Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 10–Octubre 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº10: 208
Autor principal (primer firmante): Fernando Pequeño Barquín
Fecha recepción: 8 de Octubre, 2021
Fecha aceptación: 25 de Octubre, 2021
Ref.: Ocronos. 2021;4(10) 208
Autor:
- Fernando Pequeño Barquín
La definición más correcta es “el síndrome de desgaste profesional o burnout es un estado de agotamiento mental, emocional y físico que se presenta como resultado de exigencias agobiantes, estrés crónico o insatisfacción laboral”. El síndrome de Burnout en el año 2000 fue declarado por la OMS como un factor de riesgo laboral por su capacidad de cambiar de forma drástica la calidad de vida del trabajador, su salud mental y también puede llegar a producir riesgo para su propia vida.
Los síntomas más comunes son dos, depresión y ansiedad. Son los motivos de la mayoría de las bajas laborales.
En la mayoría de los casos, el síndrome de burnout aparece en personas que su oficio lo han escogido de forma vocacional (profesionales sanitarios, profesores, trabajador social…). Al comienzo de la enfermedad se suele manifestar solo en la vida laboral y poco a poco avanza en todas las facetas de su vida, en el entorno familiar y su vida social.
La causa principal del síndrome de burnout es el entorno laboral y las condiciones en las que trabaja. El trabajador está expuesto continuamente a elevados niveles de estrés, una carga de trabajo superior habitualmente a lo que se puede gestionar, su autonomía prácticamente es nula, malas relaciones con los compañeros de trabajo y como consecuencia la ausencia del apoyo necesario en su entorno, falta de formación…, todo ello puede llegar a un estrés crónico que acaba en el burnout.
De ahí que el burnout y el estrés vayan prácticamente ligados. La mayor diferencia entre ellos es que el estrés no siempre tiene que ser negativo (en ocasiones ayuda a mayor productividad, ser más efectivos, rendir más…) pero por otro lado el síndrome de burnout es “un desajuste continuado entre las demandas y capacidades físicas y mentales del organismo” y esto implica que siempre es negativo.
Existen una serie de factores de riesgo:
- La organización. – Las situaciones como la falta de tiempo que se necesita para organizarse en las tareas (esto provoca las salidas a deshora del trabajo o incluso llevarse trabajo a casa), sobrecarga de burocratización sin el apoyo necesario y ni siquiera contemplar las bajas temporales elevan sin remedio los niveles de estrés y a largo plazo es inevitable el burnout.
- Expectativas interpersonales. – Todos los trabajadores tienen sus propias expectativas en relación a su vida laboral y en muchas ocasiones no llegan a la realidad diaria y provocan que la adaptación a esa realidad vaya de una manera demasiado lenta. Incluso a veces son tan altas que no se llegan a cumplir y el trabajador desarrolla tristeza, ansiedad, apatía…
No existe un perfil personal de quien puede padecer esta enfermedad o síndrome, en cambio existen unas cualidades y rasgos personales que suponen una mayor vulnerabilidad a tenerlo.
Las personas más conformistas, con gran inseguridad y con dependencia, así como los trabajadores con baja autoestima y muy perfeccionistas, son las que suelen tener más posibilidades de sufrir depresión y ansiedad al tener que hacer frente a situaciones estresantes.
Los síntomas más comunes del burnout son las siguientes:
- Baja autoestima.
- Fracaso, agotamiento e impotencia.
- Escasa realización personal.
- Dificultad para concentrarse.
- Nerviosismo continuado.
- Agresividad.
- Taquicardias.
- Dolores de cabeza.
- Insomnio.
- Irritabilidad.
- Nula comunicación.
- Absentismo laboral.
La mejor manera de prevenir el síndrome debe iniciarse en la propia empresa. Lo primero que hay que hacer es evaluar y localizar todas las situaciones que puedan provocar estrés y ansiedad en el trabajador y tomar las medidas oportunas para intentar llevarlo al mínimo.
Los siguientes pasos deben ser, mejorar la organización y administrar las herramientas adecuadas y necesarias para que le trabajador su trabajo de manera adecuada y se reduzca la sobrecarga laboral.
Otro apunte que los trabajadores tienen que reducir son las expectativas que tengan en el trabajo, sin tener que renunciar a prosperar ni anular sus aspiraciones. Simplemente debe encontrar un punto intermedio que pueda ser una realidad más justa y aprender y seguir creciendo.
El síndrome de burnout puede dividirse en dos tipos:
- Burnout activo. – El trabajador tiene una conducta asertiva. Se relaciona con elementos externos al trabajo.
- Burnout pasivo. – Tiene sentimientos de apatía y se relaciona con factores internos psicosociales.
Para el diagnóstico se usan diferentes escalas o sistemas de medida para poder detectar el burnout. La que más usan los profesionales es la escala Maslach, que está constituida por 22 ítems en forma de afirmaciones sobre sentimientos y actitudes del trabajador respecto a su puesto laboral, su entorno, compañeros, clientes…
El Burnout debe tratarse de una manera global, con iniciativas que tengan cambios organizativos en la propia empresa e incluso tratamiento psicológico. De manera individual el tratamiento de los pacientes en este caso es:
- Aprender a afrontar el estrés.
- Ajustar sus expectativas a la realidad.
- Psicoeducación y autoconocimiento.
- Mejorar la autoestima.
- Hábitos saludables.
Bibliografía
- https://scielo.isciii.es/ scielo.php?script=sci_ arttext&pid=S1695-6141 2019000300011
- https://ada.com/es/ conditions/burnout/
- https://cuidateplus.marca. com/enfermedades/psicologicas /sindrome-de-burnout.html
- https://www.salud.mapfre. es/cuerpo-y-mente/psicologia/ estoy-quemado-el- sindrome-de-burnout/



