Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 3–Marzo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº3: 155
Autor principal (primer firmante): Ana Carmen Aguado Jiménez
Fecha recepción: 28 de Febrero, 2021
Fecha aceptación: 23 de Marzo, 2021
Ref.: Ocronos. 2021;4(3): 155
Autora: Ana Carmen Aguado Jiménez. Graduada en Enfermería. Especialista en Enfermería Pediátrica
Resumen
Introducción. Las ulceras por presión son un problema de salud que afecta a cualquier persona expuesta a una presión mantenida, ya sea por inmovilidad o por dispositivos terapéuticos. Con frecuencia se asocia a población adulta, pero, con el desarrollo de nuevas técnicas terapéuticas, se ha incrementado su incidencia y prevalencia en la población pediátrica, especialmente en las unidades de cuidados intensivos, llegando a ser la tercera causa responsable del aumento del gasto sanitario.
Objetivo. Describir el manejo de las ulceras por presión en la población pediátrica
Metodología. Búsqueda bibliográfica en diferentes bases de datos nacionales e internaciones como Cuiden, Scielo, PubMed y Google Académico. Los criterios de inclusión utilizados fueron artículos publicados a partir del año 2006 con las siguientes palabras clave: “ulceras por presión”, “pediatría” “escalas, “Enfermería”, “pressure ulcer”, “scales”, “pediatric” y “nursing”.
Resultados. La mayoría de las ulceras por presión pueden prevenirse. De ahí, la importancia de realizar una adecuada valoración del riesgo mediante la escala Braden Q en población de 1 mes a 14 años y la NSRAS en población neonatal junto con la realización de unos cuidados específicos en la piel, el control de la humedad y el manejo de la presión mediante los cambios posturales, las superficies especiales de manejo de la presión y la protección local teniendo en cuenta los cuidados generales de aquellos procesos que pueden interferir en el desarrollo de la UPP.
Una vez desarrollado la lesión, se pueden distinguir cuatro estadios evolutivos precisando para su cura de un ambiente en la herida que mejore la viabilidad de los tejidos y favorezca la curación de la lesión mediante el método TIME (control de tejido no viable, control de la inflamación e infección, control del exudado [moisture] y estimulación de los bordes epiteliales [edges])
Conclusiones. Las ulceras por presión constituyen un problema relevante ligado a la seguridad clínica del paciente y relacionado con la calidad indirecta de atención en salud. La valoración de los factores de riesgo junto con el uso de escalas de valoración como la NSRAS en menores de 1 año y la Braden Q en población de a 1 mes a 14 años son herramientas coste-efectivas en la prevención de estas lesiones. Enfermería juega un papel primordial en la prevención, diagnóstico y tratamiento de estas lesiones, de ahí la importancia de adquirir conocimientos específicos.
Introducción
La piel de los pacientes pediátricos presenta una serie de características que las hacen más susceptibles de desarrollar lesiones por presión debido a un menor espesor del estrato córneo, una disminución de la cohesión dermis-epidermis y la presencia de poca cantidad de tejido subcutáneo.
Se estima una incidencia en la población pediátrica hospitalizada de entre el 3 y el 27%, siendo más frecuente en las unidades de críticos con un 23% en las unidades de cuidados intensivos pediátricos y un 28,18% en unidades de cuidados intensivos neonatales suponiendo la tercera causa responsable del incremento del gasto sanitario, después de la sepsis y la neumonía.
Tradicionalmente, las úlceras por presión (UPP) eran infrecuentes en neonatos. Sin embargo, con la introducción de nuevas técnicas (VAFO, ECMO, VMNI…) se han incrementado las tasas de prevalencia e incidencia de las UPP por las limitaciones de las opciones posturales.
Una úlcera por presión (UPP) se define como cualquier lesión de la piel y de los tejidos subyacentes originada por un proceso isquémico producido bien por presión, fricción, cizallamiento o una combinación de los mismos.
La principal causa de la formación de una úlcera por presión es la presión ejercida y mantenida entre dos planos duros y la tolerancia de los tejidos a ésta. Por un lado, se encuentra un plano duro esquelético y las prominencias óseas fisiológicas o deformantes del paciente, y, por otro lado, un plano duro generalmente constituido por materiales externos al paciente.
Al producirse un aumento de la presión por encima de 16 mmHg, se produce un colapso de la red capilar. La isquemia local aumenta la permeabilidad capilar con la consiguiente vasodilatación, extravasación de líquidos e infiltración celular, produciéndose un proceso inflamatorio que origina una hiperemia reactiva, manifiesta por un eritema cutáneo. Esta alteración tisular es reversible si al retirar la presión desaparece en 30 minutos, restableciéndose la perfusión de los tejidos. Si no desaparece la presión se produce isquemia local, trombosis venosa y alteraciones degenerativas que desembocan en necrosis y ulceración.
Se describen una serie de factores asociados al desarrollo de estas lesiones, diferenciándose tres grandes grupos:
Factores extrínsecos
Aquellos que inciden sobre el niño
- Presión. Fuerza que actúa perpendicular a la piel como consecuencia de la gravedad, provocando aplastamiento tisular entre dos planos; por un lado, el plano óseo y, por otro lado, el plano externo. La formación de la UPP dependerá tanto de la presión como del tiempo que ésta se mantiene
- Fricción. Fuerza tangencial que actúa paralelamente a la piel, produciendo roces por movimientos o arrastres
- Cizallamiento o fuerza externa de pinzamiento vascular. Combinación de las dos fuerzas previas. Así pues, se trata de las fuerzas paralelas que se producen cuando dos superficies adyacentes se deslizan una sobre otra. Sucede, por ejemplo, al colocar al paciente en posición de Fowler donde se produce deslizamiento del cuerpo que provoca fricción en sacro y presión sobre la misma zona.
Factores intrínsecos
Aquellos factores del niño que pueden tener un efecto perjudicial sobre su piel
- Edad. Los menores de 36 meses tienen mayor riesgo de desarrollar úlceras por presión (UPP). Al ser el tamaño de la cabeza más grande en relación con la superficie corporal, es más probable el desarrollo de UPP en esa zona, generalmente en la zona occipital.
- Prematuridad y bajo peso al nacimiento. Son especialmente susceptibles a los efectos de la presión y el cizallamiento, los recién nacidos pretérmino y los de bajo peso debido a la piel fina y seca, a la disminución de la cohesión epidermis-dermis, al mínimo tejido subcutáneo y a la inmadurez de los sistemas orgánicos.
- Incontinencia (dependiendo de la edad). La contaminación con orina y heces cambiará el pH causando alteración de la integridad de la piel, que en condiciones normales se encontrará en torno a 5,5.
Factores predisponentes
- Presión mantenida en el tiempo
- Disminución de la sensibilidad, movilidad y/o actividad
- Lesiones neurológicas, lesiones medulares y daño cerebral traumático
- Dispositivos terapéuticos (sondas nasogástricas, escayolas, tracciones, pulsioximetria, fijación de vías periféricas…). Los dispositivos causantes con mayor medida son el sensor de pulsioximetría, la interfaz de la ventilación mecánica no invasiva, férulas o tracciones y catéteres vasculares.
- Inestabilidad hemodinámica
- Hipoxia, hipotermia o hipotensión (PAm ≤ 50 mmHg)
- Medicación: sedantes, anestésicos, relajantes musculares o drogas vasoactivas
- Disminución del nivel de conciencia
- Déficits nutricionales
- Dolor
Es un problema de salud que afecta sin distinción social a todos los niveles asistenciales, especialmente en Cuidados Intensivos, no afectando únicamente a la población adulta.
Objetivos
Objetivos generales
- Describir el manejo de las ulceras por presión en la población pediátrica Objetivos específicos
- Especificar la clasificación y categorías de las ulceras por presión
- Enumerar las posibles medidas preventivas para evitar el desarrollo de ulceras por presión
- Citar las escalas validadas para valorar el riesgo de ulceras por presión en población pediátrica
- Analizar las medidas de tratamiento tras el desarrollo de una úlcera por presión
Metodología
Para la realización de este artículo, se realizó una búsqueda bibliográfica de artículos científicos en diferentes bases de datos nacionales e internaciones como Cuiden, Scielo, PubMed y Google Académico. Los criterios de inclusión utilizados fueron artículos publicados a partir del año 2006 en castellano e inglés utilizando en diferentes combinaciones con los operadores booleano “and” y “or” las siguientes palabras clave: “ulceras por presión”, “pediatría” “escalas, “Enfermería”, “pressure ulcer”, “scales”, “pediatric” y “nursing”.
Resultados
El GNEAUPP (Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento de UPP) propone una clasificación en 4 categorías.
- Categoría I. Piel integra con eritema cutáneo que no palidece al presionar. En pieles oscuras presenta tonos rojos, azules o morados. En comparación con un área del cuerpo no sometida a presión presenta cambios con respecto a la temperatura de la piel (caliente o fría), la consistencia del tejido (edema, induración) y las sensaciones (dolor, escozor)
En pacientes pediátricos, la mayor parte de las úlceras por presión (UPP) que se producen son de categoría I - Categoría II. Pérdida parcial del grosor que afecta a epidermis, dermis o ambas con ulcera superficial con aspecto de abrasión, ampolla o cráter superficial. Presentan lecho de la herida rojo-rosado y ausencia de esfacelos.
- Categoría III. Pérdida total del grosor de la piel que implica lesión o necrosis del tejido subcutáneo, pero sin afectación de la fascia. Hay presencia de esfacelos y/o escara (tejido necrótico húmedo o seco)
- Categoría IV. Pérdida total del grosor de la piel con destrucción extensa, necrosis del tejido o lesión en músculo, hueso o estructuras de sostén. En estadio III y IV pueden presentar lesiones con cavernas, tunelizaciones o trayectos sinuosos.
En todos los casos, deberá retirarse el tejido necrótico existente, antes de determinar la categoría de la ulcera. Además, no se recomienda utilizar la reversión del estadiaje o categoría para monitorizar la evolución de una úlcera por presión (UPP).
Medidas preventivas
Hay que tener en cuenta que la mayoría de las ulceras por presión pueden prevenirse. Se ha observado que estas lesiones se desarrollan en los primeros días tras el ingreso, por lo que es conveniente la instauración de medidas preventivas tan pronto como sea posible. En niños con determinadas circunstancias como alteraciones neurológicas por lesiones medulares, aquellos sometidos a cirugía de larga duración, niños completamente sedados y relajados, sometidos a técnicas especiales (circulación extracorpórea, hipotermia…) o con administración de vasopresores se debe realizar los cuidados de prevención desde el momento del ingreso.
- Valoración del riesgo
Para la valoración del riesgo hay que considerar a todos los pacientes como riesgos potenciales y elegir y utilizar una escala de valoración de riesgo que se adapte a las necesidades de los pacientes pediátricos.
La valoración del riesgo se realiza en el momento del ingreso, siempre que se produzca cualquier cambio relevante en la situación del niño o periódicamente según el riesgo que se presente el niño. En niños con alto riesgo o paciente de UCIN y UCIP se realiza valoración diaria, en pacientes con riesgo moderado cada dos días y en pacientes de bajo riesgo, semanalmente.
La mejor opción para la valoración del riesgo de desarrollo de ulceras por presión en pacientes pediátricos de 1 mes a 14 años es la escala Braden Q que consta de 7 apartados (movilidad, actividad, percepción sensorial, humedad, fricción-deslizamiento, nutrición y perfusión tisular- oxigenación). Cada uno de los ítems se valora de 1 al 4. Se trata de una escala negativa considerándose paciente del alto riesgo aquellos niños que presenten una puntuación ≤ 16 puntos; riesgo moderado entre 17-22 puntos y riesgo bajo ≥ 23 puntos (Anexo 1)
Por otro lado, en población neonatal, niños menores de un mes, es preferible la utilización de la escala NSRAS (Neonatal Skin Risk Assessment Scale). Este instrumento consta de 6 apartados
(condición física general, estado mental, movilidad, actividad, nutrición y humedad) valorados cada uno de 1 al 4. La condición física general se basa en la edad gestacional, la movilidad en los movimientos anticipados y la actividad se relaciona con donde descansa el niño (cuna radiante, incubadora…) Se trata de una escala negativa con un punto de corte en 13 puntos; así pues, un niño con > 17 puntos, se considera de bajo riesgo, entre 13-17 puntos, moderado y si presenta < 13 puntos, presenta un alto riesgo de desarrollar una lesión por presión (Anexo 2)
- Cuidados específicos
- Piel. Se debe examinar el estado de la piel al menos una vez al día y mantener en todo momento la piel limpia y seca. Se recomienda la utilización de jabones o sustancias limpiadoras con potencial irritativo bajo en el niño mayor o con agua tibia en neonatos, con un aclarado y secado meticuloso sin fricción; no emplear ningún tipo de alcohol evitando el uso de colonias; la aplicación de cremas hidratantes procurando su completa absorción; el uso de ácidos grasos hiperoxigenados en las zonas de riesgo de desarrollo de úlceras por presión (UPP), especialmente en las zona occipital en niños menores de 3 años; no masajear directamente sobre prominencias óseas y prestar especial atención a las zonas donde previamente existieron lesiones con presión por riesgo de recurrencia. Cuando se utilizan cintas adhesivas se debe proteger la piel con barreras de pectina o productos adhesivos hidrocoloides como barrera.
- Humedad. Valorar la existencia de procesos que puedan originar un exceso de humedad ya sea incontinencia, sudoración profusa, drenajes y exudado de heridas cambiando con frecuencia el pañal del niño y utilizando si es necesario productos barrera que no contengan alcohol.
- Manejo de la presión. Se deben considerar cuatro elementos: movilización, cambios posturales si no es posible de todo el cuerpo, al menos de la cabeza, manejo de superficies especiales para el manejo de presión mediante superficies estáticas o dinámicas y el uso de protección local ante la presión.
Cambios posturales. Durante la realización de los cambios posturales se debe evitar en la medida de lo posible que el niño apoye directamente sobre sus lesiones, el contacto directo de las prominencias óseas y el arrastre. Además, es importante mantener el alineamiento corporal, la distribución del peso y el equilibrio del niño. Si es necesario elevar el cabecero de la cama, es recomendable hacerlo lo mínimo posible con un ángulo máximo de 30º y durante el mínimo tiempo posible. En niños con alto riesgo, se deben realizar los cambios posturales cada dos horas; mientras que, en el resto de pacientes se debe realizar cada 4-6 horas. Si por la situación clínica del paciente no permite cambios posturales frecuentes, se debe reposicionar la cabeza cada dos horas para disminuir el riesgo de alopecia. En neonatos con edad gestacional < 32 semanas, se desaconsejan los cambios posturales cada dos horas porque ocasionan agitación, apneas, bradicardias…
Superficies especiales para el manejo de la presión. Se debe tener en cuenta que no sustituyen al resto de cuidados. Existen dispositivos estáticos en forma de gel, espuma de poliuretano especiales, de agua o de aire; y, dinámicos en los cuales el punto de presión varía a lo largo del tiempo, no debiendo emplearse en ningún caso en pacientes de trauma donde se sospeche lesión medular.
Protección local ante la presión. Se debe cumplir los siguientes requisitos: permitir la inspección de la piel al menos una vez al día de manera fácil y rápida, ser compatible con otras medidas de cuidado local y no lesionar la piel ni en la colocación ni en la retirada. Entre las recomendaciones se destaca el uso de apósitos de espuma de poliuretano no adhesivos para la protección de la zona
occipital en niños con un peso inferior a 10 Kg; y, por otro lado, en niños mayores de 10 Kg, existen dispositivos de silicona en gel para proteger la zona occipital y la protección mediante diversos apósitos o dispositivos especiales para los talones en escolares y adolescentes. No está recomendado el uso de sistemas tipo corona ya que reducen el aporte sanguíneo a la zona.
Además, hay que vigilar cualquier situación en la que los dispositivos terapéuticos como sondas, tiras de mascarilla, gafas nasales, máscaras de presión positiva, sistemas de tracción, escayolas… pueden provocar problemas relacionados con la presión y rozamiento sobre una zona de prominencia o piel y mucosas.
- Cuidados generales. Tratamiento de aquellos procesos que puedan incidir en el desarrollo de úlceras por presión (UPP) como alteraciones respiratorias, circulatorias, nutricionales…
Medidas de tratamiento
Una vez desarrollada la úlcera por presión (UPP), el objetivo ha de ser proporcionar un ambiente en la herida que mejore la viabilidad de los tejidos y favorezca la curación de la lesión.
Valoración. Incluye, por un lado, una valoración inicial que engloba historia y examen físico completo del niño, estado nutricional y valoración psicosocial; y, por otro lado, una valoración de la lesión. Dentro de esta valoración se determinan las siguientes características: antigüedad de la lesión, localización, estadio evolutivo, tamaño (vertical x horizontal), tipo de tejido de lecho de la lesión, estado de la piel periulceral, existencia de tunelizaciones o excavaciones, cantidad de exudado y sus características y existencia o no de signos de infección (mal olor, bordes inflamados, fiebre y exudado purulento)
Alivio de la presión sobre los tejidos. La cicatrización se ve dificultada si la UPP está sometida a presión, por lo que se debe evitar que la úlcera apoye sobre el colchón o cualquier otra superficie mediante la realización de cambios posturales y el uso de dispositivos especiales dinámicos para el manejo de la presión.
Cuidados de la úlcera. Mediante el método TIME. No es conveniente su uso en neonatos a término antes de las 48 horas de vida y en prematuros hasta que no hayan madurado la piel, aproximadamente entre 3 y 8 semanas de vida
–T. Control de tejido no viable. Su presencia aumenta el riesgo de infección y retrasa la cicatrización. El objetivo es la limpieza y eliminación de tejido necrótico y tejido desvitalizado. Se pueden emplear diferentes tipos de desbridamiento:
- Cortante o quirúrgico. A pesar de ser el método más rápido de eliminar áreas de escaras secas adheridas, se recomienda en el último lugar al tratarse de un procedimiento cruento. No se debe realizar este desbridamiento en UPP de talones ni de la zona occipital sin signos de infección local, ya que la escara actúa como barrera natural ante posible osteomielitis del calcáneo y del cráneo, respectivamente
- Autolítico. Es la técnica más atraumática y la primera en elección. Se caracteriza por el uso de hidrogel que aporta humedad.
- Enzimática. Mediante el uso de colagenasa. Cuando se realiza este desbridamiento se debe proteger la piel periulceral y aumentar el nivel de humedad en la herida para potenciar su acción mediante el uso de hidrogel. No se debe asociar con otros preparados enzimáticos como alcohol, yodo, jabones o plata. Es el desbridamiento de elección si hay presencia de esfacelos
Si la UPP se encuentra en articulaciones, cara o genitales su tratamiento debe ser abordado por un cirujano plástico.
–I. Control de la inflamación e infección. El objetivo es eliminar o reducir la carga bacteriana que impide que la herida evolucione favorablemente. Los síntomas clásicos de infección son: calor, enrojecimiento (rubor), tumefacción o edema, dolor, olor o exudado purulento.
Para la limpieza se recomienda suero fisiológico o agua destilada en neonatos, sin fricción con gasas ya que se producen pequeños traumatismos en el lecho que incrementa el riesgo de infección. La presión de lavado más eficaz es la proporcionada por la gravedad o por una jeringa con una aguja de 22G que proyecte el suero fisiológico sobre la herida.
No se debe emplear antisépticos ya que son citotóxicos para el nuevo tejido y si se emplean deben aclararse una vez se haya realizado la desinfección. Además, estos productos presentan un riesgo elevado de absorción sistémica
Aunque no deben recomendarse de forma rutinaria ni el población pediátrica ni neonatal, puede ser útil el uso de apósitos de plata en diferentes presentaciones (malla, espuma…) teniendo en cuenta que no se debe mezclar ni con colagenasa ni con antisépticos y debiéndose realizar una analítica de plata en sangre a las dos semanas de iniciado el tratamiento
Es preferible evitar la aplicación de antibióticos tópicos para evitar resistencias, así como, la sulfadiazina argéntica en neonatos por la aparición de efectos adversos como agranulocitosis, kernicterus o argiria.
–M (moisture). Control del exudado/humedad. Es imprescindible el control de la humedad teniendo en cuenta cantidad, olor y consistencia y valorando que un exceso de humedad aumenta el riesgo de maceración; mientras que, por el contrario, un defecto de humedad produce un lecho seco relacionado con un retraso en la cicatrización.
El manejo del exudado se puede realizar con diferentes materiales. Existen espumas de poliuretano adhesivas o no adhesivas, alginatos de preferencia en heridas muy exudativas, cavitadas o infectadas que se caracterizan además por presentar propiedad hemostásica, apósitos hidrocoloides, fibras gelificantes y carbón activado utilizado si es preciso controlar el mal olor de la úlcera por presión (UPP). Si la piel es frágil se recomienza los apósitos de silicona o con bordes siliconados.
– E (edges). Estimulación de los bordes epiteliales. Para la cicatrización, el borde debe encontrarse en condiciones óptimas, limpio y seco. Se utilizan o bien cremas barreras para la protección de la piel perilesional frente al exudado, dermatitis y maceraciones por humedad; o bien, películas barreras o colágeno en polvo. Este último producto está indicado para favorecer la granulación y/o epitelización de las heridas.
Durante la realización de la cura se debe monitorizar el dolor antes, durante y después existiendo escalas que pueden ser útiles para elegir el mejor método analgésico pudiendo ser farmacológico o no. Existen numerosas escalas para la valoración del dolor en la población pediátrica, algunas de ellas son la escala LLANTO para niños o la escala Susan Givens para neonatos.
Conclusiones
Las ulceras por presión son lesiones de rápida evolución, pero de lenta y compleja curación. Constituyen un problema relevante ligado a la seguridad clínica del paciente y relacionado con la calidad indirecta de atención en salud. Su aparición representa una grave lesión iatrogénica a nivel hospitalario, estimándose que el 50% % de las ulceras por presión en la población pediátrica pueden prevenirse. Además, supone graves consecuencias tanto para pacientes y familiares, así como profesionales sanitarios y sistemas de salud.
La valoración de los factores de riesgo junto con el uso de escalas de valoración como la NSRAS en menores de 1 año y la Braden Q en población de a 1 mes a 14 años son herramientas coste-efectivas en la prevención de estas lesiones.
Enfermería juega un papel primordial en la prevención, diagnóstico y tratamiento de estas lesiones, de ahí la importancia de adquirir conocimientos específicos.
Con respecto a las medidas preventivas es importante el cuidado de la piel, el control de la humedad y el manejo de la presión mediante cambios posturales según el riesgo de desarrollo de UPP, dispositivos especiales de manejo de presión ya sean dinámicos o estáticos y manejo local de la presión; sin olvidar aquellos procesos por los cual el paciente está hospitalizado o encamado y que pueden influir en el desarrollo de la lesión.
Una vez desarrollada la úlcera por presión (UPP), el objetivo ha de ser proporcionar un ambiente en la herida que mejore la viabilidad de los tejidos y favorezca la curación de la lesión mediante el esquema TIME. Se debe controlar el tejido no viable cuyo objetivo es la limpieza y eliminación del tejido necrótico y desvitalizado; controlar la inflamación e infección para eliminar o reducir la carga bacteriana que impide que la herida evolucione favorablemente, controlar la humedad y el exudado y estimular los bordes epiteliales.
Anexos – Actuación de Enfermería ante úlceras por presión en población pediátrica.pdf
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