormonas que controlan el aprovechamiento de carbohidratos, proteínas y grasas, el equilibrio energético, la temperatura corporal, el crecimiento y la composición corporal. Con el envejecimiento se producen modificaciones progresivas tanto en la producción hormonal como en la sensibilidad de los tejidos a dichas hormonas, lo que ocasiona importantes cambios metabólicos que influyen sobre la salud y la calidad de vida de las personas mayores.

Desarrollo

El envejecimiento no supone una interrupción del metabolismo, sino una adaptación gradual caracterizada por una disminución de la eficiencia de numerosos procesos fisiológicos.

Estos cambios son consecuencia de factores genéticos, celulares, hormonales y ambientales que actúan de forma conjunta a lo largo de los años.

Uno de los cambios metabólicos más importantes es la disminución del metabolismo basal. El metabolismo basal representa la cantidad mínima de energía que el organismo necesita para mantener funciones vitales como la respiración, la circulación sanguínea, la actividad cerebral y el funcionamiento de los órganos internos durante el reposo.

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A partir de los 30 o 40 años, el metabolismo basal comienza a disminuir progresivamente. Este descenso se relaciona principalmente con la pérdida de masa muscular, la reducción de la actividad física y los cambios hormonales propios del envejecimiento.

La disminución de la hormona del crecimiento constituye uno de los principales factores responsables de esta alteración.

La hormona del crecimiento favorece la síntesis proteica, el crecimiento muscular y la utilización de grasas como fuente energética. Durante el envejecimiento disminuye progresivamente su producción, fenómeno conocido como somatopausia.

Como consecuencia disminuye la masa muscular, aumenta el tejido adiposo y se reduce el gasto energético diario.

Simultáneamente disminuyen las concentraciones del factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1, sintetizado principalmente en el hígado bajo la influencia de la hormona del crecimiento.

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La reducción de ambas hormonas favorece el desarrollo de sarcopenia, caracterizada por una pérdida progresiva de masa y fuerza muscular.

El músculo esquelético constituye el principal tejido consumidor de energía en reposo. Por ello, la disminución de la masa muscular reduce significativamente el metabolismo basal y facilita el aumento de peso incluso cuando la ingesta calórica permanece constante.

Otro cambio importante afecta al metabolismo de los carbohidratos.

Durante el envejecimiento aumenta progresivamente la resistencia a la insulina.

La insulina es la principal hormona encargada de facilitar la entrada de glucosa desde la sangre hacia las células.

Con el paso de los años, músculo, hígado y tejido adiposo responden menos eficazmente a la acción de esta hormona.

Como consecuencia, el páncreas necesita producir mayores cantidades de insulina para mantener concentraciones normales de glucosa.

Inicialmente este mecanismo compensador consigue controlar la glucemia, pero con el tiempo las células beta pancreáticas pueden perder capacidad funcional, aumentando el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2.

Diversos factores contribuyen a la resistencia insulínica durante el envejecimiento.

Entre ellos destacan la disminución de la masa muscular, el incremento del tejido adiposo visceral, la reducción de la actividad física y la inflamación crónica de bajo grado.

El tejido adiposo abdominal produce numerosas sustancias inflamatorias que interfieren con las vías de señalización de la insulina, agravando aún más la resistencia hormonal.

El metabolismo de los lípidos también experimenta modificaciones importantes.

Con la edad disminuye la capacidad para movilizar y oxidar grasas como fuente de energía.

Al mismo tiempo aumenta la acumulación de grasa visceral alrededor de los órganos abdominales.

Este tipo de grasa presenta una elevada actividad endocrina y produce diversas adipocinas y citocinas inflamatorias que favorecen el desarrollo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Además, suele observarse un aumento de los triglicéridos plasmáticos y una disminución parcial del colesterol unido a lipoproteínas de alta densidad.

Estos cambios favorecen la aparición de aterosclerosis y aumentan el riesgo cardiovascular. Las hormonas sexuales también participan activamente en la regulación del metabolismo.

En la mujer, la menopausia provoca una disminución brusca de la producción de estrógenos.

Estos ejercen múltiples efectos metabólicos, favoreciendo la utilización de glucosa, el mantenimiento de la masa ósea y una distribución saludable de la grasa corporal.

Su disminución favorece la acumulación de grasa abdominal, incrementa la resistencia a la insulina y acelera la pérdida de masa muscular y densidad mineral ósea.

En el hombre, la reducción gradual de testosterona también influye sobre el metabolismo.

La testosterona favorece la síntesis proteica, el desarrollo muscular y la utilización de grasas.

Su descenso progresivo contribuye a la disminución del metabolismo basal, al aumento del tejido adiposo y a la reducción de la fuerza muscular.

La glándula tiroides desempeña un papel esencial en la regulación metabólica.

Las hormonas tiroideas controlan el consumo de oxígeno, la producción de calor y el gasto energético celular.

Durante el envejecimiento, aunque las concentraciones de tiroxina suelen mantenerse relativamente estables, disminuye parcialmente la conversión periférica hacia triyodotironina activa.

Como consecuencia disminuye discretamente la velocidad de numerosos procesos metabólicos.

Esta reducción favorece una menor producción de calor, mayor sensibilidad al frío y una disminución del gasto energético.

La función de las glándulas suprarrenales también influye sobre el metabolismo durante el envejecimiento.

El cortisol participa en la regulación del metabolismo de carbohidratos, proteínas y grasas.

En muchas personas mayores aumenta ligeramente la exposición mantenida al cortisol debido a modificaciones en su ritmo circadiano.

El exceso crónico de cortisol favorece el catabolismo muscular, aumenta la producción hepática de glucosa y facilita la acumulación de grasa abdominal.

Además, disminuye la sensibilidad a la insulina y favorece la pérdida de masa ósea.

Paralelamente disminuye la producción de dehidroepiandrosterona, hormona suprarrenal implicada en numerosos procesos metabólicos.

Su descenso se ha relacionado con disminución de la masa muscular, reducción de la fuerza física y alteraciones del metabolismo energético.

El metabolismo de las proteínas también cambia significativamente.

La síntesis de nuevas proteínas musculares disminuye debido a la menor producción de hormona del crecimiento, IGF-1 y testosterona, así como por la resistencia anabólica propia del envejecimiento.

La resistencia anabólica consiste en una menor capacidad del músculo para responder a los aminoácidos procedentes de la alimentación.

Como consecuencia, las personas mayores necesitan una mayor cantidad de proteínas de alta calidad para estimular eficazmente la síntesis proteica muscular.

Si la alimentación no aporta suficientes proteínas o existe sedentarismo, la pérdida de masa muscular progresa con mayor rapidez.

El metabolismo óseo también experimenta importantes modificaciones.

La disminución de estrógenos y testosterona reduce la formación de hueso nuevo.

Al mismo tiempo disminuye la producción de vitamina D activa debido a una menor capacidad cutánea y renal.

Como respuesta aumenta la secreción de hormona paratiroidea, favoreciendo la liberación de calcio desde el tejido óseo para mantener concentraciones normales en sangre.

Este proceso contribuye al desarrollo de osteopenia y osteoporosis. Otro cambio relevante afecta al metabolismo hídrico y electrolítico.

Con el envejecimiento disminuye la sensibilidad a la sed y la capacidad renal para concentrar la orina.

Además, la respuesta hormonal de la aldosterona y la hormona antidiurética puede resultar menos eficiente.

Estas alteraciones incrementan el riesgo de deshidratación y de trastornos del equilibrio del sodio y del potasio.

El tejido adiposo adquiere una mayor importancia endocrina durante el envejecimiento.

Las células grasas producen hormonas como leptina y adiponectina, además de múltiples citocinas inflamatorias.

Con el aumento del tejido adiposo visceral aparece resistencia a la leptina, alterando la regulación del apetito y del gasto energético.

Al mismo tiempo disminuye la actividad protectora de la adiponectina y aumenta la producción de sustancias proinflamatorias.

Este estado inflamatorio crónico favorece el deterioro metabólico y contribuye al desarrollo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y fragilidad.

Las mitocondrias también participan en los cambios metabólicos asociados al envejecimiento.

Estas estructuras celulares producen la mayor parte de la energía utilizada por las células.

Con el paso de los años disminuye su eficiencia funcional, aumenta el estrés oxidativo y se reduce la producción de adenosín trifosfato.

Como consecuencia disminuye la capacidad energética de los tejidos y aumenta la producción de radicales libres, favoreciendo el envejecimiento celular.

La inflamación crónica de bajo grado constituye otro componente esencial del envejecimiento metabólico.

Diversas hormonas y citocinas mantienen una activación inflamatoria persistente, aunque de baja intensidad.

Este fenómeno, denominado inflammaging, altera la función de numerosos órganos y favorece la resistencia hormonal, el deterioro muscular, la pérdida ósea y el desarrollo de enfermedades crónicas.

El metabolismo energético también responde con menor eficacia al ejercicio físico.

Las personas mayores presentan una menor liberación de hormonas anabólicas durante la actividad física y una recuperación metabólica más lenta.

No obstante, el ejercicio continúa siendo una de las intervenciones más eficaces para mejorar la sensibilidad a la insulina, preservar la masa muscular y mantener un metabolismo saludable.

La alimentación desempeña igualmente un papel fundamental.

Una dieta equilibrada, rica en proteínas de alta calidad, fibra, frutas, verduras, grasas insaturadas y micronutrientes favorece el mantenimiento de la función endocrina y del metabolismo energético.

Asimismo, un adecuado aporte de calcio y vitamina D contribuye a preservar la salud ósea, mientras que la reducción del consumo de azúcares refinados y grasas saturadas ayuda a prevenir alteraciones metabólicas.

El sueño también influye sobre el metabolismo endocrino.

Durante el envejecimiento disminuye la producción de melatonina y se altera el sueño profundo.

Estas modificaciones afectan la secreción de hormona del crecimiento, cortisol e insulina, favoreciendo alteraciones metabólicas adicionales.

Conclusión

En conclusión, el envejecimiento produce importantes cambios en el metabolismo regulado por el sistema endocrino. Disminuyen el metabolismo basal, la masa muscular, la sensibilidad a la insulina y la capacidad para utilizar eficientemente los nutrientes, mientras aumenta la acumulación de grasa visceral, la inflamación crónica y el riesgo de enfermedades metabólicas. Estas alteraciones son consecuencia de cambios en la producción hormonal, la sensibilidad de los tejidos y el funcionamiento celular. Sin embargo, una alimentación adecuada, el ejercicio físico regular, un descanso suficiente y el control de los factores de riesgo permiten preservar en gran medida la función metabólica y favorecer un envejecimiento saludable.

Bibliografía

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