Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 281
Autor principal (primer firmante): Andrea Blecua Fumanal
Fecha recepción: 09/08/2026
Fecha aceptación: 05/09/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 281
Autores:
Andrea Blecua Fumanal
María de la Paz Esteban Borobia
Yudi Tatiana Cano Peña
Luna Fernanda Gil Cano
María Dolores Marín Ortiz
Marta Moscoso Morales
Categorías: Técnica en imagen para el diagnóstico y Medicina nuclear, auxiliar de administrativo, administrativo, técnico en dietética y nutrición, pinche, celadora, limpiadora, lavandera, técnica superior en radioterapia, gestión y servicios.
Palabras clave: duelo, atención sanitaria, acompañamiento emocional, comunicación terapéutica, cuidados humanizados.
Introducción
Perder a alguien rompe el suelo. Así, sin avisar. Y cuando eso ocurre, muchas personas no solo atraviesan una herida emocional, sino que además entran en contacto directo con el sistema sanitario. Urgencias, habitaciones de hospital, pasillos largos, voces bajitas. El duelo no siempre se vive en casa; muchas veces se vive rodeado de batas, monitores y turnos de noche.
El paciente en situación de duelo no siempre pide ayuda de forma clara. A veces lo hace con silencio. O con enfado. Por eso, la atención sanitaria en estos casos exige algo más que protocolos: exige presencia real.
El duelo como proceso de salud
El duelo no es una enfermedad, pero duele como tal. Es una respuesta natural ante una pérdida significativa y se manifiesta a nivel emocional, cognitivo, conductual y físico. Aparecen tristeza, ansiedad, insomnio, falta de apetito, culpa, confusión. Y todo eso, claro, termina afectando a la salud general.
Cuando el proceso se complica —por intensidad, duración o bloqueo emocional—puede derivar en depresión, trastornos de ansiedad, somatizaciones o duelos patológicos. Aquí es donde la intervención sanitaria cobra un valor preventivo clave.
La importancia del acompañamiento sanitario
Acompañar no es solucionar. Es estar. Y eso, aunque parezca pequeño, cambia mucho. El personal sanitario se convierte en un apoyo fundamental cuando valida el sufrimiento, ofrece seguridad, explica con calma y permite que el paciente exprese su dolor sin sentirse juzgado.
Una mirada serena. Una silla acercada a la cama. Un “tómese su tiempo”. Gestos pequeños que sostienen mucho. El acompañamiento adecuado reduce el sentimiento de soledad, favorece la expresión emocional y facilita la elaboración sana del duelo.
La comunicación terapéutica: decir menos, escuchar más
No todo es hablar. A veces, de hecho, hablar estorba. La comunicación con el paciente en duelo debe ser clara, honesta y empática. Informar sin frialdad. Escuchar sin prisas. Respetar silencios sin intentar rellenarlos a toda costa.
Frases hechas como “tiene que ser fuerte” o “el tiempo lo cura todo” pueden resultar hirientes, incluso aunque la intención sea buena. En cambio, mensajes sencillos como “estoy aquí”, “lo siento mucho” o “si quiere hablar, le escucho” abren un espacio seguro donde el dolor puede respirar.
Errores frecuentes en la atención al duelo
En la práctica diaria se repiten ciertos fallos: la prisa, el exceso de tecnicismos, el miedo a las emociones intensas, la evitación del contacto. A veces el profesional, sin querer, se protege a sí mismo levantando un muro frío.
También ocurre que se minimiza el sufrimiento porque “hay que seguir”, o se trata igual a todas las personas en duelo, olvidando que cada historia es única. Estos errores pueden aumentar el aislamiento emocional del paciente y dificultar su proceso de adaptación.
El impacto del cuidado humanizado
Cuando el duelo es acompañado con respeto, la diferencia es enorme. Los pacientes refieren sentirse más seguros, menos solos, más capaces de afrontar la pérdida. La atención humanizada no elimina el dolor, pero lo hace más llevadero.
Además, el propio profesional también se ve beneficiado. Cuidar desde la humanidad reduce la despersonalización, mejora el clima laboral y devuelve sentido al trabajo asistencial. Porque cuidar bien… también cuida a quien cuida.
Formación emocional del personal sanitario
La formación técnica no siempre incluye formación emocional. Y debería. Aprender a acompañar el duelo, a manejar el propio impacto emocional, a comunicar malas noticias y a sostener el sufrimiento ajeno es tan importante como saber canalizar una vía.
Invertir en esta formación mejora la calidad asistencial, previene el desgaste profesional y fortalece el vínculo terapéutico entre paciente y sanitario.
Conclusión
El duelo no es solo una experiencia íntima; es también una realidad sanitaria. El paciente en situación de duelo necesita algo más que un diagnóstico o un fármaco: necesita presencia, tiempo, respeto y escucha.
La atención sanitaria, cuando se humaniza, se convierte en un verdadero acto terapéutico. Acompañar bien no quita el dolor, pero evita que el sufrimiento se viva en soledad. Y eso, en salud, lo cambia todo.
Porque al final… todos, en algún momento, seremos ese paciente. Y todos necesitaremos que alguien se siente a nuestro lado. Sin prisas. Sin frases vacías. Solo estando.
Bibliografía
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- Kübler-Ross E, Kessler D. On Grief and Grieving. New York: Scribner; 2005.
- Tizón JL. Pérdida, pena, duelo. Barcelona: Paidós; 2004.
- Gómez Sancho M. Medicina paliativa en la cultura latina. Madrid: Arán Ediciones; 2013.
- Barreto P, Soler MC. Duelo y cuidados paliativos. Rev Psicooncología. 2007;4(1):21-40.
- Organización Mundial de la Salud. Integración de los cuidados paliativos en los sistemas de salud. Ginebra: OMS; 2014.



