Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 9–Septiembre 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 9: 1513
Autor principal (primer firmante): Celia Martínez León
Fecha recepción: 28/08/2025
Fecha aceptación: 24/09/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(9): 1513
Autores:
Celia Martínez León
Elisa García Balbín
Judith Casas Losada
Ana Isabel Albert Galan
Categoría profesional:
Trabajo social
Resumen
El apoyo psicológico en crisis consiste en una intervención breve para ayudar al paciente a recuperar calma y control tras una situación traumática o altamente estresante. Siendo sus objetivos; proteger (garantizar seguridad física y emocional), contener (brindar un espacio de escucha activa y calma, evitando que la angustia se desborde), orientar (proporcionar información clara, pasos inmediatos y apoyo en la toma de decisiones), y derivar (canalizar hacia profesionales o servicios especializados si se detectan riesgos mayores).
Palabras clave:
Derivar. Proteger. Contener. Escuchar. Orientar. Calmar.
Introducción
Cuidar de quienes atraviesan momentos de dolor y vulnerabilidad es una labor que va más allá de la asistencia médica: implica también brindar apoyo emocional, atender necesidades básicas y ofrecer cercanía humana. En estas situaciones, el acompañamiento no se limita a la aplicación de conocimientos técnicos, sino que se convierte en un acto de empatía y solidaridad.
Discusión
En el ámbito asistencial confluyen diversos profesionales, médicos, personal de Enfermería, auxiliares, celadores, camilleros y responsables del transporte sanitario, quienes, desde sus respectivas competencias, orientan sus intervenciones hacia un propósito común: atenuar el sufrimiento, ofrecer un acompañamiento integral y asegurar que el paciente no atraviese la crisis en aislamiento. De este modo, el cuidado se entiende como una práctica colectiva y coordinada, en la que cada acción, independientemente de su alcance, contribuye de manera significativa a la preservación de la dignidad y al fortalecimiento del bienestar de la persona atendida.
En los últimos años, la representación del rol del paciente en el ámbito sanitario ha sufrido una transformación significativa. Se ha pasado de una concepción en la que las enfermedades y los accidentes eran asumidos como sucesos inevitables, aceptados desde una actitud pasiva y resignada, a una visión en la que se promueve una participación más activa y consciente en el afrontamiento de los problemas de salud. En el contexto social actual, caracterizado por las dificultades para armonizar la vida personal y laboral y por un ritmo cotidiano marcado por la inmediatez, la necesidad de interrumpir de manera repentina las actividades habituales para ser evacuado a un hospital y recibir atención médica puede constituir una experiencia altamente generadora de ansiedad.
No se hace referencia a una situación de accidente grave en el que, la persona no está en circunstancias de preocuparse por nada, por la propia situación de shock emocional, pero, aun así, ante una evacuación, por poco que una persona esté orientada y consciente lo primero de lo que se suele preocupar es de temas como recoger niños, avisar a un familiar o atender compromisos pendientes.
Se ha de ser comprensivo con estas reacciones, ya que son respuestas lógicas y naturales ante una situación de crisis. Además, es importante tener presente que el ingreso en un centro hospitalario donde el transportista suele ser la primera imagen que recibe el paciente, representa para la persona una pérdida parcial de libertad.
Conclusiones
Las reacciones de conmoción admiten diversas explicaciones. Desde una perspectiva neurobiológica, se entienden como respuestas del sistema nervioso ante estímulos de gran impacto emocional, cuya intensidad provoca una alteración significativa en el organismo. Estos estímulos, de naturaleza principalmente visual o auditiva, pueden incluir escenas de fuerte carga traumática, como la presencia de heridas graves o la visión de cuerpos mutilados bajo los escombros.
Es fácil pensar que una situación de catástrofe puede provocar pánico, pero no en todas las situaciones de catástrofe, el pánico llega a manifestarse de la misma manera. El pánico, en caso de desencadenarse, suele estar relacionado con un miedo intenso y compartido por todas o casi las personas.
La conmoción psicológica se entiende como una reacción inmediata y automática del organismo frente a estímulos de alta carga emocional. Esta respuesta se encuentra mediada por la activación del sistema nervioso simpático y suele manifestarse a través de indicadores fisiológicos como taquicardia, incremento de la frecuencia respiratoria, sudoración excesiva y temblores.
El pánico constituye una reacción emocional extrema que puede originarse a partir de la conmoción inicial frente a un estímulo amenazante, cuando el miedo intenso se expande y se generaliza en un colectivo. Se caracteriza por la manifestación de un miedo intenso y desproporcionado, generalizado entre la mayoría de los individuos, junto con la percepción de una amenaza vital experimentada como inminente e imposible de controlar.
Bibliografía
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