Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 11–Noviembre 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 11: 597
Autor principal (primer firmante): Sandra Álvarez Díaz
Fecha recepción: 31/10/2025
Fecha aceptación: 27/11/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(11): 597
Autores:
- Sandra Álvarez Díaz
- Dolores Valle Granados
- Alba Brinquis Lázaro
- Gloria Pradas Villuendas
- Scherezade Martín Bernal
- Joana Artigas Delgado
Categoría: Enfermería, TCAE, Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico
Palabras clave: Síndrome, encefalopatía, gen, cromosoma, enfermedad rara
Introducción
Las alteraciones sensoriales constituyen un componente clínico relevante dentro del espectro sintomático del síndrome de FOXG1, una encefalopatía del desarrollo de origen genético que se caracteriza por una profunda afectación neurológica, cognitiva y motora. Este síndrome es consecuencia de mutaciones patogénicas o deleciones en el gen FOXG1, localizado en el cromosoma 14q12, el cual codifica un factor de transcripción crucial para la formación y maduración del telencéfalo durante el desarrollo embrionario. La alteración funcional de este gen impacta múltiples sistemas neuronales, generando una disfunción generalizada en la organización cortical y la conectividad sináptica. Entre los numerosos síntomas derivados, las alteraciones sensoriales —visuales, auditivas, táctiles y propioceptivas— son particularmente importantes, ya que influyen de manera directa en la capacidad de interacción del paciente con el entorno y en el desarrollo global.
Desarrollo
Las alteraciones sensoriales en el síndrome de FOXG1 no se deben a defectos primarios de los órganos sensoriales, sino a un procesamiento anómalo de la información a nivel cortical. Por ello, se describen como disfunciones sensoriales de origen central, resultado de una alteración en la organización y funcionamiento de las áreas corticales que procesan los estímulos sensoriales. Esta disfunción es consecuencia de la alteración del desarrollo de las neuronas excitatorias e inhibitorias en el telencéfalo, la formación deficiente de sinapsis y la conectividad anómala entre las distintas regiones cerebrales.
El gen FOXG1 participa activamente en la proliferación neuronal, la diferenciación de interneuronas corticales y la regulación del equilibrio excitación-inhibición en el cerebro. En condiciones normales, FOXG1 controla la expresión de genes implicados en la plasticidad sináptica, el crecimiento axonal y la estructuración de las áreas sensoriales primarias y asociativas. Cuando su función se ve comprometida por una mutación o deleción, la organización laminar del córtex se altera, afectando la arquitectura de regiones como la corteza somatosensorial, la corteza auditiva y la corteza visual. Estas áreas dejan de recibir, integrar e interpretar adecuadamente las señales procedentes de los órganos periféricos, lo que se traduce en una percepción deficiente o distorsionada de los estímulos sensoriales.
Desde un punto de vista clínico, las alteraciones sensoriales en el síndrome de FOXG1 pueden adoptar múltiples formas, dependiendo del sistema afectado y del grado de disfunción cortical. La más frecuente es la alteración del procesamiento visual, que se manifiesta como una ceguera cortical o disfunción visual cortical (DVC). Los pacientes presentan escasa o nula respuesta ante estímulos visuales, pobre fijación ocular y ausencia de seguimiento de objetos o personas, a pesar de tener estructuras oculares anatómicamente normales. Esta condición refleja la incapacidad del cerebro para procesar la información procedente de la retina, consecuencia de la afectación de las áreas visuales occipitales.
El procesamiento auditivo también puede encontrarse alterado. Muchos pacientes con FOXG1 presentan una respuesta auditiva inconsistente: pueden reaccionar a ciertos sonidos fuertes o familiares, pero muestran escasa respuesta a estímulos verbales o auditivos más sutiles. Esta alteración se asocia a una disfunción en la corteza auditiva temporal, la cual depende del correcto desarrollo del telencéfalo anterior. En algunos casos, los estudios de potenciales evocados auditivos revelan respuestas preservadas a nivel del tronco encefálico, pero anómalas o ausentes a nivel cortical, lo que confirma la naturaleza central del déficit.
Las alteraciones del procesamiento táctil son igualmente frecuentes. Muchos niños con síndrome de FOXG1 muestran una sensibilidad táctil anormal, que puede manifestarse tanto como hipersensibilidad (respuestas exageradas al contacto físico, rechazo al roce o a determinadas texturas) como hiposensibilidad (falta de respuesta ante estímulos táctiles o térmicos). Estas conductas sugieren un trastorno en la integración somatosensorial, probablemente vinculado a la afectación de la corteza parietal y las vías aferentes tálamo- corticales. La hipersensibilidad táctil puede contribuir a comportamientos de irritabilidad o llanto ante el contacto, mientras que la hiposensibilidad puede reducir la capacidad de explorar el entorno a través del tacto, limitando el aprendizaje sensoriomotor.
Las alteraciones propioceptivas y vestibulares también son frecuentes, contribuyendo a los problemas de equilibrio, coordinación y tono muscular característicos del síndrome. FOXG1 regula el desarrollo de circuitos que conectan el cerebelo, el tálamo y la corteza motora, implicados en la percepción del movimiento y la posición corporal. Cuando estas redes se desarrollan de manera anómala, el niño presenta dificultades para percibir la posición de su cuerpo en el espacio, movimientos torpes y una coordinación visomotora deficiente. Esto agrava la hipotonía y los trastornos del movimiento ya presentes en este síndrome, como la distonía o los movimientos estereotipados.
En los estudios de neuroimagen, los pacientes con FOXG1 muestran alteraciones estructurales generalizadas que afectan tanto a las áreas sensoriales primarias como a las asociativas. Entre las más comunes destacan la hipoplasia o disgenesia del cuerpo calloso, la reducción del volumen cortical, la displasia de la sustancia blanca y la atrofia del lóbulo temporal o parietal. Estas alteraciones dificultan la comunicación interhemisférica y la transmisión de señales sensoriales, lo que impide una percepción coherente del entorno. El cuerpo calloso, cuya formación depende en gran parte de la acción de FOXG1, es esencial para la integración de información sensorial bilateral; su malformación explica la desconexión funcional entre ambos hemisferios.
La correlación entre las alteraciones sensoriales y el retraso global del desarrollo es evidente. Los niños con disfunción sensorial central tienen un aprendizaje significativamente limitado, ya que los sentidos son la principal vía de interacción con el entorno. La falta de estímulos visuales o auditivos integrados interfiere con el desarrollo del lenguaje, la coordinación y las habilidades cognitivas. Además, la alteración del procesamiento multisensorial impide la correcta sincronización entre los distintos canales sensoriales, como la vista y el tacto, esenciales para la exploración y la comunicación no verbal.
En el ámbito conductual, las alteraciones sensoriales se manifiestan con frecuencia como falta de interés por los estímulos del entorno, escasa interacción social y respuestas emocionales atípicas. Algunos pacientes muestran conductas de autoestimulación (como balanceos o movimientos repetitivos), que se interpretan como intentos de compensar la falta de estimulación sensorial adecuada. Estos comportamientos reflejan el esfuerzo del cerebro por generar entradas sensoriales internas ante la escasez de procesamiento externo.
Desde el punto de vista fisiopatológico, se ha propuesto que la disfunción sensorial en el síndrome de FOXG1 deriva de un desequilibrio en las redes excitatorias e inhibitorias corticales. FOXG1 regula la expresión de genes relacionados con la maduración de interneuronas GABAérgicas, esenciales para mantener la inhibición cortical. La pérdida de esta regulación genera una hiperexcitabilidad desorganizada que altera la codificación sensorial. Asimismo, FOXG1 interviene en la plasticidad sináptica dependiente de la experiencia; por tanto, su alteración impide que las redes corticales se modifiquen adecuadamente en respuesta a los estímulos sensoriales, reduciendo la capacidad de aprendizaje perceptivo.
El tratamiento de las alteraciones sensoriales en el síndrome de FOXG1 es sintomático y se centra en la estimulación multisensorial. Las terapias de integración sensorial buscan mejorar la capacidad del cerebro para procesar e interpretar la información proveniente de los sentidos. Este enfoque incluye actividades que combinan estímulos táctiles, visuales, auditivos y vestibulares, adaptadas al nivel de tolerancia del paciente. Aunque los resultados son variables, algunos estudios han reportado mejoras en la atención, la respuesta al entorno y la coordinación motora tras programas intensivos de estimulación temprana.
En el caso de las alteraciones visuales corticales, la terapia visual basada en estímulos luminosos de alto contraste y movimientos lentos puede favorecer la activación de las áreas visuales residuales. En el plano auditivo, la estimulación mediante música rítmica y sonidos familiares puede mejorar la atención auditiva y la percepción del habla. Las técnicas de fisioterapia vestibular, por su parte, contribuyen a mejorar la orientación espacial y la estabilidad postural, compensando parcialmente las deficiencias propioceptivas.
La intervención interdisciplinaria es esencial para abordar las alteraciones sensoriales en el síndrome de FOXG1. El trabajo conjunto de neurólogos, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas, oftalmólogos y audiólogos permite desarrollar estrategias personalizadas para maximizar el potencial de respuesta del paciente. Además, el apoyo familiar resulta fundamental, ya que la estimulación constante en el entorno doméstico potencia los efectos terapéuticos y promueve una mejor adaptación funcional.
El pronóstico de las alteraciones sensoriales en el síndrome de FOXG1 depende de la severidad de la mutación genética y del grado de afectación cortical. Aunque estas alteraciones suelen ser persistentes, algunos pacientes muestran ligeras mejorías con la edad y con la intervención terapéutica precoz. Sin embargo, la mayoría mantiene un déficit sensorial significativo que condiciona de manera irreversible el desarrollo cognitivo y motor.
Conclusiones
En síntesis, las alteraciones sensoriales representan una manifestación clave del síndrome de FOXG1 y reflejan la disfunción cortical generalizada derivada de la mutación del gen.
Estas alteraciones abarcan déficits visuales, auditivos, táctiles y propioceptivos de origen central, que resultan de la desorganización de las áreas corticales y de la conectividad neuronal. Su fisiopatología se basa en la pérdida del equilibrio excitación-inhibición y en la plasticidad sináptica anómala. Aunque no existe tratamiento curativo, la estimulación sensorial precoz y la terapia multidisciplinaria pueden mejorar parcialmente la integración sensorial y la calidad de vida del paciente. El estudio continuo de las funciones reguladas por FOXG1 abre la posibilidad de desarrollar futuras estrategias terapéuticas basadas en la modulación genética y la plasticidad neuronal.
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