Caídas en una Unidad de Psicogeriatría en una residencia

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 5–Mayo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº5: 27

Autor principal (primer firmante): M.ª Jesús Asín Martínez

Fecha recepción: 9 de Abril, 2021

Fecha aceptación: 1 de Mayo, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(5): 27

Autora: M.ª Jesús Asín Martínez. Graduada en Enfermería y especialista en Enfermería Geriátrica.

Resumen

El deterioro cognitivo y las caídas constituyen dos síndromes geriátricos muy prevalentes e íntimamente relacionados. En el caso del anciano que vive en residencias los factores de riesgo de caídas más importantes son: polifarmacia, deterioro funcional y cognitivo e incontinencia urinaria. Como ya conocemos, el anciano con deterioro cognitivo o una demencia, tiene mucho más riesgo de caída y de consecuencias generalmente más graves. Ante tan importante problema de salud y el perfil de nuestros residentes, queremos conocer nuestra prevalencia y realizar un análisis más en profundidad de las caídas, además de revisar las medidas que adoptamos para ver si podemos mejorar la seguridad de los ancianos que viven en nuestra residencia.

Palabras clave: caídas, deterioro cognitivo, prevención, abordaje multidisciplinar, residencia.

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Introducción

La Organización Mundial de la salud (OMS) define el término de caída como, “La consecuencia de cualquier acontecimiento que precipite al individuo al suelo en contra de su voluntad”.

Las caídas es uno de los síndromes geriátricos más importantes debido a su frecuencia, elevada morbimortalidad y deterioro en la funcionalidad (1). Además, la tendencia a caerse constituye un indicador de fragilidad (1)(7). En los ancianos, es conocida su alta incidencia y prevalencia de caídas (1).

Las caídas tienen múltiples etiologías. En el envejecimiento se producen cambios físicos que predisponen a las caídas como pueden ser: degeneración articular, disminución de la agudeza visual, enlentecimiento, etc. Además de la confluencia de posibles enfermedades crónicas y de ingesta de medicación. En el caso del anciano que vive en residencias los factores de riesgo de caídas más importantes son: polifarmacia, debilidad muscular, deterioro funcional y cognitivo e incontinencia urinaria (7).

Es a partir de los 65 años cuando el riesgo anual de sufrir una caída aumenta considerablemente, pudiendo afectar hasta el 30 % de la población, siendo las mujeres más propensas a sufrirlas (alrededor del 40%), mientras que los hombres lo hacen en un 20 %. El riesgo se incrementa cuando la persona tiene una edad de 80 o más años, llegando a ser del 50 % (2). Pero si, además, la persona tiene un deterioro cognitivo (otro síndrome geriátrico) o una demencia, entonces el anciano tiene mucho más riesgo de caída y de consecuencias generalmente más graves. Es una realidad que, en residencias, y a pesar de las medidas de protección y prevención que se toman, este colectivo sufre un promedio de 4 caídas al año, el doble del que sufren el resto de residentes (2).

Así pues, las caídas son un importante problema de salud en los ancianos y por eso, se han realizado numerosos estudios a nivel nacional e internacional. Ahora sabemos que la mayoría de las caídas son debidas a procesos degenerativos a nivel cerebral, se estudian y se definen dentro del “síndrome del riesgo cognitivo motor” (2).

Por tanto, ante un problema tan complejo, el abordaje de las caídas, deberá de ser multifactorial y multidisciplinar. Por ello, es necesario conocer nuestra prevalencia y realizar un análisis más en profundidad de las caídas, además de revisar las medidas que adoptamos para ver si podemos mejorar la seguridad de los ancianos que viven en nuestra residencia.

Objetivos

  1. Analizar las caídas durante el año 2020 en una unidad de psicogeriatría.
  2. Analizar si hubo más caídas tras finalizar aislamientos tras la 1ª ola del COVID -19.
  3. Describir las medidas preventivas que realizamos y valorar si se puede introducir alguna más.

Método y resultados

1. Analizar las caídas durante el año 2020 en una unidad de psicogeriatría:

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La muestra son los 53 ancianos que viven en la unidad de psicogeriatría de nuestra residencia. Todos ellos están diagnosticados de algún grado de deterioro cognitivo o de demencia (la más frecuente, enfermedad de Alzheimer). Según la escala Tinetti, que valora el riesgo de caída, los valores durante todos los meses oscilaron entre 52 y 48 personas con riesgo de caída. Por lo que queda de manifiesto que todos los meses más del 90% de nuestros residentes tenían riesgo de sufrir una caída. En el año 2020 se produjeron 53 caídas. Todas ellas en ancianos que mantienen una deambulación independiente y por factores intrínsecos a la persona (no ambientales), lo que aun hace más difícil su prevención. Las caídas con consecuencias fueron: 4 fracturas (1 de muñeca, 2 de huesos de la nariz y 1 del seno maxilar); 4 traumatismos craneoencefálicos (que evolucionaron sin complicaciones) y 4 heridas contusas localizadas en cara, cabeza y mano. A destacar que hay 9 ancianos que se han caído 3 veces o más en ese año. La edad media de los ancianos que han sufrido una caída ha sido de 80,8 años.

2. Analizar si hubo más caídas tras la 1º ola del COVID-19 en la que hubo confinamiento y aislamientos en habitaciones por casos positivos.

En el primer semestre se produjeron 18 caídas, y en los meses de marzo, abril y mayo, se observa una tendencia de casos menor posiblemente por la reducción de la movilidad impuesta por las circunstancias del COVID-19. Y en el segundo semestre se produjeron 35 caídas, casi el doble que en el primer trimestre del año. Analizando las causas, ha habido residentes que efectivamente se han caído más después del COVID-19. Aunque se hizo un esfuerzo muy importante en nuestra residencia movilizando y adaptando los recursos e incluso contratando más personal para poder atender a las numerosas y diferentes necesidades durante la 1º ola de los ancianos, el deterioro secundario ha sido significativo tanto a nivel psíquico como motor en algunos de nuestros residentes. Pero también, el aumento del número de caídas se debe a que a partir de septiembre tuvimos nuevos ingresos siendo el perfil de ancianos en los primeros estadios de la demencia, que mantienen una deambulación errática, inquietud y con alteraciones conductuales.

3. Describir las medidas preventivas que realizamos y valorar si se puede introducir alguna más.

Es imprescindible una valoración geriátrica integral al ingreso y de manera periódica, así como estar atentos ante cualquier cambio en el estado de salud en cualquiera de sus áreas. Dentro de esta valoración integral, se le realiza al anciano la escala Tinetti, que nos indica el riesgo de caída y en nuestro caso la realizan las fisioterapeutas. Según su resultado y valoración en el ingreso, la fisioterapeuta le pautará al anciano, el plan de ejercicio diario a seguir y valorará si precisa de alguna ayuda técnica y/o de algún programa de ejercicios en concreto, que se realizan de manera individualizada y/o en grupo, dirigidos a la prevención de caídas como son: entrenamiento de la marcha, ejercicios de fortalecimiento de miembros superiores e inferiores, ejercicios de coordinación y trabajo del equilibrio, etc. También los terapeutas ocupacionales hacen una importante labor en cuánto a la prevención y recuperación funcional del anciano.

El equipo de Enfermería tiene un papel también fundamental en la detección y prevención de las caídas. Éste, deberá realizar una valoración geriátrica integral sistemática, estandarizada e individualizada donde se registren los datos adecuadamente, se realicen escalas de valoración y se establezca un plan de cuidados. Dentro de este plan de cuidados, los diagnósticos de Enfermería NANDA (3)(4), con sus NOC (objetivos) (3)(5) y NIC (intervenciones) (3)(6) correspondientes más utilizados en nuestra unidad de psicogeriatría relacionados con las caídas son:

El principal es:

NANDA 00155: RIESGO DE CAÍDAS.

NOC 1902: Control del riesgo.

NOC 1909: Conducta de seguridad: prevención de caídas. NIC 6486: Manejo ambiental: seguridad.

NIC 6490: Prevención de caídas.

  • Identificar déficit, cognoscitivos o físicos del paciente que puedan aumentar la posibilidad de caídas en un ambiente dado.
  • Identificar las características del ambiente que puedan aumentar las posibilidades de caídas.
  • Controlar la marcha, el equilibrio y el cansancio en la deambulación.
  • Ayudar a la deambulación de la persona inestable.
  • Bloquear las ruedas de las sillas, camas u otros dispositivos, en las transferencias del paciente.
  • Instruir al paciente para que pida ayuda al moverse, si lo precisa.
  • Utilizar dispositivos físicos de sujeción que limiten la posibilidad de movimientos inseguros, si está indicado.
  • Utilizar barandillas laterales de longitud y altura adecuadas para evitar caídas de la cama, si es necesario.
  • Colocar la cama mecánica en la posición más baja.
  • Proporcionar al paciente dependiente medios de solicitud de ayuda (timbre o luz de llamada) cuando el personal no esté cerca.
  • Utilizar una alarma de cama que alerte al cuidador de que la persona sale de la cama, si procede.
  • Evitar la presencia de objetos desordenados en la superficie del suelo.
  • Disponer luz nocturna en la mesilla de noche si procede o dejar la luz del baño encendida
  • Evitar disposiciones innecesarias del ambiente físico.
  • Asegurar que el paciente lleve zapatos que se ajusten correctamente, firmemente atados y con suelas antideslizantes.
  • Colaborar con otros miembros del equipo de cuidados sanitarios para minimizar los efectos secundarios de los medicamentos que contribuyen a la posibilidad de caídas (hipotensión ortostática y andar inestable).

NIC (6554): Vigilancia: seguridad.

  • Observar si hay alteraciones de la función física o cognoscitiva del paciente que puedan conducir a una conducta insegura.
  • Determinar el grado de vigilancia requerido por el paciente en función del nivel de funcionamiento y de los peligros presentes en el ambiente.
  • Proporcionar el nivel adecuado de supervisión / vigilancia para vigilar al paciente y permitir las acciones terapéuticas, si es necesario.
  • Comunicar la información acerca del riesgo del paciente a los otros miembros del personal de cuidados.

* El equipo de Enfermería, teniendo en cuenta el perfil psicogeriátrico de todos nuestros residentes y que todas las caídas que hemos tenido en esta unidad el año pasado fueron debidas a factores intrínsecos, deberemos poner especial atención en realizar las siguientes medidas: una revisión periódica del tratamiento junto con medicina ya que el estado de salud cambia, control de tensión arterial periódica en ancianos que toman algunos fármacos( diuréticos, antihipertensivos), vigilancia de aparición síntomas vagales o hipotensión ortostática, proporcionar una dieta equilibrada y facilitar su ingesta(con menús variados, presentación atractiva), fomentar una ingesta hídrica adecuada (infusiones, gelatinas, zumos), cuidado de los pies, supervisar que lleven calzado adecuado y ropa cómoda, facilitar la higiene y ayuda en el baño si lo necesitan, mantener un nivel de actividad óptimo y favorecer el ejercicio.

Sin embargo, de todas estas medidas aceptadas universalmente, la evidencia sobre las posibles actuaciones para disminuir el riesgo de caída en este grupo poblacional resulta escasa, siendo la vitamina D y el ejercicio físico las intervenciones más prometedoras según algunos estudios (1).

Otros diagnósticos frecuentes asociados que suelen presentar los ancianos que sufren caídas repetidas por factores intrínsecos son (3) (4):

NANDA (00088): Deterioro de la deambulación. NANDA (00085): Deterioro de la movilidad física. NANDA (00110): Déficit de autocuidado: uso del W.C. NANDA (00129): Confusión crónica.

NANDA (00130): Trastorno de los procesos de pensamiento. NANDA (00016): Deterioro de la eliminación urinaria.

Además, durante las primeras semanas del ingreso del anciano en nuestra residencia, se le realiza una supervisión estrecha para valorar como se va adaptando, identificar posibles factores de riesgo (fármacos, insomnio, déficits sensoriales, ambientales), reevaluar y detectar nuevas necesidades para introducir mejoras.

También se ofrecerá a los residentes que lo necesiten, dispositivos individualizados apropiados tanto para déficit sensoriales como aquellos que nos alerten del movimiento en caso de inestabilidad en la marcha (tanto de asiento como en la cama) para poder acudir y poder acompañarlos.

El equipo de Enfermería, para llevar un seguimiento adecuado y poder evaluar las circunstancias en las que se producen las caídas y mejorar la atención en los ancianos, aplicará las siguientes medidas:

  1. protocolo de atención en las caídas
  2. registro estandarizado de las mismas en el que quede reflejado los siguientes datos:

Información general (día y hora, quién detecta la caída), antecedentes(medidas de prevención en cama, silla y/o caminando, tiempo transcurrido ultima caída), tratamiento y diagnósticos (si ha habido algún cambio en su medicación, si toma fármacos como ansiolíticos, hipotensores, neurolépticos, diuréticos), análisis de la caída(lugar, si estaba solo o no, actividad que realizaba en el momento de la caída, tiempo de permanencia en el suelo, levantamiento del suelo autónomo o no, descripción relatada de la caída y valoración de Enfermería, así como si la caída ha sido provocada por factor extrínseco o intrínseco), consecuencias (sin lesiones, heridas, contusión, fracturas), medidas de prevención( las que proponemos analizando todos los factores de riesgo y las circunstancias en las que se ha producido la caída). Señalar, que existe una normativa legal vigente que obliga a realizar un registro sistemático de las caídas que ocurren en las residencias (7).

3. monitorización de todas las caídas que se producen en nuestra residencia, para analizar su indicador y mejorar así la calidad asistencial.

Por otra parte, como centro residencial deberemos proporcionar espacios seguros, amplios, con buena iluminación, que tengan una adecuada señalización de los espacios, que se reduzcan al máximo los obstáculos, etc. Es decir, deberemos actuar para minimizar al máximo los posibles factores extrínsecos o ambientales de las caídas: suelos antideslizantes, reducir al máximo las barreras arquitectónicas, etc. Pero también es necesario poner la atención, no solo en los elementos estructurales sino en cómo se utilizan y las propias dinámicas del centro, sus rutinas de trabajo, sus carencias y los momentos o lugares críticos donde suelen ocurrir las caídas, ya que algunas de ellas ocurren si haberlas objetivado (7).

Conclusiones

– La valoración del riesgo de caída, en el anciano que vive en una residencia, debe estar protocolizada, en el ingreso y luego periódicamente. Además de reevaluarla ante cualquier cambio significativo ya sea por causa aguda o por el propio deterioro progresivo de su estado de salud.

– La prevención de las caídas en el anciano se debe abordar de forma multifactorial y multidisciplinar, siendo nuestro principal objetivo el de reducir al máximo el número de caídas, garantizando así su seguridad y evitando la morbimortalidad que se desprende de ellas. Para ello, es fundamental implantar estrategias de prevención generales y específicas sobre los factores de riesgo detectados.

– El trabajo en equipo, el abordaje multidisciplinar y una comunicación fluida entre los profesionales, mejorará la detección precoz del riesgo de caída, favorecerá la implementación de medidas preventivas proporcionadas e individualizadas centradas en la persona y, por lo tanto, mejorará la seguridad y la calidad de vida de los ancianos que viven en nuestra residencia.

Para concluir, comentar que, según diferentes estudios, se conoce que tanto el deterioro cognitivo como las caídas están correlacionados por asociaciones específicas entre funciones cognitivas ejecutivas y parámetros de la marcha (1). Actualmente podemos evaluar el riesgo que tiene una persona con deterioro cognitivo de sufrir una caída mediante la utilización de pruebas duales.

Existen muchos tipos de pruebas duales, pero las que se más se utilizan para valorar los trastornos de la marcha en el anciano son un acto motor como prueba distractora (generalmente caminar) asociado a una prueba cognitiva o motora como prueba primaria (aritmética, fluencia verbal, etc) (1). Pero son necesarios más estudios científicos que aclaren qué intervenciones son realmente eficaces, aunque la vitamina D y el ejercicio físico pueden jugar un papel destacado en próximas investigaciones (1).

Bibliografía

  1. Álvaro Casas Herrero, Nicolás Martínez Velilla, Francisco Javier Alonso Renedo. Deterioro cognitivo y riesgo de caída en el anciano. Revista española de geriatría y gerontología. Vol.46, numero 6. páginas 311-318 (noviembre-diciembre 2011). Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista- revista-espanola-geriatria-gerontologia- 124-sumario-vol-46-num -6-S0211139X11X00070.
  2. López Pousa, S. El rincón del experto: Deterioro cognitivo, demencia y riesgo de caídas [en línea]. Circunvalación del Hipocampo, febrero 2020 [Consulta: 30 de marzo de 2021]. Disponible en:  https://www.hipocampo.org/rincon-del- experto/ExpertCase0007.asp.
  3. https://www.mundoenfermero. com/nandanocnic.
  4. NANDA. Diagnósticos enfermeros: definiciones y clasificación. 2018-2020. 11º edic. Barcelona Elsevier España S.L.U.; 2019. 6.
  5. NOC. Clasificación de resultados de Enfermería: Medición de resultados en salud. 2018. 6º edic. Barcelona Elsevier España S.L.U.; 2018. 7.
  6. NIC. Clasificación de intervenciones de Enfermería: 2018. 7º edic. Barcelona. Elsevier España S.L.U.; 2018.
  7. Alfonso González Ramírez, Juan José Calvo Aguirre, Pilar Lekuona Ancizar, Juan Luis González Oliveras, Teresa Marcellán Benavente, Ana Ruiz de Gordoa Armendia, Antoni Salvá Casanovas Pablo Alcalde Tirado, Teresa González Alonso, Reyes Padilla Clemente, Mercedes Clerencia Sierra, Elena Ubis Diez. El fenómeno de las caídas en residencias e instituciones: revisión del Grupo de Trabajo de Osteoporosis, Caídas y Fracturas de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (GCOF- SEGG). Revista Elsevier. Vol. 48. Núm. 1, páginas 30-38 (enero – febrero 2013).