Azúcar y cerebro; interacción

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 11–Noviembre 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº11: 273

Autor principal (primer firmante): Esther Suárez García

Fecha recepción: 10 de Noviembre, 2021

Fecha aceptación: 27 de Noviembre, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(11) 273

Autoras: M.ª Esther Suárez García, Pilar Secades Suárez

Introducción

Los azúcares afectan considerablemente a las funciones cerebrales, de ahí la importancia de mantener una dieta rica en alimentos saludables.

Contenido

El azúcar es un término general que utilizamos para describir un tipo de moléculas llamadas hidratos de carbono que encontramos en una amplia variedad de comidas y bebidas.

Cuando compramos productos dulces, en la etiqueta que refleja la composición encontraremos variados compuestos como la glucosa, fructosa, sacarosa, maltosa, lactosa, dextrosa o almidón; todos son azúcares.

El azúcar no solo está presente en los alimentos dulces, también se añade a las salsas de tomate, al yogurt, a la fruta deshidratada, a las aguas saborizadas y a un amplio abanico de productos.

El azúcar está presente en muchos alimentos de consumo habitual de ahí la importancia de saber cómo su consumo afecta a nuestro cerebro.

Cuando ingerimos un alimento rico en azúcar, se activan unos receptores específicos que forman parte de las pailas gustativas de la lengua.

Estos receptores envían una señal al tronco cerebral y desde allí se bifurca en muchas áreas del cerebro anterior, una de las cuáles es la corteza cerebral.

Las diferentes secciones de la corteza cerebral procesan los diferentes gustos: ácido, amargo, salado, umami y en nuestro caso el dulce.

A partir de aquí, la señal activa el sistema de recompensa del cerebro. Este sistema de recompensa está formado por una serie de vías eléctricas y químicas que surcan varias regiones diferentes del cerebro.

El sistema de recompensa es el que genera esa necesidad de volver a comer alimentos dulces.

Este sistema no solo se activa con la comida. La socialización. El comportamiento sexual y las drogas son solo ejemplos que también lo activan.

Las consecuencias de una sobreactivación de este sistema se traducen en comportamientos tales como pérdida de control, deseo y aumento de la tolerancia al azúcar.

Una vez que estos alimentos ricos en azúcar llegan al intestino, nos encontramos que allí también hay receptores de azúcar que envían señales al cerebro que le indican que debería comer más cantidad o el páncreas producir más insulina para contrarrestar el azúcar extra que se está consumiendo.

La moneda principal de nuestro sistema de recompensa es la dopamina, un químico o neurotransmisor importante.

Tenemos muchos receptores de dopamina en el cerebro anterior, pero no están distribuidos de manera uniforme.

Algunas áreas tienen grupos densos de receptores y estas zonas activas de dopamina forman parte del sistema de recompensa.

El consumo de alcohol, nicotina o de drogas como puede ser la heroína envían dopamina con mucha rapidez y llevan a sus consumidores a buscar constantemente ese estímulo, en otras palabras, a la adicción.

El azúcar también provoca liberación de dopamina, aunque no de forma tan violenta como lo haces las llamadas drogas.

Si en un momento dado sentimos hambre y decidimos ingerir una comida equilibrada en ese momento suben los niveles de dopamina en las zonas activas del sistema de recompensa.

Pero si ingerimos lo mismo durante muchos días seguidos, los niveles de dopamina subirán cada vez menos y finalmente se nivelarán.

Esto es debido a que en materia de alimentación el cerebro evolucionó para prestar atención especial a gustos nuevos y diferentes por dos razones:

La primera, para poder detectar alimentos en mal estado.

La segunda, porque cuanta más variedad de alimentos haya en nuestra dieta, es más probable que tengamos todos los nutrientes necesarios.

Para mantener esa variedad, tenemos que poder reconocer nuevos alimentos y más importante aún tenemos que querer seguir consumiendo nuevos alimentos.

Aquí tenemos la causa por la que los niveles de dopamina descienden cuando el alimento se vuelve aburrido, sin embargo, esto no sucede cuando lo que ingerimos es azúcar.

Cuando se consume azúcar de manera esporádica o en bajas cantidades el efecto es muy similar a cuando se ingiere una comida equilibrada.

Si la ingesta de azúcar es alta, la respuesta de dopamina no se nivela.

El azúcar se comporta como lo haría una droga, por esta razón se genera una adicción a los alimentos azucarados.

Cada tipo de azúcar es único, pero cada vez que consumimos cualquiera de ellos, se activa un efecto dominó en nuestro cerebro y dispara una sensación muy gratificante.

Conclusión

El consumo excesivo de azúcares puede tener generar efectos adictivos en nuestro cerebro.

Bibliografía

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  3. Planas, Mercè., Pérez-Portabella, Cleofé. Fisiopatología aplicada a la nutrición. Ediciones Mayo. 2006
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