Calidad de vida de pacientes en hemodiálisis hospitalaria vs diálisis peritoneal continua ambulatoria

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 5–Mayo 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº5: 183

Autor principal (primer firmante): Raquel Andreo Única

Fecha recepción: 18 de abril, 2023

Fecha aceptación: 15 de mayo, 2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(5) 183

Autores

  1. Raquel Andreo Única, Enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  2. Antonio Lafuente Arrieta, Enfermero de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  3. María de los Remedios Blanco Ortega, Enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  4. Virginia Ariño Trasobares, Enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  5. Noelia Suárez Martínez, Enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.
  6. Ana Belén Gimeno Martínez, Enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, Zaragoza, España.

Resumen

El objetivo es comparar la satisfacción con la vida y la calidad de vida en pacientes en hemodiálisis hospitalaria (HDH) y diálisis peritoneal continua ambulatoria (DPCA) para poder realizar intervenciones de acuerdo a las características y situación de vida por la que están atravesando dichos pacientes, dando lugar a una mayor efectividad en el tratamiento.

De los 8 artículos que comparan la calidad de vida entre pacientes sometidos a hemodiálisis hospitalaria y diálisis peritoneal continua ambulatoria, 6 coinciden en que no hay diferencias entre una modalidad dialítica y otra.

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Sólo dos difieren del resto, y de estos dos uno defiende que es mejor la calidad de vida en pacientes sometidos a hemodiálisis hospitalaria y el otro señala que es lo contrario, que es mejor en diálisis peritoneal.

Esta revisión concluye que no hay diferencias significativas en la calidad de vida entre los pacientes sometidos a HDH y DPCA.

Por ello, y dado que los síntomas percibidos son los mejores predictores de diversos problemas psicológicos detectados en estos pacientes, la elección de una técnica u otra deberá realizarse teniendo en cuenta las manifestaciones sintomáticas que cada una ocasionará al paciente, orientándole hacia aquella con la que se anticipan menos síntomas percibidos por el mismo.

Palabras clave

Hemodiálisis, diálisis peritoneal, calidad de vida, afrontamiento, tratamiento renal sustitutivo, insuficiencia renal crónica.

Introducción

La Insuficiencia Renal Crónica (IRC) es una enfermedad que implica la pérdida gradual de la función de los riñones, ésta es progresiva y puede llegar a ser terminal cuando la capacidad renal se reduce a un 10% (1).

Los pacientes con IRC deben someterse a tratamientos sustitutivos no curativos, que tienen la finalidad de evitar la uremia, que es el síndrome clínico y analítico que refleja la disfunción de todos los sistemas orgánicos como consecuencia de la insuficiencia renal aguda o crónica no tratada, que puede poner en peligro la vida (2).

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Estos tratamientos son altamente invasivos, demandantes y que involucran altos costes para el paciente y su familia, a nivel físico, psicológico, social y económico (1, 3, 4).

Dentro de los tratamientos empleados para el manejo de la IRC se encuentran la hemodiálisis (HD) y la diálisis peritoneal continua ambulatoria (DPCA) (5, 6, 7, 8).

Los pacientes sometidos a Hemodiálisis deben acoplar su actividad cotidiana a las condiciones de tratamiento: desplazarse desde el domicilio al centro sanitario, estar conectado a una máquina de diálisis tres veces por semana y durante 3 o 4 horas al día, condicionar todos los desplazamientos fuera del domicilio habitual a la disponibilidad de la máquina de diálisis en el lugar al que se traslada, experimentar algunos síntomas en cada sesión, realizar los cuidados prescritos para mantener la fístula en condiciones óptimas y controlar de manera rigurosa la ingesta de líquidos (6, 8).

Por otro lado, para efectuar la Diálisis Peritoneal Continua Ambulatoria es preciso que el paciente sea cuidadosamente entrenado en el manejo del procedimiento.

Debe aprender a discriminar correctamente su estado físico para decidir la frecuencia y calidad de los intercambios necesarios que pueden oscilar de tres a cuatro.

A pesar de que el paciente puede compartir más tiempo con su familia, desempeñar un trabajo y no requiere asistir a la unidad renal para la realización de la diálisis, el procedimiento requiere mayor espacio, elementos especiales de higiene en el hogar, lo que puede ser causa de estrés para sus familiares. Finalmente, la DPCA implica la presencia constante de un catéter en el abdomen y un

considerable riesgo de peritonitis, cuya gravedad puede ser muy variada (3, 7).

El impacto de la IRC se pone de relieve al considerar cómo influye la enfermedad en la “calidad de vida” de los enfermos. Para ello es importante comparar las características de los pacientes mejor adaptados a cada modalidad de diálisis, con el fin de prescribir la más adecuada a cada persona en función de sus características psicológicas (8).

El término calidad de vida es reciente, aparece hacia 1975 y tiene su gran expansión a lo largo de los años 80. Pero, aunque el término es reciente, bajo la forma de preocupación individual y social por la mejora de las condiciones de vida, existe desde los comienzos de la historia de la humanidad. Resulta difícil pues, hablar de un enfoque histórico, ya que es más actualidad que historia.

No existen referencias históricas bibliográficas del concepto calidad de vida en sí, de ahí que tengamos que recurrir a sus términos afines (salud, bienestar y felicidad) para hacer un poco de historia.

Su desarrollo tienes dos fases claramente delimitadas. La primera de ellas surge con las primeras civilizaciones, se extiende prácticamente hasta finales del S. XVIII y se preocupa básicamente por la salud privada y pública.

La segunda aparece con el desarrollo de la concepción moderna del estado, y la instauración de una serie de leyes que garantizan los derechos y el bienestar social del ciudadano, proceso extremadamente reciente que converge con la aparición del “estado del bienestar” (9).

La Organización Mundial de la Salud define a la calidad de vida como un proceso de percepción personal del nivel de bienestar alcanzado a través de la combinación de condiciones de vida y el grado de satisfacción con la misma (2,7).

La calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) es un concepto multidimensional centrado en el paciente que valora diferentes aspectos de la vida del paciente: salud física y sintomatología, capacidad funcional, bienestar emocional y psicológico y capacidad social (9, 10, 11).

En España la asistencia en Tratamiento Renal Sustitutivo (TRS), es universal en todas las Comunidades Autónomas y, en 2013 fue de 50.567 lo que supone una prevalencia de 1.087,5 pacientes por millón de población, de los cuales aproximadamente el 40.6% están en Hemodiálisis asistida y el 5% en Diálisis Peritoneal (el resto de pacientes han sido sometidos a trasplante anticipado (12).

Ante los cambios que surgen en esta nueva forma de vivir, las personas en diálisis manifiestan una alta tasa de ansiedad y depresión. Todos estos cambios se ven reflejados en una peor percepción de la calidad de vida con respecto a la población general.

La diálisis conlleva cambios adversos, ante los cuales las personas ponen en marcha pensamientos y acciones para afrontarlos, unos consiguen encontrar una vida más o menos satisfactoria mientras que otros se sumen en el pesimismo y el abandono (13).

Objetivos

Comparar a través de una revisión bibliográfica las diferencias existentes de calidad de vida en enfermos renales crónicos sometidos a hemodiálisis y diálisis peritoneal.

Informar al personal de Enfermería sobre la calidad de vida de los pacientes sometidos a hemodiálisis o diálisis peritoneal y sus familiares para que puedan, a su vez, realizar intervenciones de acuerdo a las   características y situación de vida por la que están atravesando dichos pacientes, dando lugar a una mayor efectividad en el tratamiento.

Metodología

Para realizar esta revisión bibliográfica se han utilizado las bases de datos Dialnet y PubMed, la revista científica Scielo, la editorial on-line Elsevier, publicaciones oficiales on- line de organizaciones y revistas españolas de nefrología y Enfermería nefrológica (SEDEN y SEN).

También se ha contado con la ayuda de ALCER (Asociación de Lucha Contra las Enfermedades de Riñón). Se han realizado búsquedas manuales en Google Académico.

De los artículos encontrados, se ha realizado una criba en la que se seleccionan los artículos para realizar la comparativa en base a la actualidad del artículo y, sobre todo, al cuestionario utilizado.

La calidad de vida en pacientes en tratamiento renal sustitutivo se evaluó mayoritariamente mediante los cuestionarios de salud SF-36 y Whoqol 100. La validez y aplicabilidad de ambos cuestionarios ha sido probada en pacientes con insuficiencia renal.

Una vez realizada la búsqueda de la bibliografía a revisar, se disponen de un total de 18 artículos en los que se estudia la calidad de vida de los pacientes sometidos a TRS, pero sólo 8 de ellos comparan la DPCA con la HDH.

El resto comparan una de las dos modalidades con el resto de la población, por ello son desechados para las conclusiones de este trabajo ya que no cumplen con el objetivo de comparar la calidad de vida de pacientes en una y otra modalidad de tratamiento renal sustitutivo.

Además, en esta búsqueda bibliográfica se han escogido los artículos en los que los cuestionarios utilizados sean lo más semejantes posible como son el SF-36 y el Whoqol-100. También hay 1 artículo en el que se usa el cuestionario PCE (Perfil de Consecuencias de la Enfermedad) que es la versión española del Sickness Impact Profile.

Es un cuestionario diseñado para pacientes con algún tipo de disfunción o discapacidad de moderada a grave provocada por una enfermedad (14).

El cuestionario de Salud SF-36 está compuesto por 36 preguntas (ítems) que valoran los estados tanto positivos como negativos de la salud.

La versión española del SF- 36 es uno de los instrumentos genéricos más utilizados en el territorio nacional, tanto en estudios descriptivos que miden el impacto sobre la CVRS en distintas poblaciones de pacientes, como para la evaluación de intervenciones terapéuticas (14,15).

El cuestionario WHOQOL 100 World Health Organization Quality Of Life-100

(Organizacion Mundial de la Salud, 1998) (16). Es un instrumento de 100 ítems autoadministrable que evalúa seis campos: físico (SF), psicológico (SPS), independencia (NI), relaciones sociales (RS), ambiente (AM) y espiritual (ES). Estos campos contienen 24 facetas de cuatro ítems cada uno, para un total de 96 ítems y una faceta adicional de 4 ítems que pertenecen a Calidad de Vida global y Salud General (CVG) (3, 15).

El Plan de Cuidados se realizó usando la metodología enfermera en los cuidados profesionales, la taxonomía:

  • Diagnósticos Enfermeros. Definiciones y Clasificación. NANDA International.
  • Clasificación de Resultados de Enfermería (NOC).
  • Clasificación de Intervenciones de Enfermería (NIC).

Desarrollo

Dado el claro aumento de la prevalencia de los pacientes en TRS, para la Enfermería profesional el estudio de la calidad de vida del paciente con IRC le permite realizar intervenciones de acuerdo a las características y situación de vida por la que está atravesando.

El objetivo de la Enfermería debe centrarse en ayudar a los individuos a satisfacer más plenamente sus necesidades, incrementando su conocimiento de las múltiples alternativas que tienen en relación con su salud y, por otra parte, restablecer y mantener el bienestar psicológico de estos pacientes para así incidir en la adaptación de comportamientos más funcionales, que redunden en su estado de salud, entre ellos, tener una mejor adhesión al tratamiento y asumir de forma natural los cambios permanentes en el estilo de vida que su condición implica (2,10,17).

Forma parte del saber popular dentro del ámbito de la nefrología que, salvo contraindicación expresa, la DPCA es mejor técnica dialítica que la HDH.

Si sólo nos basamos en resultados clínicos se puede decir que, en la actualidad, gracias a los avances tecnológicos, no se aprecia gran diferencia entre una modalidad de diálisis y otra, pero en cuanto a los factores psicosociológicos la diálisis peritoneal está, a priori, muy por encima de la hemodiálisis.

No obstante, en este trabajo se pretende llegar a comparar la calidad de vida que presentan los pacientes con IRC que están sometidos a estas dos técnicas dialíticas en base a una revisión bibliográfica en la que se hayan realizado estudios comparativos.

Con respecto al plan de cuidados, se considera que con las mismas intervenciones podemos solucionar total o parcialmente más de un diagnóstico, así que se han reducido los diagnósticos de Enfermería a los necesarios para que nos permitan actuar con la mayor eficiencia en la Unidad de Diálisis. Sin embargo, no son excluyentes del resto, pudiendo el

enfermero establecer cualquier otro diagnostico que corresponda según la taxonomía NANDA, ante un problema real o potencial de salud.

Planificación y ejecución

1) DxE: (00146) Ansiedad R/C amenaza de cambio en el estado de salud M/P síntomas fisiológicos, conductuales, cognitivos y afectivos.

NOC (Objetivos): (1402) Autocontrol de la ansiedad:

  • Busca información para reducir la ansiedad.
  • Ausencia de manifestaciones de una conducta de ansiedad.
  • Controla la respuesta de ansiedad.

NIC (Intervenciones):

(4920) Escucha Activa.

  • Aclarar el mensaje mediante el uso de preguntas y retroalimentación.
  • Favorecer la expresión de sentimientos.

NIC (Intervenciones):

(5820) Disminución de la Ansiedad.

  • Animar la manifestación de sentimientos, percepciones y miedos.
  • Proporcionar información objetiva respecto del diagnóstico, tratamiento y pronóstico.

2) DxE: (00046) Deterioro de la integridad cutánea R/C Factores mecánicos: Hematomas repetidos. Zonas de punción repetidas. Vías centrales. Sustancias químicas M/P Alteración de la superficie de la piel.

NOC (Objetivos): (1105) Integridad del acceso de diálisis.

  • Flujo de volumen de sangre a través de la fístula.
  • Coloración cutánea periférica distal.

NIC (Intervenciones):

(3660) Cuidados de las heridas.

  • Administrar cuidados en la zona de punción.
  • Proporcionar cuidados en el sitio de la vía venosa central, si es necesario.

(2316) Administración de medicación tópica.

  • Aplicar el fármaco tópico según esté prescrito.
  • Controlar si se producen efectos locales, sistémicos y adversos a la medicación.

3) DxE: (00025) Riesgo de desequilibrio de volumen de líquidos, R/C Edemas periféricos, disnea, aumento de peso excesivo interdiálisis.

NOC (Objetivos):

(0601) Equilibrio hídrico.

  • Presión arterial;
  • Entradas y salidas diarias equilibradas;
  • Peso corporal estable;
  • Edema periférico 1902 – Control de riesgo.
  • Reconoce los factores de riesgo.
  • Sigue las estrategias de control de riesgo seleccionadas.
  • Modifica el estilo de vida para reducir el riesgo.

NIC (Intervenciones): (4120) Manejo de líquidos.

  • Pesar a diario y controlar la evolución.
  • Observar signos de sobrecarga/retención de líquidos.
  • Realizar un registro preciso de ingesta y eliminación.
  • Vigilar el estado de hidratación (membranas mucosas, pulso adecuado y presión sanguínea ortostática).
  • Controlar los cambios de peso antes y después de la diálisis;
  • Monitorizar signos vitales, si procede. Distribuir la ingesta de líquidos en 24 horas si procede.
  • Monitorizar el estado nutricional.

4) DxE: (00004) – Riesgo de infección. R/C Procedimientos invasivos: fístulas arteriovenosas, vías centrales (transitorias o permanentes); portadores de estafilococo aureus; déficit de higiene.

NOC (Objetivos): (1902) Control de riesgo.

  • Reconoce los factores de riesgo.
  • Sigue las estrategias de control de riesgo seleccionadas.
  • Modifica el estilo de vida para reducir el riesgo

NIC (Intervenciones): (6540) Control de infecciones.

  • Limpieza de la piel del paciente con un agente antibacteriano, si procede.
  • Instruir al paciente y a la familia acerca de los signos y síntomas de infección y cuando debe informarse de ellos al cuidador.
  • Mantener un sistema cerrado mientras se realiza la monitorización hemodinámica invasiva.
  • Enseñar al paciente y a la familia a evitar infecciones.

5) DxE: (00069) Afrontamiento inefectivo R/C Falta de confianza en la capacidad para afrontar la situación; Alto grado de amenaza. M/P Falta de conductas orientadas al logro de objetivos o a la resolución de problemas.

NOC (Objetivos): 1300 – Aceptación: Estado de Salud.

  • Renuncia el concepto previo de salud;
  • Reconocimiento de la realidad de la situación de salud;
  • Se adapta al cambio en el estado de salud.

NIC (Intervenciones):

5230 – Aumentar el afrontamiento.

  • Proporcionar al paciente información objetiva respecto del diagnóstico, tratamiento y pronóstico.
  • Alentar una actitud de esperanza realista como forma de manejar los sentimientos de impotencia.

5606 – Enseñanza: Individual.

  • Establecer metas de aprendizaje mutuas y realistas con el paciente;
  • Instruir al paciente y, si es posible, al cuidador.

6) DxE: 00126 – Conocimientos deficientes de IRC y su plan terapéutico en diálisis R/C falta de exposición, mala interpretación de la información y limitación cognitiva M/P Verbalización del problema. Seguimiento inexacto de las instrucciones.

NOC (Objetivos): (1803) Conocimiento del proceso de la enfermedad.

  • Descripción del proceso de la enfermedad.
  • Descripción de la causa o factores contribuyentes.
  • Descripción de los efectos de la enfermedad.
  • Descripción de las precauciones para prevenir complicaciones.

NIC (Intervenciones):

5606 – Enseñanza: individual.

  • Determinar el nivel actual de conocimientos y comprensión de contenidos del paciente.
  • Establecer metas de aprendizaje mutuas y realistas con él.
  • Instruirle cuando corresponda.
  • Instruir al cuidador si es posible.

5602 – Enseñanza: Proceso de Enfermedad.

  • Explicar la fisiopatología de la enfermedad y su relación con la anatomía y la fisiología
  • Describir el proceso de la enfermedad.
  • Remitir al paciente a los centros/grupos de apoyo comunitarios.

NOC (Objetivos): 1802 – Conocimiento de la dieta.

  • Descripción de la dieta recomendada.
  • Descripción de las ventajas de seguir la dieta recomendada.
  • Descripción de las comidas que deben evitarse.
  • Descripción de interacciones de los medicamentos con la comida.

NIC (Intervenciones): 5614 – Enseñanza: dieta prescrita.

  • Explicar el propósito de la dieta.
  • Proporcionar un plan escrito de comidas.
  • Si procede enseñar a leer las etiquetas y seleccionar los alimentos adecuados.
  • Ayudar al paciente a acomodar sus preferencias de comidas en la dieta prescrita.
  • Enseñar al paciente a planificar las comidas adecuadas.
  • Enseñar al paciente a llevar un diario de comidas, si resulta posible.

NOC (Objetivos): 1808 – Conocimiento de la medicación.

  • Descripción de las acciones de la medicación.
  • Descripción de la administración correcta de la medicación.

NIC (Intervenciones) 5616 – Enseñanza: medicamentos prescritos.

  • Instruir al paciente acerca de la administración/aplicación de cada medicamento.
  • Enseñar al paciente a realizar los procedimientos necesarios antes de tomar la medicación.
  • Instruir al paciente acerca de los posibles efectos secundarios adversos de cada medicamento.

NOC (Objetivos): 1814 – Conocimiento: Procedimientos terapéuticos.

  • Descripción del procedimiento terapéutico. Descripción del propósito del procedimiento.
  • Descripción de las precauciones de la actividad.
  • Descripción de los posibles efectos indeseables.
  • Descripción de las acciones apropiadas durante las complicaciones.

NIC (Intervenciones): 5618 – Enseñanza. Procedimiento/Tratamiento.

  • Informar al paciente del propósito y actividades del tratamiento/procedimiento.
  • Informar al paciente sobre la forma en que puede ayudar en la recuperación.
  • Explicar el procedimiento/tratamiento. Explicar la necesidad de ciertos equipos (dispositivos de monitorización) y sus funciones.
  • Obtener el consentimiento informado del paciente del procedimiento/tratamiento de acuerdo con la política del centro.
  • Discutir la necesidad de medidas especiales durante el tratamiento.
  • Enseñar al paciente cómo cooperar/participar durante el procedimiento/tratamiento.
  • Discutir tratamientos alternativos, si procede.

Discusión

Cabe destacar que, aunque no sea el objeto del estudio, en la totalidad de los artículos consultados, se apunta a que es el trasplante renal el tratamiento de la IRC con mejores resultados en cuanto a la calidad de vida.

También es muy importante para conseguir mejorar la calidad de vida los pacientes con insuficiencia renal crónica (IRC) en tratamiento de diálisis, sea la modalidad que sea, acudir a la consulta prediálisis, porque de esta manera obtienen toda la información que necesitan sobre su enfermedad y su tratamiento (18).

Con respecto a los artículos encontrados que hacen la comparación entre la hemodiálisis hospitalaria y el resto de la población hay que destacar que la totalidad de las publicaciones coinciden en que los pacientes en este tratamiento tienen un menoscabo importante de la calidad de vida sobre todo en el aspecto social.

Aunque también se señala que es posible que el deterioro de la calidad de vida en estos pacientes sea debido al estado de depresión que presentan a raíz de la propia enfermedad y no tanto al tratamiento en sí (las sesiones de hemodiálisis) (1, 10, 11, 17, 19, 20, 21).

La bibliografía en la que se compara la calidad de vida de los pacientes sometidos a diálisis peritoneal con el resto de la población también señala el desajuste psicológico significativamente elevado y lo asocia a medias más altas de ansiedad ante la muerte, depresión, desesperanza e idea suicida; a menor calidad de vida, mayor soledad consecuente con una baja percepción de soporte social (2,7,22, 23).

B. Ruiz de Alegría-Fernández de Retana y col. (13) apuntan a que el grupo de pacientes sometidos a estudio que reciben diálisis peritoneal mantienen mayor actividad laboral que el de HDH y, sin embargo, no se encuentran diferencias en calidad de vida. Tal vez la ausencia de diferencias en comorbilidad pueda explicar también la ausencia de diferencias en calidad de vida.

Sin embargo, la mayoría de las personas en DPCA se sienten más satisfechas comparando con las de HDH. Las diferencias que se encuentran en la utilización de estrategias de afrontamiento entre ambos grupos, los de DPCA recurren a la búsqueda de apoyo, luchar por mejorar su situación (resolución de problemas), expresión regulada de emociones, distracción, podrían explicar que la mayoría de los pacientes en DPCA sientan más bienestar, mayor satisfacción de su vida, que los pacientes en HDH.

P.A. Acosta Hernández, L.C. Chaparro López, C.A. Rey Anacona (3) defienden que al contrastar el tratamiento de hemodiálisis y diálisis peritoneal se encuentra que las puntuaciones obtenidas en la calidad de vida son similares, por lo tanto no parecen diferir en los aspectos objetivos y subjetivos de la misma; sin embargo, los pacientes de hemodiálisis tienen una puntuación más alta en nivel de independencia, lo cual facilita el desarrollo de las actividades de su vida diaria y la ejecución de proyectos de vida.

F. Alvarez-Ude, E. Vicente, X. Badía (25) señalan que no se han objetivado diferencias en calidad de vida entre los dos tratamientos debido a que el tamaño de la muestra no es estadísticamente representativo ya que hay un escaso número de pacientes en DPCA y las diferencias en la situación clínica entre ambas poblaciones hacen muy difícil extraer conclusiones de esta comparación. No obstante, los datos de la literatura que han consultado en su artículo, apuntan a que no existen diferencias que puedan atribuirse a la modalidad de diálisis.

Así como los anteriores autores comentados, A. Sayin, R. Mutluay, S. Sindel (25) coinciden con ellos en que no existen diferencias en la calidad de vida de los pacientes sometidos a tratamiento renal sustitutivo. Las diferencias pueden venir dadas por la comorbilidad entre pacientes o sus estrategias de afrontamiento y no tanto por la modalidad dialítica escogida.

B. Ruiz de Alegría Fernández de Retana y col. (26) señalan que no se encuentran diferencias significativas en cuanto a calidad de vida en los dos grupos estudiados.

Pero sí encuentran que los pacientes en DPCA perciben menos estrés, mayor satisfacción con la vida y recurren más a pensamientos positivos que los pacientes en HDH que, por su parte, tienen peor estado emocional, se sienten más preocupados, más cansados, con menos energía. Además, activan estrategias de evitación, que son poco adaptativas.

M.D. Mirhelen Mendes de Abreu y col. (27) defienden que no existen diferencias de calidad de vida entre una modalidad dialítica y otra. Sí que indican que los pacientes en DPCA tienen mayor satisfacción con su vida que los de HDH pero que si nos fijamos en los datos clínicos hubo una mejoría más notable en los pacientes de hemodiálisis hospitalaria, pero esto es debido a que partían de un peor estado de salud que los pacientes que se sometieron en el tratamiento de diálisis peritoneal continua ambulatoria.

S. Caballero Morales y col. (28) señalan que la calidad de vida de los pacientes en diálisis peritoneal es mejor respecto a la de los pacientes en hemodiálisis, esto puede ser debido a que los pacientes entrevistados en este trabajo ingresaron en hemodiálisis cuando habían terminado su reserva peritoneal.

El artículo anterior difiere de lo reportado por K.B. Rosario Dionicio, L.A. Santiago Toto (6), quienes encontraron una mejor calidad de vida en los pacientes en hemodiálisis respecto de los pacientes en diálisis peritoneal. Esta diferencia puede deberse a la relación existente entre enfermera-paciente ya que éste se siente seguro durante su tratamiento dialítico, con el apoyo del personal y convivencia con personas en la misma condición.

Conclusión

PRIMERA: Esta revisión concluye que no hay diferencias significativas en la calidad de vida entre los pacientes sometidos a HDH y DPCA. Por ello, y dado que los síntomas percibidos son los mejores predictores de diversos problemas psicológicos detectados en estos pacientes, la elección de una técnica u otra deberá realizarse teniendo en cuenta las manifestaciones sintomáticas que cada una ocasionará al paciente, orientándole hacia aquella con la que se anticipan menos síntomas percibidos por el mismo.

SEGUNDA: En lo que se refiere a las diferencias que hay entre las dos técnicas dialíticas, los pacientes en peritoneal tienen mayor satisfacción con la vida y menos estrés que los pacientes en hemodiálisis hospitalaria, que recurren con mayor asiduidad a estrategias de evitación, aunque tienen más seguridad durante su tratamiento ya que convive con personas en la misma condición y obtienen más regularmente el apoyo del personal de Enfermería.

TERCERA: Orientándonos hacia el desarrollo de programas de intervención para mejorar la calidad de vida de los pacientes renales, se podrían estudiar detenidamente las fuentes de estrés físico que les afectan, en función del tratamiento en el que se encuentren. Conociendo este detalle, se pueden diseñar estrategias de asesoramiento encaminadas a controlar esas fuentes de estrés y a regular la percepción de los síntomas, de modo que su influencia en el estado emocional sea lo más baja posible.

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