Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1175
Autor principal (primer firmante): Isela Patricia Hernández Treminio
Fecha recepción: 01/08/2026
Fecha aceptación: 28/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1175
Autores:
- Isela Patricia Hernández Treminio, TCAE
- Yazmin Camila Avilés Quilodrán, TCAE
- Ruth Gracia Pérez, Administrativa
- Jezabel Navarro Lahuerta, TCAE
- Luz Raquel, Contreras Picon.
- Reyna Isabel Hernández Treminio, TCAE
Resumen
El trastorno por consumo de alcohol (TCA) constituye uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial debido a su elevada prevalencia, morbimortalidad y repercusión social. Se caracteriza por un patrón problemático de consumo que provoca deterioro clínicamente significativo en la salud física, mental y social del individuo. Su etiología es multifactorial e involucra factores biológicos, psicológicos, ambientales y socioculturales. El diagnóstico precoz y la instauración de un tratamiento integral son fundamentales para reducir las complicaciones asociadas y mejorar el pronóstico. El presente artículo revisa la evidencia científica actual sobre la epidemiología, factores de riesgo, manifestaciones clínicas, criterios diagnósticos y opciones terapéuticas del trastorno por consumo de alcohol, destacando la importancia del abordaje multidisciplinar y del papel de los profesionales sanitarios en la prevención, detección e intervención.
Palabras clave: trastorno por consumo de alcohol; alcoholismo; dependencia; salud mental; deshabituación; atención multidisciplinar.
Introducción
El consumo de bebidas alcohólicas forma parte de numerosas culturas y contextos sociales. Sin embargo, cuando dicho consumo se vuelve persistente, compulsivo y ocasiona consecuencias negativas sobre la salud o el funcionamiento personal, puede desarrollarse un trastorno por consumo de alcohol.
El alcohol es una sustancia psicoactiva con efectos depresores sobre el sistema nervioso central y representa uno de los principales factores de riesgo prevenibles de enfermedad, discapacidad y muerte prematura. Su consumo se asocia con más de 200 enfermedades y lesiones, incluyendo patologías hepáticas, cardiovasculares, neurológicas, psiquiátricas y diversos tipos de cáncer.
Durante las últimas décadas se ha incrementado la concienciación sobre la necesidad de detectar precozmente el consumo de riesgo desde Atención Primaria y otros ámbitos asistenciales, favoreciendo intervenciones tempranas que reduzcan la progresión hacia formas graves de dependencia.
Objetivos
Objetivo general
Actualizar los conocimientos clínicos sobre el trastorno por consumo de alcohol mediante una revisión de la evidencia científica disponible.
Objetivos específicos
- Describir los principales factores de riesgo asociados al trastorno.
- Revisar las manifestaciones clínicas y criterios diagnósticos actuales.
- Analizar las estrategias terapéuticas con mayor respaldo científico.
- Destacar el papel de los profesionales sanitarios en la prevención y el tratamiento.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante la consulta de publicaciones científicas disponibles en PubMed, Scopus y Google Scholar, así como documentos elaborados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la American Psychiatric Association (APA), el National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA) y el Ministerio de Sanidad de España.
Se seleccionaron revisiones sistemáticas, guías clínicas y documentos de consenso publicados preferentemente en los últimos años, complementados con manuales de referencia internacional para el diagnóstico de los trastornos relacionados con el consumo de sustancias.
Epidemiología
El alcohol continúa siendo una de las sustancias psicoactivas de mayor consumo en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, millones de personas presentan un consumo perjudicial o cumplen criterios de trastorno por consumo de alcohol.
En España, el alcohol es la sustancia psicoactiva de mayor consumo entre la población adulta. Aunque muchas personas realizan un consumo ocasional sin desarrollar dependencia, una proporción significativa presenta patrones de consumo intensivo o mantenido que incrementan el riesgo de enfermedad.
El trastorno afecta con mayor frecuencia a hombres, aunque la diferencia entre sexos ha disminuido progresivamente debido al incremento del consumo entre las mujeres en las últimas décadas.
Etiopatogenia
El trastorno por consumo de alcohol tiene un origen multifactorial.
Los factores genéticos explican parte de la vulnerabilidad individual, estimándose una heredabilidad cercana al 50%. Diversos genes relacionados con el metabolismo del alcohol y con los sistemas de recompensa cerebral pueden aumentar el riesgo de desarrollar dependencia.
Entre los factores psicológicos destacan la impulsividad, la baja tolerancia al estrés, determinados trastornos de personalidad y la presencia de ansiedad o depresión.
Asimismo, factores ambientales como la disponibilidad del alcohol, la presión social, los antecedentes familiares de consumo, situaciones de exclusión social y experiencias traumáticas favorecen el inicio y mantenimiento del consumo problemático.
El desarrollo del trastorno implica alteraciones en los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la motivación, el aprendizaje y el autocontrol, favoreciendo la aparición de tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia.
Manifestaciones clínicas
Las manifestaciones clínicas varían según la gravedad y la evolución del trastorno. En fases iniciales pueden observarse:
- Incremento progresivo del consumo.
- Dificultad para limitar la cantidad ingerida.
- Deseo intenso o necesidad imperiosa de beber (craving).
- Abandono progresivo de actividades sociales o laborales.
En fases avanzadas aparecen:
- Tolerancia al alcohol.
- Síndrome de abstinencia al suspender el consumo.
- Pérdida del control sobre la ingesta.
- Persistencia del consumo pese a conocer sus consecuencias.
Las complicaciones médicas incluyen hepatopatía alcohólica, pancreatitis, hipertensión arterial, cardiomiopatía, neuropatía periférica, deterioro cognitivo y mayor riesgo de diversos tipos de cáncer.
En el ámbito psiquiátrico son frecuentes la depresión, la ansiedad, los trastornos del sueño y el aumento del riesgo de conducta suicida.
Diagnóstico
El diagnóstico es clínico y se fundamenta en los criterios establecidos por el DSM-5-TR, que clasifican el trastorno según su gravedad en leve, moderado o grave en función del número de criterios presentes durante los últimos doce meses.
La valoración clínica debe incluir:
- Historia detallada del consumo.
- Exploración física.
- Evaluación del estado mental.
- Identificación de comorbilidades médicas y psiquiátricas.
- Valoración del entorno familiar y social.
Como herramientas de cribado pueden emplearse cuestionarios validados como el AUDIT (Alcohol Use Disorders Identification Test), especialmente en Atención Primaria.
Tratamiento
El tratamiento debe individualizarse según la gravedad del trastorno y las necesidades de cada paciente.
La desintoxicación constituye la primera fase cuando existe dependencia física importante. Durante este periodo puede ser necesario utilizar benzodiacepinas para prevenir complicaciones del síndrome de abstinencia, incluyendo las convulsiones y el delirium tremens.
Una vez superada la fase aguda, el tratamiento se centra en la deshabituación y la prevención de recaídas.
Las intervenciones psicológicas con mayor evidencia incluyen:
- Entrevista motivacional.
- Terapia cognitivo-conductual.
- Prevención de recaídas.
- Terapia familiar.
- Grupos de apoyo y ayuda mutua.
En determinados pacientes pueden utilizarse fármacos como naltrexona, acamprosato o disulfiram, siempre como complemento de la intervención psicológica y del seguimiento clínico.
El éxito terapéutico aumenta cuando existe un abordaje multidisciplinar coordinado entre Atención Primaria, salud mental, Medicina interna, Enfermería, trabajo social y recursos comunitarios.
Papel de los profesionales sanitarios
Los profesionales sanitarios desempeñan un papel esencial en todas las fases del proceso asistencial.
La Atención Primaria constituye el escenario ideal para identificar precozmente patrones de consumo de riesgo mediante programas de cribado e intervenciones breves.
Los profesionales de Enfermería desarrollan funciones fundamentales relacionadas con la educación sanitaria, el seguimiento terapéutico, la detección de recaídas, la promoción de estilos de vida saludables y el apoyo emocional tanto al paciente como a su familia.
La coordinación entre los diferentes niveles asistenciales permite mejorar la continuidad de cuidados y reducir las complicaciones derivadas del trastorno.
Conclusiones
El trastorno por consumo de alcohol continúa representando un importante problema de salud pública debido a su elevada prevalencia y a las múltiples complicaciones físicas, psicológicas y sociales que ocasiona.
La detección precoz, el abordaje integral y la aplicación de intervenciones basadas en la evidencia permiten mejorar significativamente el pronóstico y disminuir el impacto sobre la calidad de vida.
La formación continuada de los profesionales sanitarios y el desarrollo de estrategias preventivas desde Atención Primaria constituyen herramientas fundamentales para reducir la carga sanitaria asociada al consumo problemático de alcohol.
Bibliografía
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