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Alimentos funcionales: beneficios para la salud y prevención de enfermedades. Revisión bibliográfica

alimentos-funcionales

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Functional foods: health benefits and disease prevention bibliographic review

Incluido en la revista Ocronos. Vol. III. Nº 8– Diciembre 2020. Pág. Inicial: Vol. III;nº8:126

Autor principal (primer firmante): Cristina López Hernández

Fecha recepción: 22 de noviembre, 2020

Fecha aceptación: 13 de diciembre, 2020

Ref.: Ocronos. 2020;3(8):126

Autores

1.         Cristina López Hernández. Máster en Gerontología Social. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza, España).

2.         Andrea Remacha Rodríguez. Máster Iniciación en Investigación en Ciencias de la Enfermería. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza, España).

3.         Carlos Alberto Luna Gandú. Máster Iniciación en Investigación en Ciencias de la Enfermería. Máster en Dirección de Centros Sanitarios. Enfermero en Hospital Clínico Lozano Blesa (Zaragoza, España).

4.         Mireya Layunta Hernández. Máster en Gerontología Social. Enfermera en Hospital Miguel Servet (Zaragoza, España).

Resumen

El origen del concepto de alimento funcional proviene de Japón y es definido como aquel que contiene una o varias sustancias que una vez que interaccionan con el organismo son capaces de producir un efecto beneficioso, independientemente del nivel de nutrientes que aporten, en la salud tanto a nivel físico como a nivel mental. Dentro de estos alimentos funcionales podemos encontrar los probióticos, prebióticos, carotenos, fibra dietética, polifenoles, colinas, ácidos grasos poliinsaturados y péptidos.

La incorporación de estos alimentos en los hábitos nutricionales de la población de una forma equilibrada y en unas cantidades racionales ayuda a la reducción de riesgo de enfermedades, sobre todo crónicas, así como al enlentecimiento de la progresión de las mismas una vez instauradas. Conseguir una población sana que consuma estos alimentos supone la realización de una buena promoción de la salud y educación sanitaria desde el ámbito sanitario como social.

Palabras clave: alimentos funcionales, prevención enfermedades, salud.

Abstract

The origin of the concept of functional food comes from Japan and is defined as one that contains one or more substances that once they interact with the body are capable of producing a beneficial effect, regardless of the level of nutrients they provide, on health both on a physical and mental level. Among these functional foods we can find probiotics, prebiotics, carotenes, dietary fibre, polyphenols, choline, polyunsaturated fatty acids and peptides. The incorporation of these foods into the nutritional habits of the population in a balanced way and in rational quantities helps to reduce the risk of diseases, especially chronic ones, and to slow down their progression once they are established. Achieving a healthy population that consumes these foods implies good health promotion and health education from both the health and social fields.

Keywords: functional foods, disease prevention, health.

Objetivo

Describir los diferentes tipos de alimentos funcionales y los beneficios que aportan para la salud y la prevención de enfermedades.

Alimentos funcionales: beneficios para la salud y prevención de enfermedades. Revisión bibliográfica

Se define como alimento funcional aquel que contiene una o varias sustancias, naturales o procesadas, que interaccionen con el organismo de forma beneficiosa y significativa independientemente de nivel de aporte de nutrientes. Estos alimentos ayudan al organismo en el mantenimiento de un estado de salud y bienestar óptimo, tanto en lo referente a la salud física como mental. Además, cabe destacar el papel tan importante que juegan en la prevención de enfermedades ya que ayudan a reducir su riesgo de aparición. En rasgos generales los alimentos enriquecidos son los que se consideran más importantes dentro del conjunto de alimentos funcionales (1-3).

Llevar a cabo una dieta variada y equilibrada en la que se aporten los nutrientes en la cantidad y proporción adecuada evita que se produzcan carencias nutricionales y por tanto se asegura un funcionamiento óptimo del organismo. Alcanzar este equilibrio tiene como finalidad conseguir que las diferentes funciones fisiológicas del organismo rindan al máximo reduciendo, por tanto, el riesgo de aparición de enfermedades asociadas a la carencia de nutrientes. Para que se considere que la dieta es variada y equilibrada, estos alimentos funcionales tienen que estar presentes (1,4).

Aunque son importantes en cualquier momento de la vida, son especialmente importante en situaciones especiales y en grupos determinados de población como puede ser el caso de las mujeres en estado de gestación, el periodo de la menopausia y en las personas de edad avanzada (4).

Este concepto de alimento funcional tiene su origen en Japón, quienes clasificaron estos alimentos en tres categorías:

–            Alimentos a basa de ingredientes naturales

–            Alimentos que deben ser consumidos como parte de la dieta habitual.

–            Alimentos que juegan un papel esencial en las funciones del organismo como la mejora en la defensa del sistema inmune, prevención de enfermedades, así como la recuperación de las mismas, mejora de las condiciones físicas y mentales y retraso en el proceso de envejecimiento (3).

Además, el Ministerio de Sanidad, Trabajo y Bienestar de este país oriental incluyó dentro de estos alimentos una categoría específica para aquellos que promueven la salud y los denominó FOSHU (alimentos para usos específicos en salud). En ningún caso deben ser considerados fármacos, sin embargo, aquellos cuyas propiedades tienen implicación directa o indirecta en la prevención de enfermedad, así como en el tratamiento de las mismas también se les denomina alimentos nutracéuticos. Pueden ser naturales, adicionados o modificados la biodisponibilidad de alguno de sus componentes (3,5).

Clasificación de alimentos funcionales y beneficios que aportan a la salud

Probióticos

La OMS los define como “microorganismos vivos que, administrados en las dosis adecuadas, confieren beneficios en la salud al hospedero”. Aunque existen muchos microorganismos, el bifidufacterium y el lactobacillus son los dos que principalmente consiguen este beneficio y lo hacen principalmente sobre la flora intestinal ya que resultan muy útiles en enfermedades como la diarrea aguda, el estreñimiento y enfermedades intestinales inflamatorias (colitis ulcerosa y Crohn), favorecen la tolerancia a la lactosa, mejoran el metabolismo de los lípidos y aumentan la absorción intestinal de minerales como el calcio, magnesio o el hierro. Además, tienen un papel importante sobre el sistema inmune, tanto a nivel intestinal como sistémicos, produciendo protección frente al cáncer y reduciendo la ansiedad o el estrés. Los probióticos más destacado son el yogur o el kéfir, pero existen muchos alimentos que aportan estos beneficios como las alcachofas, los puerros o el ajo (5,6).

Prebióticos

Son aquellos ingredientes presentes en determinados alimentos, que a pesar de que el intestino no es capaz de digerirlos, una vez que son fermentados resultan beneficiosos para la microbiota intestinal debido a la estimulación que ejercen de forma selectiva sobre el crecimiento de una o varias bacterias presentes en colon lo que ayuda a mejorar tanto la salud como el bienestar del individuo. Los prebióticos pueden ser consumidos como parte de un alimento o en forma de suplemento dietético. Entre los prebióticos más conocidos se encuentra la lactulosa que se emplea como tratamiento en enfermedades crónicas como el estreñimiento o la encefalopatía hepática. Además, estos alimentos también se emplean como prevención de otras patologías como infecciones intestinales o disminución del riesgo de aparición del cáncer de colon. Tener una buena microbiota ayuda a conseguir un correcto funcionamiento del sistema inmune (5,7).

Caroteno

Es una sustancia química que se encuentra en los alimentos y la cual es responsable de la pigmentación de los mismos, así como de la inhibición de la propagación de radicales libres lo que impide que estos ejerzan una acción nociva a nivel celular. El cuerpo humano es incapaz de sintetizar estos carotenos, sin embargo, mediante reacciones químicas del organismo es capaz de metabolizarlos en vitamina A o retinol.

Ejercen un papel antioxidante favoreciendo la protección de la piel frente a los rayos ultravioletas retrasando su envejecimiento y optimizando el funcionamiento del sistema inmunológico, así como la mejora de la visión. Además, esta función antioxidante, resulta de gran importancia en la reducción de problemas cardiacos, disminución de colesterol LDL, prevención del cáncer (colon, mama, pulmón y cavidad oral principalmente), retraso en la aparición de demencias y alivio de dolencias respiratorias como el enfisema, la bronquitis y el asma. Existen diferentes carotenoides, siendo el betacaroteno el más común; se puede encontrar en alimentos como frutas, verduras, hortalizas, mantequillas o margarinas (8,9).

Fibra dietética

Es la parte comestible de los hidratos de carbonos y de las plantas que no se digieren ni se absorben de forma completa en el aparato digestivo y que produce beneficios para la salud del individuo. En este grupo de alimentos funcionales se incluyen polisacáridos, oligosacáridos, ligninas, gomas y mucílagos. Dentro de la fibra se distingue la fibra soluble e insoluble. La fibra soluble o fermentable tiene como función retener agua para convertirse en gel durante la digestión gracias a lo cual se retarda dicha digestión y absorción de los nutrientes en el estómago e intestino. Ello aporta beneficios en la regulación de los niveles de glucosa y colesterol y por tanto en enfermedades como la diabetes o la hipercolesterolemia además de tener un efecto astringente siendo útil en la diarrea tanto aguda como crónica.

Esta fibra soluble se encuentra en las legumbres, la fruta y las verduras principalmente. Por otro lado, la fibra insoluble o parcialmente fermentada, retiene el agua, acelera el paso del alimento a través del estómago y los intestinos agregando volumen a las heces. Esto ayuda a la prevención de enfermedades como el estreñimiento y el cáncer de colon ya que disminuye el tiempo de contacto de los potenciales carcinogénicos con la mucosa del colon. Esta fibra insoluble se encuentra sobre todo en los cereales completos (2,9,10).

Polifenoles

Son compuestos

derivados del metabolismo de las plantas cuya característica beneficiosa es que poseen anillos aromáticos con diferentes grados de hidroxilación conjugados en su mayoría con restos de azúcares con lo que se consigue reducir el estrés oxidativo y mejorar el sistema inmune. Ejercen un efecto positivo sobre numerosas enfermedades como la protección frente al cáncer, la hiperlipidemia ya que evitan la oxidación del LDL y la agregación plaquetaria, la hipertensión gracias a su efecto vasodilatador, la artrosis mediante el mantenimiento de la masa ósea. Además, dentro de los polifenoles se encuentran los flavonoides cítricos que ejercen un papel importante en la actividad antiinflamatoria, antialérgica y antidiurética. Estos alimentos funcionales se encuentran en los vegetales, frutas, vino, té, frutos secos y soja (1,11,12).

Colinas (lecitinas)

Son una parte de los alimentos que tienen como función mantener la estructura celular, trasportar y metabolizar las grasas, ayudar a la síntesis del ADN y a la producción de acetilcolina por lo que el consumo de este alimento funcional influye de manera positiva en los procesos de memoria, movimiento de los músculos y en la regulación de la frecuencia cardiaca. Genera, por tanto, un beneficio muy importante en las personas de edad avanzada como prevención de la aparición o avance de demencias o mantenimiento de la masa muscular.

Concretamente, las lecitinas aportan ácidos grados saludables como el ácido linoleico y linolénico, así como inositol y fósforo teniendo un gran efecto hipolipemiante lo que previene la aparición de enfermedades como el hígado graso y como consecuencia reducen el riesgo de desarrollar otras enfermedades asociadas a ésta como las cardiovasculares. Estas colinas se encuentran en la parte grasa de los alimentos cárnicos como el hígado, carnes magras, ternera o cordero, en pescados grasos como el salmón, en el huevo y en alimentos vegetales y especias como los brotes de brócoli, soja, semillas de lino y nueces entre otros alimentos. A pesar de su beneficio deben no deben aportarse en la dieta en exceso (13,14).

Ácidos grasos poliinsaturados (serie ω-3 y ω-6)

Los ácidos grasos son el principal componente de los lípidos siendo los ácidos grasos poliinsaturados lo que aportan mayores beneficios en salud de las personas. Dentro de estos existen dos tipos, los no esenciales que son aquellos que el organismo es capaz de sintetizar y los esenciales que son aquellos que deben ser aportados a través de la dieta. Dentro de los esenciales se encuentran los de las series ω-3 y ω-6.

Estos ácidos grasos poliinsaturados tienen funciones muy importantes sobre el desarrollo y funcionamiento de la función cerebral, la correcta respuesta inmunitaria y antiinflamatoria, correcta respuesta de la dermis cuando ésta es sometida a situaciones de estrés como las quemaduras solares o la sequedad, ayuda al desarrollo del sistema nervioso central en la etapa fetal, mejora de la función visual y cognoscitiva o el mantenimiento de la salud cardiovascular. Ayudan, por tanto, a la prevención y a la mejora de enfermedades como la hipertensión arterial, hipercolesterolemia, cáncer, diabetes mellitus, obesidad, dermatitis atópica, así como defectos de agudeza visual y enfermedades mentales como la demencia o la esquizofrenia. La principal fuente de estos alimentos funcionales se encuentra en los pescados azules como el salmón, las sardinas, el atún o la caballa entre otros y en alimentos de origen vegetal como el aceite de oliva, las almendras, nueces, semillas de sésamo o girasol, aguacate y en los frutos secos en general (9,15-17).

Péptidos

Son secuencias de 2 a 20 aminoácidos que se encuentran en los alimentos de forma inactiva en la proteína de la que proceden y tras una reacción enzimática de hidrólisis durante la digestión se liberan y se convierten en péptidos proporcionando los beneficios para la salud. Entre los beneficios que aportan se encuentra la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, la modulación del crecimiento tumoral, la reducción de los niveles de azúcar en sangre, efectos antimicrobianos y actividad antiinflamatoria. Ayudan en enfermedades como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, enfermedades respiratorias crónicas como la bronquitis, sobrepeso y obesidad y en la prevención de la osteoporosis. El principal aporte de estos péptidos se encuentra en la leche y derivados, pero también se ha visto que se encuentran en algunos pescados como el lenguado o el bonito consiguiendo un efecto antioxidante, en la carne de cabra, oveja, cerdo y ave de corral y alimentos vegetales como la soja, legumbres y cereales (18,19).

Una correcta alimentación es capaz de reducir el riesgo de aparición de enfermedades, sobre todo enfermedades crónicas, así como mejorar aquellas que ya han aparecido. Los alimentos funcionales juegan un papel esencial es esta prevención, pero para ello es necesario realizar una adecuada promoción de la salud en la población la cual debe comenzar en las epatas más temprana de la vida mediante una buena educación sanitaria tanto en los centros escolares como en el ámbito familiar y debe continuar en el resto de las etapas de la vida. Un error muy frecuente se produce cuando la enfermedad ya se ha instaurado en la persona y requiere medicación, en vez de intentar mejorar la salud insistiendo en la importancia de los cambios en los estilos de vida y de alimentación, con el objetivo de reducir la dosis o incluso eliminar el fármaco, se produce una acomodación en la toma de esos medicamentos (2,5).

Conclusiones

Llevar a cabo una dieta variada y equilibrada resulta fundamental para el mantenimiento del organismo en las mejores condiciones de salud posibles. Introducir alimentos funcionales como base de la dieta ayuda al bienestar tanto físico como mental mediante la reducción del riesgo de aparición de enfermedades, principalmente crónicas, así como a la mejora de las mismas

cuando ya se han instaurado en el organismo. Para conseguir una buena salud en la población general es necesario que se lleve a cabo una concienciación social de los beneficios que aporta una buena alimentación. Para ello el sistema sanitario y educativo debe incluir dentro de sus funciones básicas una adecuada promoción de la salud y correcta educación sanitaria.

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